La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal de Estados Unidos ha generado un terremoto en los mercados financieros globales, poniendo fin abrupto al prolongado rally de los metales preciosos que marcó 2025 y redefiniendo las expectativas de política monetaria en los próximos trimestres. Lo que hasta hace días era una carrera alcista histórica para el oro y la plata, impulsada por la búsqueda de refugio ante el riesgo de inflación y un dólar debilitado, se desmoronó en una sola sesión, con caídas que recuerdan a los episodios más dramáticos de principios de los años 80.
El desplome inmediato de la plata y el oro: cifras y contexto
El 30 de enero de 2026, tras el anuncio formal del presidente Donald Trump de que nominaría a Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed, los precios del oro y la plata sufrieron un retroceso abrupto. La plata registró su mayor caída porcentual en más de 40 años, con futuros cayendo alrededor de 31,4% hasta $78,53 por onza, marcando el peor día desde marzo de 1980. El oro tampoco fue inmune: los futuros del oro retrocedieron más de 11%, cerrando cerca de $4,745 por onza tras tocar máximos históricos de más de $5,600 apenas días antes.
Este movimiento no fue un simple ajuste técnico menor; se trató de un giro dramático en la valoración de estos activos, provocado por una recomposición de expectativas sobre el rumbo de la política monetaria estadounidense. El anuncio provocó una fuerte recuperación en el dólar estadounidense y aumentó la rentabilidad de la deuda del Tesoro, factores que erosionan el atractivo de los metales que no generan rendimiento.
¿Qué cambia con Warsh? Perfil y expectativas del mercado
Kevin Warsh, exgobernador de la Fed entre 2006 y 2011, es ampliamente percibido como un economista más ortodoxo y “halcón” en comparación con perfiles más acomodaticios. Aunque algunas crónicas señalan que ha adoptado posturas moderadas en tiempos recientes, su reputación como alguien dispuesto a priorizar la estabilidad de precios y la independencia de la institución ha llevado a los mercados a recalibrar las apuestas sobre posibles recortes de tasas.
Esta percepción hizo que los inversores reconsideraran su posición en activos percibidos como coberturas tradicionales contra inflación, crisis y deterioro del dólar. Dado que el metal no devenga intereses, se vuelve menos atractivo cuando el rendimiento de activos financieros vinculados al dólar y a la deuda pública se fortalece.
El rally previo: contexto histórico y reciente
Para entender la magnitud del choque, es imprescindible repasar lo que ocurrió en 2025. Durante ese año, tanto el oro como la plata experimentaron uno de sus mejores años desde 1979, impulsados por una combinación de tensiones geopolíticas, presión inflacionaria y expectativas de política monetaria expansiva. El oro acumuló ganancias superiores al 70% y la plata más del 140% en 2025, alcanzando numerosos máximos históricos en el proceso.
Este fenómeno recordó a episodios anteriores en la historia de los mercados: en 1980, los metales alcanzaron picos espectaculares antes de desplomarse bruscamente cuando las políticas monetarias aplicadas eran extremadamente restrictivas. Estudios académicos también han documentado este tipo de patrones de precios como “anti burbuja” tras picos extremos y posteriores correcciones profundas, como ocurrió en otros mercados financieros.
Sin embargo, lo que diferenciaba el rally de 2025 de episodios pasados fue su contexto moderno: bancos centrales inundaron de liquidez los mercados tras la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID 19, y el temor a una inflación persistente llevó a muchos inversores hacia activos refugio. Este impulso acumulado creó una fragilidad técnica que quedó expuesta en el momento en que las expectativas de política monetaria cambiaron de forma radical con la llegada de Warsh al debate.
Los mecanismos del choque: dólar, tasas y flujo de capitales
El impacto del anuncio no se limitó a los precios de los metales. El índice del dólar estadounidense subió con fuerza, haciendo que los metales denominados en dólares se encarezcan para compradores internacionales y reduciendo así la demanda. Al mismo tiempo, las expectativas de tipos de interés más altos durante más tiempo llevaron a un repunte de las rentabilidades en bonos del Tesoro, un factor que tradicionalmente compite con los metales preciosos en las carteras institucionales.
