Cuando los árboles no dejan ver el bosque


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Manoel Barbeitos
Economista

Acuerdomano


No cabe ninguna duda de que los dirigentes tanto del Partido Popular (PP) como de la antigua Convergencia y Unió (ahora PDeCAT) son políticos listos, que no es lo mismo que inteligentes y/o honestos. Tanto antes, con el criminal atentado terrorista que tuvo en lugar en Barcelona, como ahora, con la reyerta por el referéndum en Catalunya, estos políticos profesionales están dando muestras de una indiscutible habilidad política -que no inteligencia- para conseguir desviar la atención política y mediática sobre los problemas reales de los ciudadanos -problemas provocados por sus políticas- para centrarlos en temas que, sin menospreciar su relevancia, no están entre las mayores preocupaciones de los ciudadanos y muy especialmente de las clases trabajadoras.


Así, y contando con el apoyo de sus altavoces -que son mayoría- la corrupción, el desempleo, la desigualdad, la pobreza, etc. que, como muestran todas las encuestas, son las principales preocupaciones de la mayoría de la población tanto en Catalunya, como en Galicia como en el conjunto de España pasan a un segundo, o tercer plano del debate político y de la información mediática para ser sustituidos por las batallas partidarias -pues de eso se trata- en torno a referéndums, derechos a decidir, independencias que, repito, ocupan entre las preocupaciones de las clases populares un lugar secundario. Y ahí están las encuestas para confirmarlo.


Resulta curioso observar cómo dos partidos, con una idéntica raíz conservadora, que tienen grandes coincidencias tanto en la práctica política cómo en la ideología neoliberal son capaces de, utilizando todo su poder político e institucional y con el apoyo de la mayoría de los medios de comunicación y opinión, situar en el primer plano de batalla política su diferente visión del estado español: centralista (PP) frente a soberanista (PDeCAT) haciendo que toda la acción política se condicione a esta reyerta como si, por caso, fuese el asunto mas urgente y grave de Catalunya y de España.


Ambos partidos (PP y PDeCAT) que lideran esta batalla están entre los partidos mas corruptos de Europa. Ambos partidos coinciden a la hora de practicar la corrupción a gran escala que no solo está sentando en el banquillo de los acusados a muchos de sus más representativos y conspicuos dirigentes -Rajoy, Pujol, Rato, Saavedra...- sino que enturbia la política y debilita la democracia -una democracia ya de por sí débil y deficitaria- al tiempo que impide una auténtica y firme recuperación económica. Una corrupción sistémica que, como señalaba, deja en evidencia el déficit democrático español, puesto que si tuviésemos una auténtica y consolidada democracia no cabe ninguna duda de que ambos partidos habrían sido disueltos por las autoridades judiciales y repudiados por las ciudadanías de todo el estado español, al tiempo que sus dirigentes estarían en la cárcel. Algo que no sucede.


Ambos partidos (PP, PDeCAT) coinciden también a la hora de poner en práctica políticas neoliberales en lo económico, conservadoras en lo social y antidemocráticas en lo político. Así aplicaron y aplican con inusitada dureza políticas de ajuste fiscal -con fortísimos recortes en el gasto público y muy especialmente en el gasto público social-, de rebaja salarial -para lo cual provocaron un enorme debilitamento del movimiento sindical y, por tanto, de la resistencia de los trabajadores- y de precariedad laboral -pusieron en marcha reformas laborales de carácter fuertemente conservador-. Políticas que llevaron a que en Catalunya y en España, como sucede en Galicia, se disparasen las desigualdades sociales y territoriales -como nunca había sucedido- consiguiéndose niveles de exclusión y pobreza sin precedentes al tiempo que se producía un enorme deterioro de los servicios públicos y de bienestar -atención sanitaria, enseñanza, pensiones públicas, atenciones a los mayores y la infancia, etc-.


Las coincidencias también están en el campo político. Ambos partidos coinciden tanto en sus prácticas autoritarias -como por caso en la defensa de la Ley Mordaza y otras- como en su férreo control político e ideológico de los medios de comunicación públicos -radios y televisiones públicas-. Prácticas con las que intentan, entre otras, tapar tanto la corrupción sistémica que los consume como las consecuencias de sus políticas.


Corrupción política, neoliberalismo económico, control informativo... que provocan un creciente rechazo ciudadano y, por tanto, de pérdida de apoyo. Realmente las razones de que sigan gobernando hay que buscarlas entre la incapacidad de las respectivas izquierdas para ponerse de acuerdo tanto a la hora de presentar un proyecto alternativo sólido y convincente como de tomar la iniciativa política para situar en el primer lugar del debate político los problemas que realmente preocupan la mayoría de las poblaciones del estado español.


Delante de este descontento popular estos dos partidos (PP y PDeCAT), apoyados por la mayoría de los medios de comunicación y opinión que controlan y financian, fueron quien de conseguir situar en el primer plano del debate político su distinta visión nacional del estado español. Y así el referéndum, el derecho a decidir... sustituyeron a la corrupción, el desempleo, la desigualdad, el deterioro ecológico... como elementos de debate y confrontación política. Ambos partidos coinciden a la hora de valorar que su supervivencia política depende de que esto suceda, de que en los distintos tableros y escenarios políticos español, catalán, gallego... no se hable ni se debata sobre los problemas reales de los ciudadanos y muy especialmente de la mayoría de ellos -las clases populares- sino de problemas identitarios.


Así, a caballo de un rancio nacionalismo español (PP) y un clasista nacionalismo periférico (PDeCAT), ambos partidos consiguieron retomar la iniciativa, desviar la atención ciudadana sobre sus auténticos problemas pero también llevar la dinámica política la una confrontación muy peligrosa -una auténtica irresponsabilidad- cuyo final resulta imprevisible aunque no tranquilizante.


Sin embargo, hay que pensar que la ciudadanía gallega, catalana y española, en general tiene un gran sentido común y acabará por poner a cada uno en su sitio. Lo que supondría por una parte centrar el debate político en los problemas que realmente preocupan la mayoría de la población -corrupción, desempleo, desigualdad y exclusión social, deterioro ecológico...- y por la otra mandar al vertedero de la historia a los partidos corruptos e irresponsables -como por caso el PP y PDeCAT- que parece nos quieren llevar al precipicio.


Un apunte final: el que esto escribe es firme partidario del derecho a decidir y de los referéndums siempre y cuando se celebren en condiciones de auténtica democracia y libertad, cosa que, por caso, no sucede actualmente en Catalunya ni mucho menos. Una responsabilidad que mayormente debemos achacar al PP (Partido Popular) por su españolismo inmobilista y reaccionario pero de la que también participa JxSi (Junts Pel Sí) por su oportunismo e irresponsabilidad.



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