Las izquierdas y la democracia en Galicia

Manoel Barbeitos
Economista

SansimonillaIsla de San Simón.


Las evidencias de que la democracia en Galicia, como en España, aun es deficitaria son continuas y contundentes. Evidencias que explican este déficit por el larguísimo dominio político de una derecha conservadora (PP) que aún mantiene muchos de los principios políticos e ideológicos franquistas. Principios a los que se niega a renunciar y que reivindica con demasiada frecuencia.


Evidencias que, por otra parte, también demuestran como no habrá auténtica democracia en Galicia hasta que se produzca un largo período de gobierno de las izquierdas.


Dos de esas evidencias venimos de tenerlas en estos días y están relacionadas con lugares de tradición franquista y triste memoria para los demócratas gallegos y para la mayoría del pueblo gallego. Me estoy refiriendo al Pazo de Meirás y la Isla San Simón, dos iconos de una de las dictaduras más crueles y sanguinarias del siglo XX por lo que tendrían que ser recuperadas para la democracia y la memoria histórica de este país. Una recuperación que había supuesto la defensa de un "nunca máis".


Como seguramente demasiados gallegos no saben, el Pazo de Meirás fue arrebatado a los legítimos propietarios por los sicarios del franquismo. Digo arrebatado ya que, contra lo que declaran los apologistas del franquismo, y muchos neofranquistas, la entrega del Pazo de Meirás al dictador y su familia no fue una donación voluntaria sino "manu militari". Y en contra de la voluntad de los/las herederos/la de la antigua propietaria Emilia Pardo Bazán. Fue, por tanto, una expropiación forzosa que convirtió el Pazo de Meirás en propiedad del dictador y su familia que lo usaron durante muchos años como lugar de veraneo. El Pazo de Meirás pasó a convertirse así en un icono del franquismo. Un icono que ahora, bajo la gestión de una llamada fundación Francisco Franco no sólo quieren conservar sino promocionar. Algo que, desde cualquier perspectiva democrática, resulta inadmisible.


Creo que ningún demócrata gallego reclama que con el Pazo de Meirás se haga lo mismo que con la residencia de Berghof, cubicada en los Alpes de Baviera, lugar de residencia temporal de Hitler que fue destruida por las fuerzas aliadas. Pero sí se puede hacer algo parecido a lo que se hizo con el llamado "nido de águila", A Kehlsteinhans, otro lugar de residencia de A. Hitler, también cubicado en los Alpes bávaros, hoy convertido en un hotel privado pero en cuyas cercanías hay un centro de documentación -Dokumentation Obersalzberg- en el que se informa a los visitantes, con una profusa y muy bien artillada combinación de audios, vídeos, fotografías y documentos, sobre los horrores del nazismo y que sirven para mostrar a los visitantes que "nunca máis" deben repetirse esos horrores.


Delante de este tan dispar comportamiento, de las autoridades gallegas y españolas con relación a las autoridades alemanas, cabe preguntarse cuáles son las razones que impiden que el Pazo de Meirás deje de ser un culto al franquismo y un lugar de disfrute de la familia de tan sanguinario dictador para pasar a ser algo parecido lo que hay en el citado "nido de águila". Las razones son políticas: que el partido que gobierna en España y en Galicia (PP) no lo quiere porque sería despertar muchos de sus viejos fantasmas y cuestionar mucha de su ideología. También hay que ser justos y señalar que una parte de la izquierda (PSOE) mantuvo muchas veces una posición algo timorata, muy legalista, con este tema. Una posición que hoy parece querer cambiar, de lo cual me alegro personalmente.


