El famoso juego de las sillas; ya saben el que un número de personas dan vueltas a unas sillas, siempre una menos que personas, mientras suena una música y al detenerse ésta deben sentarse, el que queda en pie eliminado; se inventó en los salones de Versalles durante los tiempos de María Antonieta, quien mataba su tiempo en juegos mientras el pueblo moría de hambre.


Pues bien, Rivera, tan versallesco él, quiere introducir el famoso juego en la política española, con su famoso pacto de sillas, es decir que si alguien es el problema se retire y no piense en sillas. Sería perfecto y digno de alabar, sino fuera, porque el amigo Rivera lo que quiere, no es dar vueltas a las sillas, si no ser el que toca la música, es decir, estar sentado siempre y marcar el compás.


Para conseguir su máximo objetivo, se nos presenta como un mártir de la democracia y la estabilidad, renunciando si fuera preciso a estar en un gobierno, todo ello en pro de lograr que España se reforme y avance en la senda del progreso y del bla bla bla, ya que aún piensa que el humo ciega los ojos de los españoles.


Habituado como está a las fiestas de Versalles, en este caso del Ibex, su máxima preocupación es que no cambie nada, y al igual que La Fayette o Mirabeu se presenta bajo la piel de un reformador, pero como ellos, se interesa más por María Antonieta que por el pueblo.


Mientras llega el 26 J recibirá masajitos por las teles, viajará por los cinco continentes hablando de libertad, nos dirá que es clave para la regeneración y el progreso patrio, y a partir del 27 J, si puede, intentará tocar la música del juego, y eso sí, no querrá una silla, lo que buscará será un buen sillón.

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