Entre los casos investigados, dos tienen vínculo con una sauna de la ciudad de A Coruña, mientras que otros muestran relación con fuera de Galicia. Sanidade apunta que podrían existir varios focos superpuestos, sin un punto inicial claramente identificado. Pese al repunte, el servicio gallego de salud (Sergas) subraya que la evolución clínica de los pacientes es “favorable” y que la detección temprana ha permitido aplicar medidas de control rápido.
RECOMENDACIONES DE LA XUNTA
Ante este escenario, la Xunta recomienda evitar las prácticas sexuales de riesgo, el uso de preservativos y la vacunación preventiva contra la viruela del mono en colectivos vulnerables o con múltiples parejas sexuales. Desde Sanidade recuerdan que la vacunación y la detección precoz “son esenciales para cortar las cadenas de transmisión” y que cualquier persona con lesiones cutáneas o síntomas compatibles debe acudir a su médico o centro de referencia.
El Sergas realiza un seguimiento activo de los casos detectados: recoge muestras para confirmar la variante del virus, instruye sobre medidas de aislamiento e higiene, e identifica los contactos estrechos para valorar la necesidad de vacunarles. El departamento recalca la colaboración ciudadana como herramienta clave para frenar posibles rebrotes y mantener controlada la circulación del virus.
Una enfermedad vírica menos grave que la antigua viruela
La viruela del mono (conocida científicamente como mpox) es una enfermedad viral causada por el virus de la viruela siímica. Aunque el nombre sugiere que proviene de los monos, el reservorio principal son en realidad los pequeños roedores en ciertas partes de África.
Es una infección causada por un ortopoxvirus, perteneciente a la misma familia de la viruela clásica, pero que en la mayoría de los casos cursa con cuadros menos graves. Se trata de una zoonosis, es decir, una enfermedad que se transmite de animales a personas, aunque en los últimos años ha demostrado capacidad para propagarse de forma sostenida entre humanos en distintos continentes. Su periodo de incubación oscila habitualmente entre una y tres semanas, tiempo durante el cual la persona ya está infectada pero puede no mostrar signos aparentes de enfermedad.
El cuadro clínico suele aparecer de forma progresiva. Al principio, muchas personas notan una especie de síndrome gripal intenso: fiebre, malestar general, dolor de cabeza y cansancio. En esta fase temprana todavía no es evidente que se trate de viruela del mono, lo que puede retrasar la consulta médica y, con ello, la detección de posibles cadenas de contagio. Esa dificultad diagnóstica inicial es uno de los retos para la salud pública.
La erupción, la señal más visible
Tras los primeros días de fiebre y malestar, la mayoría de pacientes desarrolla la manifestación que mejor identifica esta infección: una erupción cutánea característica. Las lesiones pueden comenzar en la cara, en la zona genital o en otras partes del cuerpo y extenderse después a más áreas. No siempre aparecen de forma masiva; en ocasiones se presentan como pocos granos o ampollas, lo que facilita la confusión con otras patologías dermatológicas o con infecciones de transmisión sexual.
A medida que pasan los días, estas lesiones atraviesan varias fases: primero manchas planas, luego pápulas elevadas, más tarde vesículas con líquido y, finalmente, pústulas llenas de pus que terminan formando costras. El proceso completo suele prolongarse entre dos y cuatro semanas, hasta que las costras se secan y se desprenden. Otro dato clínico importante es la inflamación de ganglios linfáticos, especialmente en cuello, axilas e ingles, un signo que ayuda a diferenciar la viruela del mono de otras enfermedades similares.
Cómo se contagia la viruela del mono
El virus se transmite sobre todo mediante contacto estrecho y prolongado con una persona infectada o con animales portadores. La vía principal es el contacto directo piel con piel con las lesiones o la erupción, pero también influyen los fluidos corporales y las secreciones respiratorias en situaciones de proximidad, como pueden ser las relaciones sexuales o la convivencia en espacios cerrados. Además, compartir ropa, toallas, sábanas u otros objetos contaminados aumenta el riesgo de transmisión.
En determinados contextos, la enfermedad puede transmitirse desde el animal al ser humano, por ejemplo mediante mordeduras, arañazos o manipulación de carne de animales silvestres en regiones donde el virus es endémico. También se ha descrito la transmisión de madre a hijo durante el embarazo a través de la placenta. En el caso de las gotículas respiratorias, se requiere generalmente una interacción cara a cara prolongada, lo que diferencia este virus de otros agentes con transmisión aérea más fácil.
Gravedad, grupos de riesgo y duración
La mayoría de los casos cursan de forma leve o moderada, con resolución espontánea y sin secuelas importantes. Sin embargo, no se trata de una infección banal. Las personas con el sistema inmunitario debilitado, las embarazadas, los niños pequeños o quienes padecen otras enfermedades de base tienen más probabilidades de sufrir complicaciones. Entre ellas se incluyen infecciones bacterianas sobreañadidas en la piel, afectación ocular e incluso problemas respiratorios en los cuadros más severos.
En términos de duración, el proceso suele completarse en unas tres o cuatro semanas, desde la aparición de los primeros síntomas hasta la caída de las costras. Mientras continúen surgiendo nuevas lesiones o haya costras sin desprender, la persona puede seguir siendo contagiosa. Por ello, las autoridades sanitarias recomiendan mantener medidas de aislamiento domiciliario y evitar el contacto estrecho hasta que la piel se haya recuperado por completo.
Tratamiento y cuidados en casa
En la actualidad no existe un tratamiento específico universal para todos los casos de viruela del mono. El abordaje se basa sobre todo en cuidados de soporte y en el alivio de los síntomas. El control de la fiebre y del dolor con medicamentos habituales, la hidratación adecuada, el descanso y la higiene correcta de la piel son pilares básicos del manejo. También se aconseja evitar rascarse las lesiones para reducir el riesgo de infección bacteriana secundaria.
En algunos casos concretos, especialmente cuando hay riesgo alto de complicaciones o enfermedad grave, los especialistas pueden valorar el uso de antivirales diseñados para combatir virus de la misma familia, siempre dentro de protocolos específicos. Estas decisiones se toman individualmente, tras valorar la situación clínica de cada paciente. La prevención de cicatrices y de secuelas a largo plazo pasa por una correcta protección de la piel y por el seguimiento sanitario adecuado.
En 2022, la Organización Mundial de la Salud (OMS) empezó a preferir el término "mpox" para evitar el estigma y lenguaje racista asociado al nombre original.
PRECAUCIÓN
Según fuentes del Ministerio de Sanidad, en las últimas semanas también se han detectado casos aislados en otras comunidades, aunque Galicia figura entre las regiones con incidencia más concentrada en este comienzo de año. Las autoridades sanitarias insisten en que, aunque la transmisión se da principalmente por contacto estrecho y sexual, el virus sigue bajo estrecha vigilancia epidemiológica tras los brotes registrados en Europa en los últimos años.
La Organización Mundial de la Salud mantiene la recomendación de continuar las campañas de vacunación entre grupos de riesgo y reforzar la comunicación preventiva, en especial en contextos de ocio y encuentros sociales.