Giráldez

 

Este jueves se conmemoran dos años desde que el Celta anunció a Claudio Giráldez como responsable del primer equipo celeste, un movimiento que en su día se presentó como solución de emergencia tras la fallida etapa de Rafa Benítez y que hoy se interpreta como el inicio de una nueva era en clave deportiva, económica e identitaria para el club vigués.

 

La efeméride llega con Balaídos pendiente del duelo contra Olympique de Lyon, en el primer duelo de los octavos de final de la Europa League, una cita que simboliza el salto competitivo del Celta desde la angustia por el descenso hasta la pelea por consolidarse en el mapa europeo. En estos veinticuatro meses, el preparador porriñés ha pasado de ser un hombre de la casa a convertirse en uno de los entrenadores mejor valorados de LaLiga, seguido de cerca por entidades extranjeras con proyectos más poderosos.

 

Un Celta reconocible… y muy competitivo

Sobre el césped, el cambio ha sido profundo: el Celta ha evolucionado de un equipo frágil y dependiente del resultado inmediato a un conjunto propositivo y sólido, con una identidad táctica clara y adaptable. La idea matriz de Giráldez parte de una estructura que se mueve entre la defensa de cinco y el 3-4-3, con mucha importancia en la salida de balón, los carrileros altos y la ocupación de los espacios interiores, lo que permite al Celta alternar tramos de dominio con balón con fases en las que se repliega en bloque medio para buscar transiciones rápidas. Esta temporada, el técnico ha dado un giro más pragmático a su propuesta, retrocediendo algunos metros para juntar líneas, protegerse mejor sin balón y explotar el contragolpe, un plan que los analistas coinciden en señalar como clave para el rendimiento actual del equipo.

 

El balance competitivo respalda esa transformación: en sus 90 encuentros oficiales al frente del banquillo, Giráldez presenta una media cercana a 1,6 puntos por partido, cifras que lo sitúan entre los entrenadores más productivos de la historia reciente del club, independientemente del gusto estético por su fútbol. Desde que tomó el mando en la recta final de la 23/24 para rescatar al Celta del descenso, el equipo ha encadenado una permanencia tranquila, un regreso a Europa y una progresión ascendente que lo mantiene hoy en posiciones europeas. De hecho, desde la jornada 10 de la actual temporada, los vigueses han sumado tantos puntos que, en una clasificación parcial, figurarían como el quinto mejor equipo del campeonato.

 

En la primera media campaña bajo su mando, el Celta aseguró una salvación holgada en las últimas diez jornadas de la 23/24, estabilizándose en la zona media-baja tras flirtear con el abismo. En el curso siguiente, el conjunto celeste dio un paso más y cerró la Liga en séptima posición, accediendo de nuevo a competiciones europeas y desmontando el cliché de club condenado a sufrir hasta el final.

 

Hoy, a falta de once fechas para el cierre del campeonato, el equipo se mueve en torno al sexto puesto, muy cerca de la quinta plaza, con 40 puntos en 27 partidos y una presencia consolidada en la lucha por Europa, como reflejan los datos de las clasificaciones actualizadas.

 

El valor de la cantera se dispara

Uno de los rasgos más distintivos de este proyecto es la apuesta decidida por el talento de la cantera celeste, que ha pasado de ser complemento a convertirse en columna vertebral de la plantilla. Giráldez no se ha limitado a dar minutos puntuales, sino que ha acelerado procesos: once futbolistas formados en A Madroa han debutado en LaLiga o en Europa desde su llegada al primer equipo, a los que se suman canteranos que ya habían tenido apariciones testimoniales con otros técnicos y que ahora tienen un rol real en la rotación. 

