El debate electoral televisivo (TVG) que tuvo lugar el pasado lunes, 5 de febrero, dejó luces y sombras que, por su relevancia e interés merecen ser analizadas. Pero antes, y para una más certera visión de conjunto, parece necesario subrayar dos factores a tener en cuenta.

 

En primer lugar, la evidencia de que la dirección de la CRTVG para el debate fijó un formato destinado a favorecer descaradamente las posiciones del señor Rueda (PPdeG) en claro perjuicio del resto de dirigentes políticos (señoras Pontón (BNG), Lois (Sumar) y Faraldo (Podemos); señor Besteiro (PSdeG)). La exclusión de VOX y la inclusión de Sumar y Podemos buscaba claramente crear un escenario de solo ante el peligro para el señor Rueda quien, en el papel de un Gary Cooper a la gallega, aparecería como representante del sentidiño y el sosiego frente al barullo de unas izquierdas incapaces de ponerse de acuerdo entre sí. En segundo lugar, esa dirección puso como “guías del debate” a unos periodistas muy mediocres pero obedientes al mandato de proteger al “sheriff”.

 

He ahí lo que permitió que apareciesen las primeras luces del debate. Las izquierdas, de forma inteligente, no cayeron en la trampa que les habían puesto, dejando en evidencia que serán quien de entenderse a la hora de formar gobierno y de aceptar la presidencia de la señora Ana Pontón si los electores les dan una mayoría suficiente (38 o más diputados).

Ese comportamiento sectario de la dirección de la CRTVG sirvió también para poner el foco en la situación actual de los medios públicos de información y opinión, donde tanto se lesionan los derechos y libertades de los trabajadores como se manipula la información de forma muy grosera.

 

A pesar de la ausencia de Vox, también quedó en evidencia la pluralidad política del mapa partidario gallego. Una pluralidad que enriquece la democracia y que, como veremos seguramente el día 18, favorece a una menor abstención que, tal como reflejamos en un artículo anterior, premia a las izquierdas.

 

Aunque el nivel medio, política e intelectualmente, de las intervenciones no fue muy alto, quedó también en evidencia que los debates políticos, en los medios públicos y privados, ayudan a un mayor y mejor conocimiento de las distintas alternativas políticas y de sus dirigentes, lo que va en beneficio de la democracia. Duele que el PPdeG no lo entienda así y parezca tener miedo a más democracia. Finalmente, es de justicia destacar que, a pesar de lo subrayado sobre el nivel general del debate, algunas intervenciones de los portavoces, con Ana Pontón en un lugar muy destacado, fueron políticamente certeras.

 

Entre las sombras cabe empezar por el rígido formato del debate que dio lugar a que este transitase por una sucesión de monólogos que seguramente aburrieron a no pocos espectadores. La ausencia de marcos de referencia de los distintos temas, que debería haber sido obra de los programadores, no ayudó a un buen enfoque de los mismos ni tampoco a un mejor conocimiento de las distintas propuestas. Tampoco ayudó, como subrayaba antes, el contar con periodistas de muy bajo perfil profesional, sin iniciativa ni capacidad (“estatuas de sal”) para iluminar e incentivar el debate. Factores estos que hay que anotar en el debe de la dirección de CRTVG y que claramente empobrecieron el acto electoral.

 

El debate también sirvió para confirmar que para ser presidente de la Xunta de Galicia no hace falta tener un nivel político e intelectual muy alto. La imagen del señor Rueda como presidente actual y candidato a continuar fue muy, muy pobre. Quedó también la sensación final de que los debates televisivos tienen sus limitaciones y de que, en este caso, su influencia sobre el resultado electoral del día 18 será mínima o nula.

 

Como balance final, reiterar lo señalado en el artículo anterior de que hay partido y de que el resultado final va a depender sobremanera del grado de participación electoral. A mayor participación mayores serán las posibilidades de las izquierdas de llegar a gobernar la Xunta de Galicia.

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