Reigosa en su toma de posesión como concejala junto al alcalde

La concejala lucense María Reigosa ha decidido causar baja en el PSOE, apenas dos meses y medio después de su llegada al gobierno municipal de Lugo. Lo hace sin renunciar a su acta, apelando a la coherencia personal y a su “desencanto” con la gestión interna del grupo socialista. Reigosa continuará formando parte del Grupo Municipal del PSOE, pero lo hará en calidad de concejala independiente, reservándose la posibilidad de discrepar en determinadas votaciones.

 

La edil, funcionaria e ingeniera de Caminos en el Ministerio de Transición Ecológica, asumió su cargo el pasado noviembre tras el fallecimiento del socialista Pablo Permuy. Su aterrizaje no fue tranquilo: en diciembre había dimitido de sus responsabilidades en el área de Medio Rural, alegando “incompatibilidades” con su actividad profesional en Costas. Ahora, la brecha con el grupo se consuma con su salida de la militancia.

 

Desencuentros en el grupo municipal

Desde el entorno del alcalde Miguel Fernández reconocen que la convivencia política con Reigosa había resultado complicada. Su salida se produce tras varias semanas de tensiones y declaraciones veladas en redes sociales que habrían incomodado al ejecutivo local. En particular, un comentario que publicó —y rápidamente borró— en una publicación del PP lucense -acusando a sus compañeros de grupo de no reunirse para debatir- fue interpretado como una crítica directa a la forma de trabajar del grupo socialista.

 

El alcalde ha sido claro al reclamarle ahora que deje su acta de concejala, defendiendo que el gobierno necesita “personas con plena dedicación municipal”. Aunque Fernández había mostrado inicialmente apoyo público a su incorporación, la falta de sintonía se hizo pronto evidente. Además, Reigosa ya no tiene delegación ni responsabilidades de gestión desde diciembre cuando renunció a llevar Medio Rural, lo que refuerza la sensación de ruptura definitiva con la dinámica del grupo.

 

Por contra, la concejala ha insistido en que no apoyará una eventual moción de censura del PP, asegurando que “no se le ha propuesto” y que no estaría en línea con su “pensamiento socialdemócrata”. Su decisión, afirma, no es una traición política, sino una forma de mantenerse fiel a sus principios y a su modo de entender el servicio público.

 

Un gesto de distancia, no de ruptura total

En declaraciones a la Cadena SER, Reigosa ha subrayado que su salida es sobre todo una cuestión de integridad personal y profesional. Asegura sentirse incómoda con algunas prioridades del gobierno en materias como el urbanismo y los servicios básicos en el rural, ámbitos en los que detecta un “desajuste entre el discurso y la práctica”. Sin denuncia abierta ni tono de enfrentamiento, la edil ha optado por “dar un paso al lado”. Eso sí, no ha renunciando a su acta de concejala, como probablemente le pedirá su ex-partido.

 

Su caso se suma al del también independiente Waldir Sinisterra, y plantea un nuevo reto para el equipo del alcalde Fernández, que afronta el tramo final del mandato con varios concejales sin dedicación exclusiva y con un clima interno más tenso. Reigosa, por su parte, asegura que no busca “prolongar su carrera política” y que, cuando llegue el momento, se apartará: “A un año de las elecciones, que gane el mejor”.

 

La dirección provincial del PSOE, consultada por los medios, ha optado por guardar silencio. A nadie se le escapa que el partido en Lugo no pasa por su mejor momento. Primero un congreso provincial que José Tomé ganó por los pelos pese al apoyo de la cúpula gallega. Después el escándalo de la denuncia contra el ya ex-presidente de la Deputación de Lugo por acoso sexual, su dimisión, su salida del partido pero continuando como alcalde y diputado provincial. Y ahora la alcadia de la capital provincial vulnerable a una moción de censura. 


 

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