 

Al mismo tiempo, el entrenador ha mezclado esa juventud con veteranos de peso como Iago Aspas, Borja Iglesias o Marcos Alonso para construir un bloque competitivo sin un once fijo, hasta el punto de que en 90 partidos no ha repetido alineación, lo que complica enormemente anticipar sus planes en cada jornada.​

 

Este modelo ha tenido impacto directo en la economía del club, con una revalorización patrimonial sin precedentes de los jugadores formados en casa. En apenas dos años, el valor de mercado estimado de los canteranos del primer equipo ha pasado de 9,4 a 70,5 millones de euros, impulsado por operaciones como el traspaso de Fer López al Wolverhampton pese a su escasa experiencia profesional, movimientos que han ayudado al Celta a ajustar cuentas  La apuesta ha obligado además a rediseñar la metodología de las categorías inferiores, implantando un modelo de juego alineado con el del primer equipo y reforzando el sentimiento identitario que conecta a la afición con la plantilla.​

 

El éxito de Giráldez no se explica solo desde la pizarra, sino también desde la configuración de un cuerpo técnico moderno y cohesionado que le acompaña desde su etapa en el filial. Junto a él trabajan figuras como Robert Fernández, mano derecha en el banquillo, el analista David Areal, el preparador físico Cristian Fernández y la psicóloga Laura Centoira, responsable de la faceta de coaching deportivo, un perfil aún poco común en staffs de LaLiga. 

 

Esta estructura ha permitido al Celta afinar el trabajo táctico, la preparación física y el componente mental, en un contexto en el que la exigencia competitiva y la exposición mediática son cada vez mayores.

 

Giráldez con la presidenta del Celta cuando renovó contrato

Cláusulas e interés de grandes clubes

El impacto del técnico porriñés no ha pasado desapercibido fuera de Galicia y su nombre figura ya en el radar de varios clubes europeos con proyectos ambiciosos y mayor capacidad económica que el Celta. Durante el último verano, su perfil apareció vinculado a entidades como el Athletic Club, pendiente entonces del futuro de Ernesto Valverde, y posteriormente diferentes informaciones desde Alemania apuntaron al Bayer Leverkusen como uno de los equipos que valora al gallego para su banquillo. 

 

Los rumores se han intensificado conforme el Celta ha mantenido el nivel competitivo, y en el entorno del club se asume que el actual puede ser solo el primero de muchos movimientos en torno al futuro del entrenador celeste.

 

En cuanto a su contrato, el club y el técnico han revisado las condiciones en hasta tres ocasiones desde su salto al primer equipo, endureciendo las penalizaciones en caso de ruptura, pero sin modificar la duración del vínculo, que se extiende hasta 2027, con una cláusula que permite a cualquiera de las partes poner fin a la relación en el verano de 2026.  

 

Ni el Celta ni el entrenador han detallado el monto exacto de las penalizaciones actualizadas.Esta opción se incorporó en la renovación firmada en octubre de 2024, anunciada públicamente como un acuerdo hasta junio de 2027, pero estructurada como una temporada fija más otra opcional, donde el segundo año puede cortarse mediante esta cláusula. 

 

La presidenta del Celta, Marián Mouriño, ha insistido en medios estatales en que existe una voluntad compartida de continuidad, que el entrenador es conocedor del límite salarial y de las dificultades para igualar propuestas externas, y que el aspecto económico no debería ser un obstáculo para alcanzar un acuerdo, aunque por ahora no se ha formalizado una negociación para ampliar el contrato. 

 

A día de hoy, el técnico aparece en los registros de LaLiga como uno de los entrenadores más longevos de la Primera División actual, compartiendo peldaños en esa clasificación con Manolo González y solo por detrás de referentes como Simeone, Pellegrini, Míchel, Valverde, Bordalás o Marcelino. 

 

En Vigo, el debate ya no es solo si podrá retenerse al arquitecto de esta transformación, sino cómo consolidar un proyecto que ha devuelto la ilusión a la grada y ha colocado al Celta en el escaparate europeo desde una mirada gallega, con la cantera como eje y Balaídos como escaparate de un fútbol que, por primera vez en mucho tiempo, se mira de tú a tú con los grandes del continente.

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