Consejo de europa

 

 

La declaración sitúa la actual crisis en las fronteras orientales del continente como una prueba determinante para la capacidad de Europa de defender el derecho internacional y evitar una progresiva descomposición del orden jurídico global.

La posición institucional se formula en un momento de creciente inestabilidad internacional y subraya la necesidad de reforzar los instrumentos comunes para preservar la seguridad colectiva y la primacía de la ley frente al recurso a la fuerza.

 

Una evaluación estratégica desde Estrasburgo

El secretario general del Consejo de Europa, Alain Berset, sostiene que Oriente Próximo se desliza hacia un conflicto de gran escala en las inmediatas fronteras orientales de la institución. Según expone, mientras se producen impactos de misiles, el derecho internacional se instrumentaliza y la población civil en Irán y en el conjunto de la región asume las consecuencias directas de la violencia.

En su análisis, la actual escalada, sumada a la sucesión de crisis recientes, pone de relieve la urgencia de dotar a Europa de un marco jurídico común a nivel de los cuarenta y seis Estados miembros del organismo. Dicho instrumento, señala, debe estar capacitado para examinar las violaciones del derecho internacional, el uso de la fuerza y la aplicación de sanciones, garantizando decisiones continuas, coherentes y libres de bloqueos. Lo que anteriormente se percibía como un debate académico o político adquiere ahora, en sus palabras, una dimensión de imperativo estratégico.

 

La erosión del orden internacional

El responsable paneuropeo advierte de que la coyuntura actual no puede simplificarse en una dicotomía entre condena o respaldo, con independencia del liderazgo y de la naturaleza del régimen en Teherán. A su juicio, el sistema internacional atraviesa una fase de deconstrucción en la que los impulsos unilaterales y la primacía del más fuerte pretenden regir las relaciones entre los Estados.

En ese contexto, describe un escenario en el que el orden jurídico cede terreno frente a la fuerza y a la aplicación de dobles estándares. Reconoce igualmente que el orden internacional nunca ha sido ajeno a vulneraciones ni a la imposición de intereses por parte de potencias cuando así lo han considerado oportuno. No obstante, advierte de que los acontecimientos en Ucrania, en Gaza, en Venezuela y, bajo otra forma, en Groenlandia evidencian un deslizamiento hacia una ruptura más profunda y estructural de ese marco normativo.

 

Fragmentación institucional y límites actuales

El secretario general señala que la arquitectura de la seguridad paneuropea se ha apoyado con frecuencia en formatos ad hoc, carentes de una base jurídica compartida, de una autoridad permanente de decisión y de mecanismos que aseguren la continuidad. Esta fragmentación, afirma, resulta cada vez menos sostenible en un entorno geopolítico marcado por crisis encadenadas y escenarios de confrontación simultáneos.

Desde esta perspectiva, defiende que Europa en su conjunto debe actuar para contribuir a la desescalada del conflicto en el Golfo y, al mismo tiempo, garantizar la protección de sus ciudadanos presentes en la región. Asimismo, subraya la necesidad de insistir en el respeto al derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas como fundamento del sistema multilateral.

En su declaración, respalda los llamamientos a un cese inmediato de las hostilidades por parte de todos los actores implicados y anuncia que incorporará la escalada en Oriente Próximo al orden del día de la próxima reunión del Comité de Ministros del Consejo de Europa. El objetivo es promover una reflexión colectiva sobre la capacidad del continente para articular una respuesta coherente en el marco de una estructura jurídica común.

 

Una decisión sobre el papel de Europa

Para el máximo representante de la institución, el factor temporal resulta decisivo. Advierte de que, si no se organiza la seguridad europea ampliada dentro de una estructura jurídica permanente y vinculante, el continente continuará reaccionando ante crisis definidas por otros actores. La alternativa, sostiene, pasa por restaurar la seguridad y la autoridad bajo el imperio de la ley.

El conflicto que se desarrolla en Irán, en Israel y en el conjunto del Golfo constituye, en su planteamiento, una prueba sobre la voluntad de Europa de contribuir a configurar el orden emergente o limitarse a observar su fragmentación. La advertencia final resume el alcance de su mensaje institucional: “La inacción no es prudencia. Es abdicación.”

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