Según el informe, la producción media de los últimos años ha caído notablemente: de unas 250.000 toneladas históricas, el volumen se redujo a 178.000 toneladas en 2022 y 2023. Una tendencia a la baja que preocupa a un sector del que dependen miles de empleos directos e indirectos, especialmente en comarcas vinculadas a la ría de Arousa, Vigo o Muros-Noia.

 

Los investigadores sostienen que el modelo actual puede estar agotado y que las bases científicas sobre las que se calculó la capacidad de carga de las rías precisan una revisión. El flujo de agua entre las bateas no sería lineal, lo que “invalidaría buena parte de los estudios previos”, plantean los autores. El sistema de cultivo, uno de los más antiguos y extensos del mundo, requiere nuevas herramientas adaptadas a las particularidades físicas y biológicas de las rías gallegas.

 

Un ecosistema sensible al clima

El trabajo recuerda que la productividad de las rías depende fuertemente de los procesos oceanográficos, en particular del afloramiento costero que aporta nutrientes durante la primavera y el verano. Sin embargo, este equilibrio natural podría verse alterado por cambios en los regímenes de viento o por el aumento de la frecuencia de olas de calor marinas, fenómenos asociados al cambio climático.

 

El estudio subraya que identificar las condiciones ambientales óptimas es esencial no sólo para mantener la producción, sino también para prever su impacto en las cadenas tróficas locales. Los investigadores insisten en que Galicia debe reforzar su capacidad científica y técnica para responder con rapidez a las nuevas condiciones del océano Atlántico.

 

Tres medidas clave para asegurar el futuro

El equipo de Labarta y Zúñiga propone a la Administración gallega y las organizaciones de productores un plan de actuación estructurado en tres ejes. En primer lugar, recomiendan un análisis coordinado de series climáticas e hidrológicas, estudiando de forma conjunta los vientos, los caudales fluviales y el oleaje, con el fin de detectar posibles episodios anómalos que puedan alterar el equilibrio de las rías en los próximos años.

 

En segundo lugar, consideran imprescindible mantener las plataformas oceanográficas ya desplegadas en las rías gallegas. Estas estaciones permiten la recopilación continua de datos sobre temperatura, salinidad o corrientes, fundamentales para calibrar modelos predictivos. La pérdida de continuidad en la recogida de información, advierten, podría limitar la capacidad de respuesta ante escenarios extremos.

 

Por último, el estudio propone reforzar la investigación sobre la relación entre el alimento disponible y la fisiología del mejillón mediante un seguimiento regular del “área de aclaramiento” —una medida que evalúa cuánta agua filtran los organismos— a distintas profundidades de la columna de agua. De esta forma, sería posible conocer mejor cómo influyen las variaciones ambientales en el crecimiento y la calidad del molusco.

 

Aunque el sector mejillonero gallego mantiene su peso como tercer productor mundial, solo por detrás de China y Chile, los autores advierten de que esta posición podría estar en riesgo sin una adaptación científica y tecnológica rápida. El informe insta a fortalecer la cooperación entre instituciones públicas, investigadores y productores para responder con datos objetivos a los desafíos climáticos.

 

Por ahora, ni la Xunta de Galicia ni las principales organizaciones del sector han hecho comentarios oficiales sobre las conclusiones del informe.

 

Archivo.- Una lancha de mejilloneros frente a la Xunta de Galicia durante una protesta, a 2 de marzo de 2023, en Santiago de Compostela



 ¿Qué proponen los científicos?


Ante este escenario, Labarta y Zúñiga no se limitan a diagnosticar el problema, sino que proponen a la Administración y a las organizaciones de productores un plan de acción con medidas concretas para garantizar la sostenibilidad a largo plazo:

  1. Análisis climático integrado: Determinar la frecuencia e intensidad de los vientos anómalos que podrían perturbar el ecosistema mediante el estudio conjunto de series climáticas de vientos, caudales fluviales y oleaje.
  2. Monitorización oceanográfica continua: Mantener y reforzar las plataformas de medición en diferentes puntos de las rías para garantizar una recopilación de datos de alta calidad que permita detectar cambios hidrográficos y dinámicos.
  3. Estudios fisiológicos periódicos: Analizar la relación entre el alimento disponible y la fisiología del mejillón mediante un estudio sistemático del "área de aclaramiento" (zona donde se reduce el alimento) a lo largo de la columna de agua en diferentes sectores de cada ría.
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