Esta combinación generó un efecto de venta masiva que se extendió a los mercados de acciones de minería y ETF vinculados a metales. Empresas productoras de oro y plata vieron desplomarse sus cotizaciones, mientras que los flujos de capital se reorientaron hacia activos con rendimiento ligado a las tasas y al dólar.
Reacciones de los expertos: ¿corrección o cambio de tendencia?
Entre analistas financieros, la interpretación de este episodio es diversa. Algunos ven la caída como una corrección técnica inevitable después de un rally extraordinariamente prolongado, una especie de “purga saludable” que alinea los precios con fundamentos más conservadores. Un estratega de mercado citado por Business Insider destacó que una oleada de ganancias sin pausa suele preceder a retrocesos bruscos cuando se altera el entorno macroeconómico.
Otros expertos sugieren que, si bien la corrección es severa, podría ofrecer puntos de entrada para inversores dispuestos a asumir volatilidad, especialmente si factores geopolíticos o desequilibrios de oferta reinyectan presión alcista sobre metales en el mediano plazo.
Implicaciones para carteras y mercados globales
El choque ha tenido efectos palpables más allá de los precios spot del oro y la plata. Los fondos cotizados que replican la cotización de estos metales han experimentado salidas récord, y los gestores de carteras han tenido que reequilibrar posiciones defensivas que antes se consideraban pilares de diversificación. Además, la volatilidad implícita en los mercados de derivados ha subido, reflejando una mayor aversión al riesgo en segmentos tradicionalmente más estables.
Por su parte, los mercados bursátiles también sintieron la sacudida, con índices como el S&P/TSX Composite de Canadá cayendo más de 3%, impulsado en parte por pérdidas en acciones mineras vinculadas a los precios de los metales.
Mirando al futuro: confirmación y expectativas
El mercado ahora pone atención al proceso de confirmación de Warsh ante el Senado. Hasta el momento, su nominación enfrenta resistencia política, lo que introduce un factor adicional de incertidumbre que puede seguir influyendo en las expectativas de tasas y en la trayectoria del dólar y los activos refugio.
Si la confirmación se concreta y Warsh reafirma un enfoque ortodoxo en política monetaria, los analistas advierten que podríamos estar ante un techo duradero en el rally de metales preciosos y una reconfiguración de las estrategias de inversión global. En cambio, cualquier señal de suavización o giro inesperado en su discurso podría reavivar la dinámica alcista que dominó los mercados en 2025.
Cronología de la evolución de precios del oro y la plata (1979–2026)
Evolución histórica de los precios del oro y la plata: una línea temporal (1970–2026)
Para valorar correctamente el impacto del “Shock Warsh” y el desplome de principios de 2026, es imprescindible observar cómo han evolucionado los precios del oro y la plata a lo largo de las últimas décadas. Tanto el contexto macroeconómico global como las políticas monetarias han ido marcando fases de expansión y contracción para estos metales, que han pasado de ser activos marginales a protagonistas de ciclos financieros intensos.
Años 70 y 80: del patrón oro al auge especulativo
En los años 70, tras la ruptura del sistema de Bretton Woods en 1971, el oro dejó de estar anclado a una paridad fija y comenzó su entrada en un mercado “libre”. En 1970, el oro se negociaba alrededor de los 35 USD por onza y la plata alrededor de 1,50 USD por onza. Este fue el inicio de un alza sostenida que culminaría con la famosa explosión especulativa a finales de la década. Para 1979 el oro ya había subido a cifras cercanas a 850 USD, y la plata también escaló notablemente, superando los 49 USD por onza en 1980. Este fenómeno reflejó un periodo de alta inflación, incertidumbre geopolítica y búsqueda de refugio, y marcó una de las alzas más pronunciadas del metal en el siglo XX.
A partir de ese pico de 1980, la política monetaria restrictiva liderada por Paul Volcker en la Reserva Federal provocó una caída dramática. El oro retrocedió fuertemente en los años siguientes, descendiendo incluso por debajo de los 300 USD por onza a comienzos de los 80s, mientras que la plata experimentó movimientos aún más volátiles, con episodios de caída abrupta tras la famosa crisis del mercado del metal en 1980.
