Tres décadas después de que el Estado comprometiera la construcción de la autovía entre Lugo y Ourense, el interior de Galicia sigue esperando. Lo que empezó como un firme compromiso a principios de los años noventa se desmoronó con la crisis financiera y, a finales de 2025, el Gobierno abrió la puerta a dejar el proyecto en un simple corredor, volviendo a la casilla de salida.
Este lunes, el Senado debatirá una iniciativa del PPdeG presentada por sus senadores por Lugo —José Manuel Balseiro, José Manuel Barreiro y Juan Serrano— que insta al Ejecutivo central a ejecutar la autovía A-56 y a rehabilitar de forma urgente la N-540, la maltrecha carretera que hace las veces de itinerario alternativo.
El senador Balseiro defenderá la propuesta ante la Comisión de Transportes, alegando la falta total de avances en la A-56 y denunciando que, en la provincia de Lugo, únicamente funciona el tramo San Martiño-A Barrela, que fue puesto en servicio durante gobiernos anteriores. El parlamentario lucense ha expresado sus reservas sobre el verdadero compromiso del Ejecutivo, señalando que las respuestas oficiales condicionan el proyecto a un nuevo estudio integral o lo redefinen como mero corredor. Esta fórmula eliminaría la mediana de separación característica de las autovías, reduciendo la seguridad vial.
La iniciativa del PPdeG no es la única que ha llegado a las Cortes en los últimos meses. El BNG registró iniciativas en el Congreso para reclamar al Gobierno central impulsar de manera inmediata la construcción de la A-56, calificándola de infraestructura estratégica para vertebrar el interior de Galicia e impulsar el desarrollo económico y social de las comarcas interiores. El diputado nacionalista Néstor Rego también advirtió que la N-540 se encuentra en pésimas condiciones de conservación, la única vía que conecta actualmente ambas capitales gallegas.
Una N-540 intransitable
En 2024 se registraron 240 accidentes en la N-540, de los cuales 53 estuvieron directamente relacionados con el mal estado del firme, una cifra muy superior a la del periodo 2020-2023, cuando se contabilizaron 49 siniestros por esa causa en cuatro años. El deterioro acelerado de la calzada, agravado por los temporales de este invierno, ha obligado a limitar la velocidad a 40 kilómetros por hora en varios tramos.
La presión ciudadana se ha intensificado en las últimas semanas. Más de un millar de personas bloquearon ambos sentidos de la N-540 a la altura de Calde el pasado 14 de febrero. La protesta, convocada por la asociación vecinal Xuntos por Lugo, buscaba llamar la atención sobre el grave deterioro del firme y la falta de mantenimiento que convierte el trayecto en una trampa para los conductores. Este sábado, una nueva manifestación partió desde Chantada recorriendo la N-540 en dirección a A Barrela, con conductores y vecinos que denuncian los baches, socavones y señalización deteriorada.
El Gobierno central anunció en 2024 una reforma integral de la N-540 por valor de 11 millones de euros. Sin embargo, en una respuesta parlamentaria fechada el 27 de noviembre de 2025, el Ejecutivo admitió que, tras veinte meses de ejecución teórica desde el inicio formal de las obras en abril de 2024, la maquinaria apenas había avanzado. La subdelegada del Gobierno en Lugo, Olimpia López, anunció recientemente la reanudación de los trabajos en el tramo de Calde, paralizados por la adversidad meteorológica. El Ministerio de Transportes no se ha pronunciado sobre los plazos globales de la rehabilitación ni sobre el calendario de la A-56.
El sector empresarial, también en pie de guerra
La reclamación transciende lo político. Las confederaciones empresariales de Ourense y Lugo llevan años denunciando el bloqueo crónico de la A-56. El presidente de la patronal ourensana, David Martínez, alerta de una profunda preocupación ante la posibilidad de que el Gobierno sustituya la autovía por un simple corredor, algo que califica de nuevo agravio para el interior de Galicia. La Confederación de Empresarios de Galicia (CEG), por su parte, ha subrayado que la mejora de las comunicaciones es condición fundamental para la competitividad de las empresas y el desarrollo económico y social de la comunidad.
El PPdeG concreta sus exigencias en tres puntos. En primer lugar, que se mantenga el proyecto de la A-56 como vía de alta capacidad y se descarte cualquier rebaja a un corredor de menor prestación que perjudique la vertebración del territorio. En segundo lugar, que el Ministerio de Transportes presente en el plazo máximo de un mes un cronograma detallado con compromisos temporales y cuantificados para todos los tramos pendientes. Por último, que la rehabilitación integral de la N-540 quede completada en un plazo máximo de seis meses, rechazando los remiendos parciales por tramos como solución válida.
Treinta años de espera
El proyecto de la autovía acumula tal retraso que ha sobrevivido a múltiples presidentes del Gobierno sin apenas variar su fisonomía, y PP y PSOE se han convertido en los protagonistas de una historia de tímidos avances y promesas incumplidas. Desde el BNG, sus representantes en la Diputación de Ourense recordaron que la etapa del PP de Mariano Rajoy supuso años sin avances reales, calificándola de época de abandono total del interior. Los nacionalistas han reclamado consenso político para convertir la A-56 en una causa común.
Actualmente, solo el primer tramo de la variante norte de Ourense se encuentra en obras, y su finalización, que en principio se preveía para 2025, se aleja ya hacia 2027. El único tramo en servicio sigue siendo el de San Martiño-A Barrela. Con el debate en el Senado de este lunes, la presión parlamentaria sobre el Gobierno de Sánchez se intensifica desde varios frentes. El Ejecutivo central, por el momento, no ha fijado ningún calendario concreto para la ejecución completa de la infraestructura.