Trump


 


 

“Vamos a hacer algo con Groenlandía, ya sea por las buenas o por las malas” (Donald Trump)


 


 

Aunque el titular pueda parecer un poco exagerado hay que señalar que dentro de los propios Estados Unidos hay ya quien hace esa pregunta, y no son unos cualquiera. Así, el que fue presidente del país entre los años 2009 y 2017, Barak Obama, ha declarado muy recientemente que “lo que estamos viendo ahora mismo… no es coherente con la democracia estadounidense. Es coherente con las autocracias. Es coherente con la Hungría de Viktor Orban. Y coherente con lugares que celebran elecciones, pero que por lo demás no respetan lo que consideramos un sistema justo en el que la voz de todos importa y el pueblo tiene un lugar en la mesa, y hay controles y contrapesos, y nadie está por encima de la ley. Aun no hemos llegado la ese punto, pero creo que estamos peligrosamente cerca de normalizar este tipo de comportamiento”. Por su parte Bernie Sanders, senador independiente por Vermont, denunciaba recientemente los peligros de que los trumpistas controlaban en los Estados Unidos una grande parte de los medios de comunicación que “no son medios normales. Su función básica no es transmitir las noticias sino propagar una ideología de extrema derecha… el trumpismo no cree ni en la democracia ni en el Estado de derecho... Donald Trump piensa que puede hacer todo lo que quiera, sea por el motivo que sea. Puede despreciar el Congreso y los Tribunales de justicia. Está por encima de la ley”.
 

El periódico New York Times, por medio de una de sus columnistas habituales en la sección de Opinión, escribía que “Donald Trump no tiene ideología más allá de su propio poder, al igual que no ha sentido de Estados Unidos como objeto mas allá de su propia persona. En sus manos, el boomeran imperial se transformó en una banda de Mobius, una superficie en la que el interior y el exterior no tienen distinción significativa y forman un bucle sin fín. En esta vertiginosa disolución de los límites, hace poco que poda frenar su hambre de poder ilimitado. Con los recursos de la nación más rica del mundo y el ejército más poderoso a su disposición, Donald Trump reclama una licencia sin fronteras para volverse contra sus supuestos enemigos. Eso debería aterrorizarnos a todos”, dice Lidya Polgreen.
 

Ya en su día Noam Chomsky nos había avisado de los riesgos que para la democracia, la libertad y la convivencia pacífica entre los pueblos supondría que Donald Trump, a quién calificó como el peor criminal de la historia, accediera a la Presidencia de los Estados Unidos. Peligro derivado de considerarlo “un megalómano sociópata con perversas intenciones”. Asimismo, avisó del peligro de la existencia “de un golpe blando en marcha...que no es una mera amenaza. Tampoco lo es la deriva hacia una forma de fascismo. Hay pruebas de que la actitud general de los votantes de Trump en una serie de cuestiones es similar a la de los votantes europeos de los partidos de extrema derecha con orígenes fascistas. Y estos sectores son ahora una fuerza motriz en el Partido Republicano. También hay pruebas sustanciales de que esta deriva hacia la extrema derecha puede ser parcialmente impulsada por la lealtad ciega a Trump”.


 

Pero qué mejor que recoger las propias palabras de Donald Trump después de la criminal acción en Venezuela -bombardeo de Caracas, secuestro de Nicolás Maduro y su mujer, asesinato de la guardia presidencial y de civiles, pirateo de los pozos petrolíferos...- y que fueron recogidas en una entrevista en el diario anteriormente citado (NYT ). En relación a los límites de su autoridad como comandante en jefe: “sí hay una cosa, mi propia moral. Mi propia mente. Es el único que puede detenerme...no preciso el derecho internacional...”. Segundo este prestigioso diario, estas ideas consolidan una visión en la que se refleja un mensaje central: el poder, según Trump, no se subordina a leyes ni acuerdos, sino a su propio criterio.


 

Por otra parte, que decir de un gobernante que hace declaraciones sobre Groenlandia como estas: “Estados Unidos debe poseer Groenlandia. Cualquier cosa menos que esa es inaceptable”. Hay unos pocos días el presidente Trump volvería a amenazar con la anexión por la fuerza de Groenlandia “les guste o no” (NYT).
 

Para finalizar, recordar las declaraciones de un antiguo jefe de gabinete en la Administración trumpista -el general John Kelly- quien públicamente había alertado de que Donald Trump gobernaba con trazos fascistas y que era admirador de Adolf Hitler. “Donald Trump se confirma como un mandatario narcisista y supremacista, con una megalomanía que tiene en un hilo la paz mundial y la vida humana”. Valoración apoyada por John Gartner (exprofesor de la Universidad Johns Hopkins y experto en salud mental). “Cuando comparo la Trump con Hitler… veo que está cortado por el mismo padrón y tienen el mismo trastorno de personalidad”

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