Galiciapress profundiza a través de este reportaje en uno de los problemas de primer orden de la Galicia rural: los accidentes de tractor, que no siempre son considerados ‘accidente laboral’ y apenas son registrados como ‘accidente de tráfico’, obligando a las familias a batallar contra los seguros. Con todo, anualmente se cobran la vida de una veintena de personas en la comunidad y dejan una larga lista de heridos de diversa consideración.


Anualmente fallecen una veintena de personas en Galicia en estos siniestros 


¿Qué tienen en común el municipio ourensano de Arnoia, la aldea lucense de Airexe o la parroquia de Nigoi en Pontevedra? Pues que todas ellas han enterrado en lo que va de año a al menos un vecino que falleció en las mismas circunstancias: accidente de tractor. Pero no son los únicos puntos de Galicia donde se han vivido este tipo de desgracias en lo que va de año. Arbo, O Incio, Ribadeo, A Cañiza, Teo… Solo en los tres primeros días de junio ya se registraron tres accidentes con este tipo de maquinaria agrícola, con dos heridos de gravedad y un fallecido en el municipio coruñés de Toques.


Esta clase de accidentes son tristemente un problema de primer orden en el rural gallego. Sorprende y abruma ver el número de incidencias que se registran mensual, y en ocasiones hasta semanalmente, con la cantidad de accidentes de tractores que, en un buen número de casos, se cobran la vida de los conductores. Y lo más significativo es que habitualmente los siniestros responden a un mismo patrón: varón mayor de 65 años fallece atrapado debajo de su tractor volcado mientras trabajaba en su finca.


NI ACCIDENTES DE TRÁFICO NI LABORALES

En apenas seis meses, más de una decena de personas, todas ellas varones, han fallecido en este tipo de percances, que no siempre son considerados ‘accidentes de tráfico’. De hecho, este es el gran problema escondido detrás de estos siniestros, pues rara vez se pueden considerar ‘accidentes de tráfico’ (a no ser, claro está, que se trate de una colisión contra un turismo, por ejemplo) y casi nunca son tipificados como ‘accidente laboral’. Es más, desde la jefatura de tráfico de la Guardia Civil advierten que “no tienen registros” sobre esos siniestros ya que “apenas son tenidos en cuenta como accidentes de tráfico”.


Las dificultades con las que se encuentran las autoridades hacen que sea complicado rastrear esta clase de siniestros, ya que no hay una fuente que los englobe todos. En Galicia entre 2016 y 2018, el Instituto de Seguridade e Saúde Laboral de Galicia (ISSGA) registró 53 accidentes mortales de tractor, donde solo tres de ellos fueron considerados accidente laboral. Un tercio de esos accidentes mortales fueron causados por el vuelque del tractor.



Del mismo modo, estos datos no reflejan las personas que sufrieron lesiones o tuvieron que ser atendidas por un accidente de tractor, ya que entonces la cifra se dispara. Diversas fuentes advierten que en ese caso habría que aumentar considerablemente el número de afectados, cifrando el aumento en torno a un 30%, ya que las instituciones “cifran a la baja”. Con todo, los registros oficiales sitúan la media autonómica rozando la veintena de fallecidos al año. Cabe destacar también que estos accidentes son estacionales, ya que se producen más en épocas como el verano, donde los agricultores tienen más horas de sol y la actividad es mayor.


UN LARGO PROCESO

En Unions Agrarias tienen el mismo problema. José Manuel Ponte, técnico de prevención de riesgos del organismo sindical, comenta que es muy difícil llevar un registro de esta clase de accidentes porque en el sector “la realidad es muy compleja y las cifras son siempre engañosas”.

“Un accidente de este tipo supone un marco difuso para determinar la consideración de categorizarlo como accidente laboral, porque si es un accidente doméstico no hay sanciones o denuncias, pero en un accidente laboral el afectado está amparado por una Ley de Prevención de Riesgos Laborales”, afirma Ponte, conscientes de la muchas lagunas que existen a nivel administrativo en torno a este tema.


