Infografía de un DAI

 

Cada primer jueves de mes, la Unidad de Cardiopatías Familiares del Hospital Universitario de A Coruña (CHUAC) abre su sala de docencia a un grupo de pacientes únicos: hombres y mujeres que conviven con un desfibrilador automático implantable (DAI) o que están a punto de recibirlo. Bajo una atmósfera cercana y sin bata blanca de por medio, comparten miedos, dudas y experiencias con especialistas y con otros pacientes que ya pasaron por ese tránsito.

 

El espacio, coordinado por el doctor Roberto Barriales Villa y la doctora Luísa Pérez Álvarez, experta en arritmias y dispositivos DAI, se ha convertido en un referente de humanización dentro del sistema público de salud gallego. Allí, las emociones cuentan tanto como las cifras médicas, y las preguntas personales encuentran respuesta sin prejuicios ni tecnicismos.

 

La Asociación Española de Miocardiopatía Hipertrófica (AEMCH) impulsa estas jornadas desde su sede en Galicia con el apoyo de pacientes veteranos, que aportan un valor difícil de medir: la empatía. Salvador Ramos Baldomir, representante de la AEMCH en el CHUAC, explica que este espacio "rompe el muro entre médico y paciente" y ofrece un apoyo que ni la medicación ni los folletos informativos pueden sustituir.

 

“Ver cómo una pareja llega temerosa y se marcha aliviada tras hablar con quienes ya viven con el dispositivo es una de las mayores recompensas”, resume el equipo organizador. No se trata de una charla académica, sino de un foro que combina educación sanitaria y soporte emocional, pensado para que nadie afronte solo el reto de portar un desfibrilador.

 

Además, la planificación incluye sesiones sobre temas técnicos relevantes, como la monitorización remota de disfunciones del DAI, la prevención de incidencias y la comunicación activa con los equipos de seguimiento. En la próxima jornada, prevista para el 2 de julio, está pendiente la confirmación de un taller práctico con la empresa Medtronic, orientado a pacientes y familiares. 

 

Los organizadores denuncian quela actividad, gratuita y mensual, afronta trabas para llegar a más pacientes por las normas de difusión hospitalaria, que limita mucho qué carteles se pueden pegar en los centros sanitarios.

 

 

Recreación de un DAI generada con IA

¿Qué es un DAI y cómo funciona?

Un desfibrilador automático implantable (DAI) es un pequeño dispositivo electrónico, parecido a un marcapasos, que se coloca bajo la piel del pecho para vigilar continuamente el ritmo del corazón y tratar arritmias graves que pueden provocar una parada cardíaca. Consta de un generador (una especie de “miniordenador” con batería y condensadores) y uno o varios cables finos llamados electrodos, que van por las venas hasta el interior del corazón y permiten detectar y enviar impulsos eléctricos cuando hace falta. Está indicado, sobre todo, en personas que han sufrido o tienen alto riesgo de sufrir arritmias ventriculares peligrosas, como taquicardia ventricular o fibrilación ventricular.

 

En cuanto a su funcionamiento, el DAI monitoriza latido a latido la actividad eléctrica cardíaca, y si detecta que el corazón va excesivamente lento puede actuar como marcapasos, estimulando suavemente para mantener una frecuencia adecuada. Cuando identifica una taquicardia rápida pero aún controlable, puede enviar impulsos rápidos y de baja energía (estimulación antitaquicardia) que el paciente casi no nota, con el objetivo de “reordenar” el ritmo sin necesidad de una descarga fuerte. Solo si la arritmia es muy grave, como una fibrilación ventricular, el dispositivo libera un choque eléctrico de alta energía que muchas personas describen como una “patada en el pecho”, capaz de restaurar en segundos el ritmo normal y evitar la muerte súbita.

 

El DAI se implanta en un quirófano, habitualmente con anestesia local y sedación ligera, a través de una pequeña incisión bajo la clavícula por donde se coloca el generador y se introducen los electrodos en las cavidades cardíacas guiados por rayos X. Tras comprobar que los cables están bien posicionados y que el sistema detecta y trata correctamente las arritmias, se cierra la herida y el paciente suele permanecer ingresado un tiempo corto. Después, el seguimiento se realiza en consultas de cardiología y, cada vez más, mediante monitorización remota, ajustando la programación del dispositivo desde un ordenador externo para alargar la vida de la batería (que suele durar varios años) y adaptarlo a la evolución de cada persona.

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