"Todos somos ignorantes,

pero no todos ignoramos las mismas cosas"

 

"Empieza por B: perteneciente o relativo a la antigua ciudad de Bizancio o a su imperio", "Empieza por E: barco de vela, pequeño y ligero que sirve de explorador a una embarcación más grande", "Empieza por O: provincia española a la que pertenecen los municipios de Verín y Ribadavia", "Empieza por V: nombre del sistema de cine sonoro creado en la década de 1920, que se empleó en la película 'El cantor de jazz'"... Estas son algunas de las 25 preguntas a las que Rosa Rodríguez dio respuesta el pasado jueves para llevarse a casa los 2.716.000 euros del bote de Pasapalabra. Se trata del mayor premio de la historia del programa en España, conseguido por una mujer de 32 años nacida en Argentina pero residente en Oleiros y que, desde su emisión, se ha visto sometida al descrédito de los espectadores, analistas y críticos de televisión que creen que detrás de esa hazaña hay un plan maquiavélico para hacernos creer que Rosa es más lista de lo que realmente es. 

 

"Se lo han chivado", "Aquí hay tongo", "Querían entregar el bote ya y que dejase de crecer" o "Eso no lo puede saber nadie" son las conclusiones a las que han llegado muchos después de que Rosa hiciese un pleno en sus respuestas. A la gente la chirría el hecho de que Rosa supiese que por la M comenzase el apellido del jugador de fútbol americano que, en 1968, fue elegido jugador más valioso de la NFL por la agencia AP. Un tal Morrall. No lo respondió con acento de Kansas ni pronunciación exquisita, tal vez fruto de los nervios o que el apellido del tres veces ganador de la Super Bowl no es muy común en A Coruña. Lo que al gran público le sorprendió en realidad, sospecho, es que diese la respuesta correcta, precisamente, con una pregunta sobre fútbol americano.

 

Con el del jueves pasado, Rosa se enfrentó al rosco un total de 307 veces. No presumo de haber visto los más de 300 programas ni de recordar ni una sola de las definiciones que respondió afirmativamente en ese tiempo. Supongamos que en esos 306 programas anteriores en los que no completó el rosco de 25 letras falló o dejó sin responder unas tres o cuatro palabras de media por rosco. Vamos a ser estrictos y pensar que conseguía unas 21 letras en verde por programa. Eso hace un total de 6.426 respuestas correctas. 6.426 veces en las que no se cuestionó el acierto o la sapiencia de Rosa. 6.426 ocasiones en las que supo que empieza por la N la capital de Myanmar, que contiene la H el título de la tercera novela de Carmen Martín Gaite, que empieza por L el apellido del descubridor de los grupos sanguíneos o que empieza por Q el título del álbum de estudio la banda The Who publicado en 1973. Las respuestan son Naipyidó, 'Retahíla', Landsteiner y 'Quadrophenia'.

 

No puedo evitar pensar que nadie discutiría la memoria privilegiada de Rosa si la pregunta final que le daba acceso al bote fuese algo así como: "Empieza por T: nombre de una variante de la tarta de manzana en la que las manzanas han sido caramelizadas en mantequilla y azúcar antes de incorporar la masa". Porque Tatin es la respuesta. Porque es una receta. Porque cómo no va a saber eso una mujer. Pero, ¿de deportes? ¿Una tía? ¿Y de un deporte minoritario y tan masculino como el fútbol americano? ¿Un deporte que en España, más allá de cuatro gatos, solo vemos unos pocos una vez al año creyendo entenderlo pero lo único que de verdad controlamos de ese espectáculo es la letra de la canción de Bad Bunny al descanso del susodicho partido? ¿Una tía? ¿De verdad? ¿Esta tía, que ni siquiera tiene gafas? Me extraña, araña. 

 

Les resultaría igual de singular a los escépticos si Rosa supiese que Gary Player fue el primer jugador no estadounidense en ganar el Masters de Augusta, que Secretariat fue el caballo ganador de la Triple Corona y el que estableció los records de velocidad en el Derby de Kentucky, el Preakness Stakes y el Belmont Stakes, o que al jugador de hockey Wayne Gretzky lo apodaban 'The Great One'. "Porque las tías saben de cocinar, de bolsos y de gastar". Porque estamos en 2026, pero hay cosas que nunca cambian. Aunque Rosa, más que probablemente, supiese la respuesta a todas esas preguntas. 

 

Como adivinarán, me resulta imposible no ver un punto de machismo en todos los que creen que Rosa no podía saber esa respuesta de ninguna otra forma que no fuese mediante las trampas. Una persona que ha dedicado los últimos meses de su vida a releer diccionarios, a anotar todas las palabras extrañas de la enciclopedia, a contar con un listado de ríos y montes de Sudamérica, a conocer de memoria todos y cada uno de los ganadores del Balón de Oro desde su creación o a enumerar alfabéticamente el nombre de las películas de Kurosawa. El archivo de Rosa debe de ser enorme. Casi tan grande como el ego de los que creen que ellos podrían haberlo hecho mejor o que "nadie puede saber eso". Por la sencilla razón de que ellos, hasta ese momento, no habían oído hablar de Earl Morrall como la mayoría de mortales. 

 

Rosa, como Manu, su rival, bien se merece esos 2,7 millones de euros o lo que quede tras impuestos. Sigue siendo una cantidad baja para celebrar el nivel de cultura demostrado y que tanto deberíamos admirar así como recompensar el conocimiento y el esfuerzo que ha demostrado la gallega en todo este tiempo y que, algunos, pretenden ensombrecer con un arquear de cejas y una mueca sexista que no deja de ser más que una forma de celos sobre aquel que sabe lo que uno mismo desconoce, la misma cara que ponía el matón de la clase cuando el alumno más aplicado sabía la respuesta a la pregunta del maestro. 

 

No acudiré a un diccionario corriente, sino a uno que solo guarda verdades y definiciones precisas, como el Verbolario de Rodrigo Cortés, para concretar a todo esos descreídos. Empieza por E: "Flujo oscuro de admiración". La palabra es Envidia. Seguro que Rosa la hubiese sabido, lo crean o no. 

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