La canción triste de Hill Street

Manuel Fernando González

Justicia 1



Al final mi anónimo comunicante de ayer a las seis y diez AM no compareció. Debió dedicarse como algunos de sus compinches a votar varias veces en varias de las urnas que para su solaz montaron Junqueras y Puigdemont, con la sana intención de finiquitar la Constitución Española y de paso declarar la independencia a costa de sus conciudadanos que recibieron los palos de la policía y la guardia civil, que se quedaron con los insultos y el muy difícil cometido de defender la unidad de todos los españoles. 


Ha habido heridos, lo cual nos duele y nos avergüenza al mismo tiempo, tras lo cual hay que desear que se recuperen pronto y que Puigdemont, Junqueras y algunos más acaben en prisión por la tropelía secesionista que han cometido y además por ponernos a los catalanes a unos enfrente de los otros, mientras él y los suyos se escondían detrás de los más viejos o de los más pequeños.


Si los jueces hacen uso de la ley y la aplican con rigor y prontitud, podremos unos y otros sentarnos juntos y exigir a los políticos tras unas elecciones democráticas y libres que se muevan y digan la verdad en su programa electoral, para que todos votemos y pactemos las líneas rojas de nuestra convivencia futura. 


Mentirosos como el Portavoz Turull no son imprescindibles en esa mesa de diálogo porque no entienden las razones de sus adversarios. Fanáticos como la Presidenta Forcadell deben también abandonar la política democráticamente y así hasta llegar a los que desde la sombra mueven todavía los hilos de este drama que estamos viviendo y que siguen considerando Catalunya como su finca particular y esconden el beneficio económico de sus fechorías en paraísos fiscales bajo epígrafes tan llamativos como "Madre Superiora" o "Sagrada Familia".


Para ellos y sus hijos políticos, desprecio social y juicios justos. Sean quienes sean y se llamen como se llamen. Fuera de nuestras vidas y sobre todo de nuestras Haciendas, no vayan a ser que delincan de nuevo y nos monten otro uno de Octubre en nombre de la Patria catalana, que como todos sabemos, es solo suya. 


Porque, aunque los trescientos mosens del manifiesto que tienen a su lado les perdonaran, o quienes chupan del presupuesto a través de los Centros Religiosos Concertados les sigan aparando con su moral de manga ancha, nada les exculparía de ser los causantes de nuestras desgracias, ni la Propia Iglesia Católica a la que nunca mas apoyaré financieramente con la cruz de mi Declaración de renta porque sus curas me han echado de sus oraciones a patadas, especialmente uno que predica en Calella. Con semejantes religiosos, no es de extrañar que las Iglesias estén cada vez más vacías.


Y a Rajoy le digo lo mismo que le he escrito siempre, que ya toca que levante el culo del sillón giratorio y afronte los problemas en tiempo real, porque lo que ha pasado también tiene que ver con su pereza política. Indolencia que acabará con su carrera más pronto de lo que ni él mismo se imagina.


Ayer, 1 de Octubre, no sé por qué, recordé aquella serie de la NBC que nos ofrecía el día a día de la Comisaría que dirigía el Capitán Frank Furilo, que comenzaba con una reunión de agentes que escuchaban medio dormidos las más variopintas órdenes del Sargento Esterhaus quien siempre remataba su perorata con el muy celebrado por la audiencia. "Ah y tengan cuidado ahí fuera..."


Ayer, a los que verdaderamente dieron la cara por todos nosotros les hubiera venido bien este modesto consejo, pero hoy ya es tarde...


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