La pervivencia del Pazo de Meirás tal cual supone una gravísima afrenta a todos los gallegos demócratas, al pueblo gallego en general, por lo que las izquierdas gallegas harían bien en juntar sus fuerzas para crear un grand movimiento cívico que sea quien de reivindicar que se devuelva el Pazo de Meirás a los ciudadanos gallegos al tiempo que se cree en el propio edificio un museo que muestre los horrores del franquismo para que "nunca máis" se vuelvan a repetir sucesos tan terribles. En una Galicia auténticamente democrática no tienen cabida edificios como el Pazo de Meirás en su actual configuración: un edificio privado que sirve de exaltación de la criminal dictadura franquista.


Otras de las evidencias anteriormente apuntadas acerca de las insuficiencias de la democracia en Galicia la tenemos con la Isla San Simón ubicada en el ayuntamiento de Redondela, parroquia de Cesantes. Parece oportuno y necesario recordar que esta isla fue un "campo de concentración y de exterminio" de la dictadura franquista donde, según muchos historiadores rigurosos, sucedieron episodios de autentico horror. Un lugar donde los presos franquistas, demócratas que defendían la legalidad republicana, estuvieron sometidos a condiciones infrahumanas y donde tenían lugar, con frecuencia, fusilamientos masivos, cuando no crueles actos de tortura y, incluso, de ahogamiento -presos que eran tirados al mar con piedras colgadas al cuello-. Un lugar, por tanto, que forma parte de la historia más negra de la muy negra y sanguinaria dictadura franquista.


Afortunadamente, y a diferencia del Pazo de Meirás, este lugar fue recuperado y tuvo un destinado muy diferente. A pesar de que su destino actual no se corresponde con el que había debido ser la memoria viva de un antiguo campo de concentración que recuerde que "nunca más" deben volver a producirse los hechos que ahí tuvieron lugar. Un destino que debe ser para recordar la memoria y no para promocionar el olvido. Resulta hasta cierto punto indignante que ahora se quiera convertir en una especie de "parque temático" y/o de centro de ocio habida cuenta, muy especialmente, lo que simboliza: campo de concentración de la dictadura franquista.


¿Por caso a alguien en Alemania se le ocurre convertir los campos de Arbeitsdorf y Bachau en parques temáticos?, ¿o en Holanda con el campo de Amersfoort?, ¿en Polonia con Auschwitz-Birkenau, Belzec y Trebinka?, etc. Lugares que hoy en día tienen un alto valor simbólico, en los que se recuerda a las víctimas del genocidio así como los horrores de la dictadura nazi teniendo así un componente claramente histórico y didáctico: recordar lo que realmente pasó y convencer de que es necesario que nunca más vuelva a pasar. Algo que en ninguna parte sucede, y que me perdonen los habitantes de Cesantes y del ayuntamiento de Redondela, con el destino y el uso actual de la Isla de San Simón. Un lugar que por el cruel destino que tuvo tanto durante la mal llamada guerra civil como en los años posteriores tiene bien ganado el calificativo de campo de concentración. Y como tal debe ser recordado al igual que sucede con los campos de concentración del régimen nazi.


Los citados no son mas que dos casos simbólicos, aunque muy relevantes, de cómo la democracia en Galicia, en España, aun no está consolidada. De cómo hay fuerzas políticas -muy especialmente el Partido Popular (PP)-, sociales y mediáticas que se oponen ya no solo a que recuperemos la memoria histórica para recordar lo que realmente sucedió en Galicia durante la mal llamada guerra civil -fue una insurrección militar de carácter fascista-, sino también a hacer justicia con las víctimas de tan cruel y larga dictadura para así lograr un repudio social y político mayoritario del mismo.


He ahí una de las responsabilidades de la izquierda: luchar políticamente por que se recupere la memoria histórica, se haga justicia y se consiga que el pueblo gallego diga con claridad "nunca máis" dictaduras. Algo para lo cual es preciso, como venimos reclamando repetidamente desde esta y otras páginas, que aquella se una en torno a esta batalla política. Porque sólo con la fuerza de la izquierda, apoyada en un amplio movimiento cívico, seremos quien de conseguir estos objetivos democráticos. Objetivos que darán color y lustre a la auténtica cara democrática de Galicia.


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