Decía el escritor Charles Dickens que “la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes”. No es el caso de Donald Trump, presidente de los Estados Unidos de América. Su objetivo es hacer sentir a los demás pequeños, humillarlos y recordarles quien  es el amo del mundo.Lo que si es :el mayor autoritario que haya tenido la presidencia de esse país. No hay duda de que es así; lo demuestran sus hechos diarios. En este último mandato, ha batido todos los récords habidos en la historia de los mandatarios norteamericanos. Lo suyo es algo que solo los neurólogos y psicólogos pueden explicar de una manera profesional. Solo así puede tenerse l lo que está ocurriendo: está llevado al mundo a una guerra , si sus compatriotas no lo remedia.

La penúltima de sus fechorías es meterse con España, que la tiene entre ceja y ceja. Lo hacía delante del canciller alemán Friedrich Merz, que se encontraba en la Casa Blanca, donde había acudido para rendir pleitesía al “emperador del mundo”. Fue en ese encuentro, y delante de los medios de comunicación, que soltó, sin ninguna pregunta al respecto, que amenazaba con romper los lazos comerciales con España: “No queremos tener nada con España”. Ante esta afirmación, la callada fue su respuesta. Es la manifestación más clara de la sumisión del canciller, teniendo en cuenta que minutos antes Trump había elogiado a Merz como un hombre muy exitoso y muy popular en su país.

El problema del presidente es que con demasiada asiduidad difumina la línea que va de la realidad a la ficción. Tiene, además, la mala costumbre de catalogar a los líderes y sus países en buenos y malos, siendo el juez supremo. Mientras , para devolverle las palabras elogiosas, Merz declaraba que estaba en “sintonía” con Estados Unidos al considerar la necesidad de deshacerse de un “terrible régimen terrorista”. Esas palabras y su apoyo a Trump no son buenos ni para la unidad europea, ni para el desarrollo económico y, por supuesto, para Ucrania.

La actitud de Merz no ha gustado a la Unión Europea, que ha manifestado  su disconformidad, ni a los medios de comunicación de su país, que le han afeado su comportamiento ante las palabras del inquilino de la Casa Blanca. Las instituciones europeas no pueden permitir la injerencia y la provocación de Trump, lo que significa que “la guerra” para divir a los países europeos sigue la hoja de ruta marcadapor Trump

Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno de España, le ha plantado cara al todopoderoso Trump; lo hacía, entre otras palabras, diciendo: “No se puede jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas. España se opone al desastre de la guerra contra Irán”. El presidente Sánchez lo ha dicho alto y claro, en la línea que viene manteniendo con EEUU, cuyo presidente no quiere diálogo, sino imposición y sumisión. El presidente español ha recibido llamadas de apoyo de otros gobiernos.

Mientras en España, el PP y Vox, en un acto de patriotismo, han criticado a Sánchez y han dado su apoyo a Donald Trump, unas palabras que dejan a las claras su postura poco comprensible. En situaciones como esta, aunque no estén de acuerdo, deben apoyar al presidente de su país. Abascal tilda a Pedro Sánchez de ayatolá. Si miramos al lider de Vox, por su físico, el parecido con un ayatolá es más que evidente. Eso sin los “musculitos” de gimnasio,  no los tienen los de Irán. Su actitud  con Trump  así lo demuestra.

Que Feijóo y Abascal sigan en esa línea, y que al final Sánchez podría seguir viviendo en la Moncloa. Él ya tiene el eslogan y, además, la gente lo entiende: “No a la guerra”. No se puede estar al lado de un tirano que solo quiere vasallos. A eso no se llama patriotismo, tienen otro nombre

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