El golpismo ha evolucionado adaptándose a los nuevos tiempos, ya que comienza estar mal visto el golpismo a tiros, con intervención del ejército, al estilo de las dictaduras de Argentina o Chile, más difícil de justificar.
Ahora se buscan métodos más sofisticados, más aceptables para la opinión pública.
El método gira en forzar el desprestigio de los gobernantes, de la clase política dominante que suele finalizar en el desprestigio del sistema democrático, como culpable del ascenso de gente no recomendable. Obviamente, en consecuencia, dicen los golpistas que eso es porque la gente no sabe votar, no tiene la suficiente pericia para ver la otra cara de ciertos políticos, está fanatizada, etc. Entonces aparecen los salva patrias, unos visionarios con mucho sentidiño, a enmendar el destrozo de las malas artes de los demócratas, es decir, un sistema gobernado por una minoría. Más autoritario.
El caldo de cultivo, para llegar al objetivo final, se prepara principalmente a base de mentiras, bulos, inventar enemigos y problemas que no existen, acusaciones sin prueba, la oposición recibe apoyos de grupos que se beneficiarán con el cambio, dependiendo del país, se trata de bloquear la economía para aumentar el malestar, fomentar las revueltas ciudadanas, hasta poder derribar los gobiernos, por causas “justificadas” y antidemocráticas.
En España, este proceso se inició antes de las elecciones Generales del 2024, y se agudizó después de las mismas. Al día siguiente de las elecciones, los falsos demócratas se proclamaron como los únicos legitimados para formar gobierno. Primera muestra de su pedigree democrático. No recibieron los apoyos suficientes para formar gobierno y, después del “no gobierno porque no quiero” toda una contradicción con el “váyase señor Perro Sánchez” a empellones, de una elegancia exquisita, del mismo nivel que el simpatiquísimo “Me gusta la fruta” de la honorable marioneta del M.A.R., comenzaron a descalificar la solución alternativa calificándola de ilegítima.
Después de ver que esto no era suficiente para un golpe autoritario, porque tenían prisa y tampoco estaban por la labor de esperar a unas nuevas elecciones, comienza la caza de brujas a través de medios y pseudoperiodistas, mercenarios.
A todo esto se suman jueces, muy politizados que, cada vez y de forma más notoria, aceptan denuncias y dictan sentencias esperpénticas. Que alargan investigaciones sin fundamento jurídico hasta el infinito para causar daño en el honor de los investigados. Que alargan los procesos para que caduquen o acaben en una sentencia de miseria, convirtiéndose en actores, protagonistas de la política, por la puerta de atrás.
También ya empieza a trascender que, ciertos sectores de las cloacas del Estado, tienen un funcionamiento autónomo e independiente del gobierno con el objetivo de desestabilizar.
Pues claro que el actual gobierno puede ser criticable, como otro cualquiera, porque tampoco es perfecto, pero no mediante la manipulación y desinformación del ciudadano. También se puede aspirar a sustituir a un gobierno pero nunca por procedimientos antidemocráticos.
Lo más sagrado es el respeto a las reglas democráticas, que implica el reconocimiento de las mayorías y del derecho de las minorías a poder participar en política. Sin esto, todo lo demás, no sirve para nada.
Los que predican que estamos en una dictadura son, paradójicamente, los que nos quieren llevar a un sistema más autoritario.
Estamos en un orden mundial en el que se fomenta el individualismo y la avaricia extrema. Donde se estimula la falta de empatía, con la falacia de que cada quien tiene lo que se merece porque el que se esfuerza tiene éxito, y que no hay que compartir con los más desfavorecidos porque son los que menos se esfuerzan y quien se esfuerza puede llegar a donde quiera. Todo esto son mentiras construidas para favorecer a los más pudientes. Además, el individualismo favorece que los individuos no se organicen frente a los abusos de los más poderosos.
Todos precisamos de todos, incluidos los ricos porque, para empezar, sin los demás no existirían ni los ricos. Incluso si desapareciera la población más pobre, incluso los ricos acabarían en la miseria. Por eso ayudar a los menos favorecidos, aparte de hacernos más humanos, también se convierte en una ayuda para nosotros mismos porque necesitamos del resto de la humanidad para sobrevivir sin retroceder al paleolítico.
En el orden mundial se están produciendo cambios importantes. Hay un imperio tirano que lleva décadas esquilmando al resto del mundo, sin aportar nada. Todo apunta a que comienza a tener dificultades para mantenerse como gran y única potencia, intentando sobrevivir con la vuelta a sus tiranías, de manera ya descarada. Por otra parte, están emergiendo nuevas potencias que basan su existencia en colaborar con el resto de los países, sin imposiciones económicas ni militares. Un mundo multilateral, más respetuoso y democrático.
Los demócratas nos estamos jugando continuar en democracia o retroceder a épocas autoritarias. Nuestra misión es poner todos los medios para que eso no ocurra. Tarea difícil pero no imposible.
Todo aparenta que el tiempo juega a nuestro favor. Acaban cayendo las máscaras de los tramposos, se acaban desmontando los discursos falaces y cainitas y caminando hacia un multilateral con contrapesos. Demos tiempo al tiempo.