Si se acepta eso de que la talla moral y ética de las personas se mide en los momentos difíciles, no cabe duda de que la guerra en Irán está retratando a las derechas políticas y económicas españolas. Las razones son evidentes y basta con atender a las declaraciones de sus principales responsables que, en el caso de las derechas políticas, vuelven a poner de manifiesto cómo estas no son capaces de ajustar su legítima aspiración a gobernar con lo que más interesa al país en cada momento. Su obcecación por derribar lo antes posible a Pedro Sánchez de la Presidencia del Gobierno las arrastra a una oposición a “piñón fijo” que no pocas veces, como sucede ahora, las deja fuera de juego.
En el caso de las derechas económicas, su inmensa avaricia tampoco les permite aceptar que en momentos difíciles como los actuales, cuando puede que sea necesario hacer sacrificios, estos deberían repartirse en función de las capacidades económicas de cada cual y no ser vistos como una nueva oportunidad para seguir haciendo negocio. Varias son las evidencias de este comportamiento insolidario por parte de unas corporaciones que acaban de declarar que en el año 2025 obtuvieron beneficios extraordinarios tales que en algunos casos llegaron a los 25.000 millones de euros.
Lideran este comportamiento insolidario los oligopolios de los carburantes, que aprovecharon la situación internacional para, de manera inmediata, disparar los precios al consumidor de forma que, mientras la población sufre, estos oligopolios engordan sus ya escandalosos beneficios, que en algunos casos se multiplicaron por tres en 2025. En el caso concreto de estas corporaciones puede afirmarse con rotundidad que es pura especulación, que las subidas que se están dando en el precio del barril de petróleo no deberían trasladarse de manera inmediata a los carburantes (gasóleo), ya que estos se están fabricando a partir de un petróleo que tuvo el precio anterior a las actuales subidas. Por este motivo está claro que no son razones de mercado, derivadas de la situación de la oferta y la demanda, las que explican estas subidas inmediatas, sino la inmensa avaricia de unos oligopolistas que, seguros de su enorme poder —gracias a las famosas puertas giratorias— y apoyados en un sistema de mercado nada reglamentado que les permite subir o bajar los precios según deseen —"suben como cohetes y bajan como plumas"—, aprovechan la coyuntura de la guerra en Irán para especular desde el primer minuto. He ahí también el caso de las eléctricas que, con la justificación de la guerra en Irán, subieron a valores históricos el precio medio de la luz: avaricia y especulación.
No menos insolidario resulta el comportamiento de algunas de las grandes empresas del IBEX35. Ante los posibles problemas derivados de la guerra en Irán, lo primero que se les ocurre es pedirle al gobierno, por medio de su brazo político, la CEOE, que baje los impuestos; para nada piensan en que, por ejemplo, tocaría ganar menos (“a río revuelto, ganancia de pescadores”). Realmente confirman lo subrayado por la Ministra de Trabajo y Economía Social, la señora Yolanda Díaz, cuando declara que “las derechas españolas son como las viejas lavadoras: tienen un solo programa”. El programa de una bajada de impuestos (IVA) cuando, como señalaba antes, acaban de informarnos de que durante el año 2025 obtuvieron unos beneficios extraordinarios que quieren repetir. Tenemos así el caso paradigmático, que no único, del dueño de Mercadona, el señor Juan Roig, que en el año 2025 incrementó sus beneficios en un 25%, y que ahora amenaza con subir los precios —lo que castigaría a las familias— si el gobierno español no suprime el IVA de los alimentos.
En este contexto, las derechas políticas (PP/Vox) se apuntan a las tesis de las derechas empresariales, dejando en evidencia una nula visión de Estado, puesto que sus propuestas solo beneficiarían a un sector minoritario de la sociedad, aparte de contribuir a una posible recesión económica en un momento absolutamente inoportuno. Por otra parte, apuntarse a las opciones belicistas de Donald Trump y Benjamin Netanyahu es ir contra el sentir mayoritario de los pueblos de España, donde sus ciudadanos no quieren guerras sino paz y no se creen las mentiras de aquellos. En este marco cabe resaltar la particular posición de Vox, quien a través de su líder, el señor Santiago Abascal, pide elecciones generales al tiempo que no deja de insultar al Presidente del Gobierno con un lenguaje impropio de un dirigente político: vale la pena comparar el comportamiento de este dirigente político con el de otra de su misma ideología extremista, la señora Giorgia Meloni, primera ministra italiana, quien finalmente se sumó a la posición del jefe de gobierno español, el señor Pedro Sánchez, cuestionando la ofensiva de los Estados Unidos e Israel “por estar al margen del derecho internacional”.
Si la posición de Vox resulta absolutamente reprobable desde cualquier punto de vista democrático, aunque no debería extrañar, ¿qué se puede decir de una derecha que se declara liberal (PP) pero que se mueve a remolque de esa extrema derecha (Vox) y, en un momento internacional difícil como el actual, en vez de ponerse al lado de su gobierno (PSOE/Sumar) en la lucha por la paz y la convivencia pacífica en el mundo, busca sacar réditos de las dificultades?
Volviendo al principio: si la talla moral y ética de las personas se mide en los momentos difíciles, no cabe duda de que la guerra en Irán está retratando a muchas de las derechas políticas y económicas españolas.