El foro de seguridad celebrado en la ciudad alemana deja declaraciones de alto voltaje político y escenificaciones de fuerza, aunque no cristaliza en pactos específicos ni decisiones operativas adicionales dentro de la OTAN.
La capital bávara vuelve a situarse en el centro del debate estratégico occidental con una sucesión de intervenciones que elevan el tono, reafirman posiciones y exhiben discrepancias, pero que no desembocan en un acuerdo tangible entre los socios.
Un diagnóstico compartido, sin hoja de ruta nueva
La Conferencia de Seguridad de Múnich reúne durante tres días a los principales dirigentes occidentales bajo la premisa de que el mundo atraviesa una transformación profunda. Sin embargo, más allá de la constatación de ese cambio y de la necesidad de “restaurar” el orden internacional, como plantea el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, el encuentro no se traduce en un documento conjunto ni en un compromiso específico adicional.
Estados Unidos reafirma su voluntad de liderazgo dentro de la alianza atlántica, mientras que varios dirigentes europeos insisten en la necesidad de reforzar las capacidades propias de defensa. La divergencia de enfoques se expone con claridad, pero no se formaliza en un nuevo marco de cooperación.
Ucrania, el eje del debate estratégico
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, centra buena parte de la atención al mostrar imágenes de “rusos eliminados por drones ucranianos” y al reclamar un respaldo sostenido frente a Moscú. La guerra continúa siendo el principal elemento de cohesión entre los aliados, aunque tampoco en este ámbito se anuncia un paquete adicional acordado en Múnich.
Francia, por su parte, introduce el debate sobre el paraguas nuclear francés a través de la intervención de Emmanuel Macron, lo que reabre la conversación sobre el papel disuasorio europeo. No obstante, la propuesta se mantiene en el plano político y no se concreta en un mecanismo nuevo.
La brecha transatlántica como telón de fondo
La relación entre ambas orillas del Atlántico atraviesa un momento delicado, marcado por declaraciones como la del vicepresidente estadounidense JD Vance, quien afirma que “la amenaza viene de dentro”. Esa percepción de desconfianza condiciona el clima general del encuentro.
Pese a todo, ningún dirigente plantea una ruptura ni cuestiona formalmente la pertenencia a la OTAN. El mensaje dominante es el de continuidad con matices: la alianza se mantiene, pero sus equilibrios internos se renegocian públicamente.
Un foro de mensajes, no de firmas
A diferencia de otras cumbres formales, la Conferencia de Seguridad de Múnich no tiene como objetivo cerrar tratados. En esta edición, el resultado más claro es la escenificación de las diferencias y la reafirmación de compromisos generales ya existentes, sin que se anuncie un acuerdo concreto, una ampliación de la OTAN o una decisión presupuestaria común.
El encuentro concluye, por tanto, con un diagnóstico compartido sobre la gravedad del contexto internacional y con la evidencia de que el debate sobre el futuro de la seguridad europea continúa abierto.