No es fácil comprender que el Gobierno español (PSOE/Sumar), que más defiende a las clases medias y bajas en esta democracia, pueda estar a punto de perder las próximas elecciones generales. Resulta aún más incomprensible cuando la alternativa (PP/Vox) presenta una enorme mediocridad política, además de ser claramente reaccionaria; de tal manera que, de llegar al Gobierno, sin duda echaría por tierra todos los avances económicos, sociales y ambientales logrados en estos años de Gobierno progresista, poniendo en riesgo los derechos y libertades democráticas.
A pesar de ello, y si observamos lo ocurrido esta semana en el ámbito de las izquierdas políticas cuando subieron al escenario para presentar sus diferentes propuestas unitarias, podemos comprender, sin duda, las principales razones de su posible fracaso. Una semana en la que pudimos ver cómo no parecen capaces de abandonar sus problemas históricos de comprensión, incluso en tiempos como los actuales. Lo cierto es que estas izquierdas nos recuerdan la fábula de la rana y el escorpión cuando este último, tras clavarle el aguijón a la rana en medio del río y sabiendo que ambos se ahogarán, se justifica diciendo: «Lo llevo en el instinto». Esto es lo que les ocurre a estas izquierdas: la división y el cainismo están en su instinto, aunque saben que serán derrotadas.
Los primeros en hacer pública su propuesta fueron Gabriel Rufián (ERC) y Emilio Delgado (Más Madrid), poniendo sobre la mesa una propuesta de unidad de las izquierdas en un frente amplio. Una estrategia que, por el momento, se reduce a que la izquierda se presente en cada provincia con el mayor número de diputados que pueda arrebatarle a la derecha, pero sin que nadie renuncie a sus siglas ni a su identidad. Esta propuesta está siendo rechazada tanto dentro de ERC (Oriol Junqueras, Joan Tardà) como de Más Madrid (Mónica García, Rita Maestre), lo que dificulta enormemente su virtualidad.
Más tarde, la nueva cara de Sumar aparecería en escena afirmando querer presentarse a las próximas elecciones generales como una coalición electoral formada por la confluencia de Izquierda Unida (IU), Más Madrid, Comúns y Sumar, apostando por presentar la misma candidatura. Una coalición electoral con grandes referentes de la nueva izquierda (Ada Colau, Alberto Garzón, Gerardo Pisarello, Pablo Bustinduy, Ernest Urtasun, Rita Maestre, Esperanza Gómez...), que presenta como una de sus bazas un trabajo conjunto en el Gobierno con resultados tangibles a favor de las mayorías sociales y que afirma querer construir:
«Un nuevo sujeto político que eclosionará en una verdadera marea a medida que se incorporen no solo el resto de las formaciones políticas de izquierda, sino también representantes sindicales, asociaciones vecinales y otras organizaciones de la sociedad civil. Tenemos que explotar y trabajar en nuevas formas de entendimiento con la izquierda plurinacional para responder a las demandas de la gente».
Sin duda, de cara a las próximas elecciones generales, esta propuesta política es la que se presenta como la más consistente y pluralista; pero, si tenemos en cuenta las experiencias vividas, se enfrenta a grandes retos: combinar unidad y pluralidad, profundizar en la democracia interna y el federalismo, definir claramente un proyecto político a medio y largo plazo, dotarse de un liderazgo potente (hay algunos de izquierdas) y conectar más con la sociedad civil. A su favor está el compromiso de las dos principales centrales sindicales estatales (UGT, CCOO) con esta alianza.
Independientemente de estas alternativas, al menos inicialmente, aparecen opciones regionalistas de izquierda como Compromís (País Valencià), Chunta Aragonesista (Aragón) y Més (Islas Baleares), que declaran su intención de «no integrarse en ningún proyecto de Estado», pero están dispuestos a «colaborar desde nuestra diversidad». A primera vista, no parecía que su incorporación a la confluencia previa fuera difícil. Adelante Andalucía es otra cuestión: una organización de dimensiones complejas que afirma: «Queremos ser quienes mejor defiendan a la clase trabajadora».
Finalmente, en este espacio político plurinacional está Podemos, que inicialmente se niega a «entrar y evaluar» la confluencia anterior, que se compromete con el mantra de «recuperar una dinámica de presión sobre el PSOE», pero cuya acción política parece estar muy marcada por diferencias personales con Sumar. Quizás el paso atrás dado por Yolanda Díaz ayude a esta organización a reconsiderar su rechazo inicial a la confluencia y a terminar uniéndose a ella. Si persevera en la soledad en la que se encuentra, el futuro puede ser aún más sombrío.
Un caso aparte son los partidos claramente independentistas (ERC, EH Bildu, BNG) que, al margen de la propuesta de Rufián y Delgado, rechazan cualquier propuesta que vaya más allá del marco regional. En ERC hay sectores relevantes (Joan Tardà) que apuestan por un Front d'Esquerres de Cataluña (ERC, Comúns, CUP, Comunistas) que, pese a ello, provoca claros rechazos en esa organización (Oriol Junqueras).
Si observamos el escenario político de la izquierda que acabo de describir, se siente una sensación de déjà vu, difícil de comprender para la mayoría de la ciudadanía; para esa mayoría social que todos dicen defender. Sobre todo porque nos encontramos en un momento político en el que la democracia, la libertad, el bienestar social, la paz y la convivencia pacífica se ven amenazadas por el fuerte auge de la extrema derecha en Occidente.
Un escenario ante el cual toda la izquierda parece coincidir en advertir sobre la gran amenaza que supondría un Gobierno español de PP + Vox: desmantelamiento de los servicios públicos de bienestar, privatización de las pensiones públicas, negación del cambio climático, persecución de inmigrantes, negación de la diversidad, retroceso en las libertades y los derechos democráticos, promoción de un españolismo más rancio y retroceso en el Estado de las autonomías, etc.
Una gran amenaza que solo puede ser derrotada —ese es el problema— si la izquierda cumple con su deber: actuar unida, acordar una estrategia común contra el totalitarismo, trabajar solidaria y fraternalmente y recurrir a la sociedad civil para forjar una alianza con ella. Para lo cual no basta con alcanzar acuerdos «desde arriba», entre las élites políticas. Tampoco bastará, como estamos viendo, con llegar al Gobierno e implementar medidas progresistas, sino que se requerirá la complicidad de la sociedad civil para afrontar con éxito los ataques de la derecha política, económica y mediática.
En España corremos el riesgo de entrar en una «larga noche de piedra» que afectará a todos los pueblos que la conforman. Por eso resulta, en parte, incomprensible que todas las izquierdas no sean siquiera capaces de presentar un proyecto común mínimo de carácter federal y progresista. Por estas razones, no se puede evitar la sensación, respaldada por la experiencia, de que en estas izquierdas hay líderes cuya ambición personal está por encima del interés general, cuyo objetivo prioritario es mantener sus privilegios y sobrevivir políticamente. Por eso creo que las izquierdas pueden perder las próximas elecciones generales. Volveré a este tema en artículos posteriores.
viernes, 27 de febrero de 2026, 16:42