Décadas de los 90 y 2000: estabilidad y luego gradual repunte
Durante los años 90, los precios de ambos metales se mantuvieron relativamente moderados en comparación con las décadas anteriores. El oro osciló en gran parte del periodo entre 250–400 USD, mientras que la plata se mantuvo generalmente por debajo de los 10–20 USD por onza. Esta etapa coincidió con políticas monetarias relativamente estables y un mercado global con tipos de interés reales positivos, lo cual redujo la necesidad de refugios de valor extremos.
Al entrar en los años 2000, y especialmente tras la crisis financiera global de 2008, los metales preciosos comenzaron un nuevo ciclo de ascenso. La política monetaria expansiva global, con tasas cercanas a cero y expansión cuantitativa en EE. UU. y otras economías avanzadas, impulsó el rebote del oro y la plata. El oro superó la barrera de los 1,900 USD por onza en 2011, su máximo hasta ese momento, mientras que la plata también se acercó a los 48 USD.
2010–2020: picos y consolidaciones
La década de 2010 fue un tiempo de altibajos para estos metales. Tras los picos de 2011, los precios corrigieron durante varios años, reflejando la normalización gradual de políticas monetarias en algunos países y el menor miedo a la inflación inmediata. A mediados de la década, el oro se movía cerca de los 1,200–1,400 USD, y la plata entre 15–20 USD.
Sin embargo, el shock del COVID 19 en 2020 reactivó la demanda de refugios. El oro alcanzó su segundo gran máximo histórico por encima de 2,000 USD, mientras que la plata también experimentó fuertes subidas.
2021–2025: rally extraordinario y máximos antes del shock
El periodo más reciente antes del “Shock Warsh” fue especialmente intenso. En 2025 se produjo un rally histórico para ambos metales. El precio del oro cerró el ejercicio con un incremento de aproximadamente 65 %, alcanzando nuevas cotas históricas en los mercados internacionales, niveles que no se veían desde los picos récord de 1980 en términos porcentuales. La plata superó un 144 % de ganancia anual, acercándose a récords que solo se habían visto en situaciones de extrema volatilidad histórica.
Según reportes de principios de 2026, el oro incluso llegó a superar los 5,100 USD por onza, mientras que la plata rompió barreras psicológicas y técnicas alrededor de 115 USD antes de la gran caída ligada al anuncio de la nominación de Warsh.
Enero de 2026: corrección severa tras máximos
El 30 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión dramático. Tras el anuncio de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed, el oro registró una de sus peores sesiones desde 1980, con caídas intradía de hasta un 12,75 % y cerca de un 10 % de pérdida al cierre, situando el precio alrededor de los 4,850 USD por onza. La plata sufrió aún más, experimentando su mayor caída porcentual en más de cuatro décadas —más de 30 %— dejando los precios por debajo de 80 USD por onza tras haber liderado gran parte del rally reciente.
Este retroceso pone de manifiesto la sensibilidad de estos mercados a cambios en las expectativas de política monetaria y en la percepción del costo del dinero, coincidiendo con un fortalecimiento brusco del dólar y una reevaluación del valor de los activos que no devengan rendimiento.
Perspectivas y rumbo de los mercados
El mercado ahora mantiene la mirada puesta en el proceso de confirmación de Kevin Warsh ante el Senado y en las señales que pueda emitir una vez asuma la presidencia de la Reserva Federal. Si Warsh mantiene un enfoque ortodoxo, priorizando la estabilidad de precios y la contención de la inflación, es probable que el rally de los metales preciosos haya alcanzado un techo temporal y que los inversores ajusten sus carteras hacia activos con rendimiento más seguro.
Por el contrario, cualquier indicio de flexibilización inesperada en su política monetaria podría reactivar la dinámica alcista que caracterizó gran parte de 2025, ofreciendo oportunidades para quienes busquen posiciones defensivas en oro, plata y otros refugios ante la incertidumbre global.
En cualquier escenario, el “efecto Warsh” deja claro que los precios de los metales preciosos seguirán reaccionando con alta sensibilidad a las expectativas de tipos de interés, al valor del dólar y a los flujos de capital internacionales. Para los inversores, la jornada del 30 de enero de 2026 marca un punto de inflexión: la historia reciente demuestra que los mercados pueden corregir con rapidez, y la capacidad de anticipar los movimientos de la Fed será decisiva para definir estrategias en los próximos trimestres.