jueves, 24 de agosto de 2017 01:05




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​Perversidades en el gobierno de lo público

José Molina Molina
José Molina Molina

Doctor en Economía y Sociólogo

Miembro de Economistas Frente a la Crisis y de Transparencia Internacional

Presidente del Consejo de la Transparencia de la Región de Murcia 



Corrupcion


Vivimos en una era no solo de crisis económica, política y sistémica, sino de conceptos y valores, y esa depreciación nos ha llevado según Donskis, a una devaluación de valores y conceptos. Por ejemplo, los juramentos se rompen ante nuestros propios ojos. Antes, quien rompía un juramento, promesa o acuerdo perdía el derecho a participar en un foro público y a ser portavoz de la verdad y los valores. Se le despojaba de todo a excepción de su vida privada y personal, y ya no podía hablar en nombre de su grupo, su pueblo o su sociedad. Si te retractabas de la palabra dada, se llegaba a privar del más ínfimo grado de confianza. Hoy, el incumplimiento de los conceptos y los valores se enmascara cuando es un insulto a la ciudadanía.


La ética pública constituye un importante contrapeso no sólo para superar esta devaluación, sino para cambiar las distintas actitudes antiéticas e inyectar un conjunto de principios y valores y así revitalizar, por un lado, a las instituciones públicas, y, por otro a los gestores de lo público, que sirven al Estado democrático cumpliendo con el compromiso adquirido. La ética no pretende ser la panacea a los problemas que surgen en gestión de lo público, ni la varita mágica para acabar con la corrupción, sino un instrumento más de la "caja de herramientas" para combatirla. Es el ingrediente adicional, pero esencial, para hacer más sólido el dique que contenga "el mar de corrupción".


La ética en los asuntos públicos no constituye una propuesta unilateral, sino que está inmersa, por un lado, en el debate de las corrientes del pensamiento y, por otro, en el desarrollo de las líneas de investigación de la política y la administración pública, para que la ciudadanía y especialmente los jóvenes se entusiasmen con los principios y valores para hacer resaltar la convivencia. Ahora que celebramos el 60 aniversario del Tratado de Roma, sería bueno recuperar esos valores e incluirlos en el debate de la sociedad que deseamos. Un debate abierto, sin miedos y que se convierta en un compromiso social que llegue hasta los programas educativos de todos los niveles. Esa es la narrativa que deseamos, comprensible de un objetivo común de una sociedad transparente. Hay que educar más en la convivencia y la participación para conseguir puntos de encuentro.


¿Y cómo es posible gobernar tan mal y con tantas deficiencias, si cada vez existen mejores técnicas, instrumentos científicos, metodologías y personal cualificado, capaces de hacer más operativa la administración, y sin embargo los problemas aumentan día a día? Sencillamente, por una carencia de recursos éticos, por la ausencia de principios, valores y actitudes en los miembros que integran los gobiernos y administraciones públicas, dando pie a situaciones que permiten actitudes antiéticas como la corrupción, el abuso de autoridad, la negligencia, la prevaricación, el clientelismo, pero sin embargo, es la corrupción la que se convierte en el referente empírico por excelencia al ser causante de la pérdida y desviación de recursos públicos y en consecuencia del incumplimiento de los muchos objetivos presupuestarios.


Quiénes se corrompen generan un perjuicio a la sociedad. La corrupción en el interior de las administraciones públicas es un derroche de recursos, ineficacia en el cumplimiento de las metas, así como ineficiencia en la prestación de servicios. Es un camino abierto al despilfarro, que ya hay quien ha pedido su tipificación como delito. En general, la percepción de la existencia de la corrupción y que los corruptos se protegen entre sí, como hacen las organizaciones de tipo criminal, es una opinión mayoritaria en la ciudadanía.


Una lectura de los clásicos como Aristóteles, Plutarco, Séneca, Confucio, es recomendable para recuperar conceptos, y también lo será el revisar a autores como Kung, Aranguren, Etzioni, Amartya Sen, Habermas, Rawls, Cortina, Camps, Jiménez, Villoria, e Innerarity, entre otros.


Y no podemos olvidar que estos valores éticos son esenciales en la formación. Derribamos irresponsablemente la formación para la ciudadanía, y ahora vemos los resultados. Y sería necesario revisar ciertos textos de la ESO en donde se mezclan conceptos como crear un superhéroe para alcanzar extraños liderazgos. Ahora cuando lo vemos reproducido en la realidad de nuestra esfera política, es cuando podemos comprobar el monstruo que estamos alimentando. Hemos olvidado educar en la convivencia y en la participación para conseguir que esa fuerza de lo común sea un punto de encuentro.


La sociedad civil demanda confianza y lealtad, que fortalezca los valores esenciales, y no deberíamos convertir nuestra convivencia en rivalidad, ni agresividad. La política está construyendo una sociedad enfrentada, con lo peligroso que es llevar esta confrontación a todos los espacios, que se fomentan por los que construyen "los argumentarios políticos" que confunden a la ciudadanía con sus mensajes y lo convierten todo en "bandas rivales de hooligans", sin pararse a pensar que en ese juego perdemos todos.


Cuando derribamos los principios y los adaptamos a nuestro particular deseo, estamos confundiendo que darnos la mano, es lo mismo que ir esposado. Y mientras no aprendamos a diferenciar, es que no hemos entendido, que "el hombre no debe ser un lobo para el hombre". Bauman, con dicha cita, nos recuerda que mientras persistan estas conductas perversas, constituyen no solo un insulto para la humanidad, sino hasta para los mismos lobos.


En política hay muchos disfrazados de lobos que nos quieren hacer creer que quien enseña más los dientes nos defiende mejor de los que nos quieren hacer cambiar de dirección. ¡Qué inmenso error! Manipular la opinión pública en exceso, puede ser la destrucción, hasta de ellos mismos. Impulsemos, cómo nos aconseja Pierre Uri, un nuevo proyecto, convencidos que nuestra causa más digna es nuestro mundo y nuestro tiempo, para integrarnos en una sociedad con más dignidad.

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