El experto en prevención de riesgos explica algunos condicionantes, tales como que en la mayor parte de los casos las explotaciones agrarias son de carácter familiar, el carácter multidisciplinar del oficio con tareas muy diversas que van más allá de la agricultura o la ganadería (trabajos de carpintería, por ejemplo) o la dispersión geográfica y el envejecimiento del rural, dos aspectos que son determinantes a la hora de poder auxiliar a las víctimas. “En muchos casos los centros sanitarios están lejos. También falla la tecnología, porque en zonas rurales no llega la cobertura para realizar una llamada de auxilio”, lamentan desde Unions Agrarias.


Protesta de los agricultores gallegos


Pero entonces, ¿qué ocurre con los afectados? Este es el gran problema al que se enfrentan muchas familias, ya que a la hora de percibir una pensión o demostrar que sí se trata de un accidente laboral se ven muchas veces inmersos en un proceso judicial del que no siempre obtienen un fallo positivo. “Muchas veces las mutuas no quieren considerarlo un accidente laboral, porque no les interesa pagar, hay que ser realistas, y entonces es cuando tú, o tu familia si es que falleces, tenéis que batallar por demostrar en qué circunstancias ocurrió el accidente para demostrar que tiene que ser clasificado como ‘accidente laboral’ y no de otra índole”, sostiene Ponte. 


MAQUINARIA ANTICUADA

Del mismo modo, desde el sindicato insisten en que otra de las complejidades es que, generalmente, las víctimas son personas jubiladas, lo que en sí mismo ya cierra la posibilidad de que se le considere un accidente laboral. A su vez, Ponte achaca los siniestros a la falta de prevención en muchos casos. “Los accidentes con fallecidos se dan muchas veces por exceso de confianza: personas que quedan atrapadas en los aperos, tractores volcados por caerse por desniveles o terraplenes...”, señala Ponte.


Pero en esos casos también se trata de errores humanos que se podrían sortear con un poco de prevención y con la modernización de los aparatos agrícolas. “Los tractores de ahora tienen cabinas y arcos de seguridad que pueden salvar la vida del conductor si el aparato vuelca. Hoy por hoy ya existen sistemas que de alguna manera tratan de adelantarse para evitar que llegue a producirse un accidente”, destaca el técnico en prevención de riesgos.


Desde Unions Agrarias también subrayan la necesidad de renovar el parking nacional de vehículos agrarios, ya que la maquinaria está muy envejecida y los pequeños agricultores recurren a la compra de maquinaria de segunda mano por el alto precio de los vehículos de kilómetro cero, aunque existen ayudas por parte de la administración para hacer frente al desembolso. A renglón seguido, también cuentan las experiencias vividas con los agricultores, a los que les cuesta deshacerse de sus viejos tractores. “Te dicen con orgullo que su tractor tiene 30 años y que funciona a las mil maravillas…pero en sistemas de seguridad son incomparables ante los nuevos modelos”, dice Ponte.


EL VALOR DE LA FORMACIÓN

También destacan la importancia de la formación, no solo en la prevención de riesgos, sino en primeros auxilios, en el dominio de la maquinaria, ya que en muchos casos se deben a un manejo inadecuado de la misma, o en la llamada “formación específica”. Sin embargo, a pesar de los avances, en este campo la tecnología va más rápido que los usuarios. “El sector agrario se está modernizando pero no a la velocidad que todos queremos. La maquinaria es más efectiva, se mecanizan muchas actuaciones que se realizan antes, pero eso determina un coste añadido para modernizarse así como formarse para esta situación cambiante: las propuestas tecnológicas se renuevan a un ritmo al que el agricultor no siempre sabe adaptarse”, apostilla Ponte.


Tanto desde el ISSGA como desde Unions Agrarias han desarrollado diversidad de iniciativas que intentan concienciar a los grupos de riesgo de los peligros que entraña el manejo de esta maquinaria así como los remolques y otros aperos que se puedan enganchar al tractor. No obstante, aunque es cierto que despierta interés entre los asistentes y consigue cambiar algunos hábitos, Ponte sostiene que es muy difícil cambiar la forma de trabajar de las personas de esa edad. “Ellos saben que lo hacen mal y corren el riesgo. Si no lo han hecho en 70 años, no van a hacerlo bien ahora”, lamenta, recordando que “en Galicia acostumbramos a acordarnos de Santa Barbara cuando truena”.


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