Portada de 'La horca y el fuego. Una historia social de la pena de muerte en Hispania (700-1200)', de Abel de Lorenzo Rodríguez

El historiador Abel de Lorenzo Rodríguez, de la Facultade de Historia y del Instituto de Investigación de Humanidades de la USC, acaba de ver publicada en la editorial Comares su tesis doctoral, titulada La horca y el fuego. Una historia social de la pena de muerte en Hispania (700-1200). El volumen, de 192 páginas y editado en 2025, reúne por primera vez centenares de documentos sobre ejecuciones en el norte y oeste de la península.

 

Según la información difundida por la USC, el trabajo identifica las principales formas de pena capital aplicadas en el noroeste ibérico entre los siglos VIII y XII: la horca, el fuego, la precipitación desde rocas o torres, la decapitación, la crucifixión y otras variantes que buscaban castigos ejemplares. El estudio subraya que muchas de estas ejecuciones se sitúan en territorios del Reino de Galicia, en un momento clave de transición entre el final de la Antigüedad y la plena Edad Media.

 

El libro interpreta estas prácticas como parte de un ritual público pensado para afirmar la autoridad y disciplinar a la comunidad, en línea con otros trabajos recientes sobre justicia medieval en el ámbito hispánico. La pena de muerte se presenta como un instrumento central de la justicia, capaz de marcar cuerpos, territorios y jerarquías sociales.

 

Víctimas, verdugos y justicia “desde abajo”

El proyecto de De Lorenzo se centra en las personas que hay detrás de los expedientes, tanto quienes ejecutan como quienes son ejecutados. La obra reconstruye nombres, trayectorias vitales y contextos sociales de víctimas y verdugos que habían quedado diluidos en la documentación dispersa de monasterios, cortes y ciudades.

 

El autor analiza cómo la justicia actúa sobre los cuerpos de los condenados y cómo se constituyen los fundamentos de las ejecuciones en los reinos cristianos peninsulares. La investigación apuesta por una mirada “desde abajo” a la justicia penitenciaria, atendiendo a las motivaciones que llevan a una persona a la horca o al fuego y a las negociaciones y conflictos sociales que rodean cada condena.

 

Otro de los ejes del libro es la manera en que estas penas se transforman con el tiempo, sustituyendo unos métodos por otros y redefiniendo el significado social de la violencia legal. El trabajo muestra que el paso de una forma de matar a otra responde a cambios políticos, culturales y religiosos, y no solo a cuestiones técnicas o jurídicas.

 

Identidad, memoria y formas de matar

De Lorenzo incorpora la dimensión de la identidad para explicar por qué unas personas eran colgadas, otras quemadas y otras arrojadas desde alturas o al mar. La investigación sostiene que la elección del método de ejecución se vinculaba a factores religiosos, de clase, de género o a la consideración criminal del condenado.

 

El libro insiste también en la importancia de la memoria colectiva sobre estas muertes públicas, recogida en crónicas, diplomas y relatos que siglos después siguen moldeando la percepción de la justicia medieval. Los testimonios escritos permiten rastrear cómo comunidades enteras recordaban determinadas ejecuciones como advertencia, castigo ejemplar o incluso como mito fundacional local.

 

En el ámbito editorial, Comares incluye esta obra en su colección de Historia, consolidando un catálogo que en los últimos años ha prestado especial atención a la historia social y a los estudios sobre violencia institucional  Hispania.

 

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