La guerra que estalló el pasado 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán sigue cobrando facturas energéticas a los ciudadanos de todo el mundo, y Galicia no es una excepción. Este jueves, los mercados internacionales amanecieron con nuevas subidas históricas del petróleo y del gas natural, impulsadas por una cadena de ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico que ha tensado aún más una situación ya de por sí explosiva. En apenas 72 horas —entre el viernes 6 y el lunes 9 de marzo—, el precio medio del litro de gasóleo ya se había incrementado un 11,5% en Galicia, al doble de velocidad que tras la invasión de Ucrania.  Los datos, recopilados por las propias gasolineras y remitidos al Ministerio para la Transición Ecológica, mostraron subidas del 11,1% en Lugo, del 10% en Pontevedra y del 10,2% en A Coruña, con alguna estación de servicio en Betanzos superando ya los dos euros por litro de gasóleo.

 

Este jueves la situación se agravó todavía más. El precio del gas en Europa se disparó un 25% —máximos de tres años—, mientras que el petróleo Brent escalaba hasta los 113 dólares por barril, registrando una subida de más del 5% antes de la apertura de las bolsas europeas. El barril de Brent llegó a cotizar por encima de los 114 dólares, frente a los 72 dólares que marcaba antes del inicio del conflicto, lo que supone un encarecimiento de casi el 60% en menos de un mes.

 

EL ORIGEN DE LA NUEVA ESCALADA

La causa inmediata de este nuevo repunte fue un cruce de ataques entre Israel e Irán que afectó directamente a instalaciones gasísticas de importancia mundial. Irán atacó la ciudad industrial de Ras Laffan, en Qatar, que suministra la mayor parte de las importaciones de gas natural licuado a países como Pakistán, Bangladesh e India, causando "daños extensos" según fuentes de seguridad. La empresa QatarEnergy informó de que varias de sus instalaciones de GNL habían sido objetivo de misiles, con incendios de gran magnitud y daños considerables. El ataque iraní fue una represalia directa por el bombardeo previo de Israel sobre el campo de gas de South Pars, uno de los yacimientos más importantes del mundo, compartido entre Irán y Qatar.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se desmarcó de la ofensiva israelí a última hora del miércoles. Mediante una publicación en redes sociales, aseguró que Washington "desconocía por completo este ataque" y que Qatar "no estaba involucrado de ninguna manera". Trump prometió que Israel no volvería a atacar el campo de South Pars, aunque advirtió que lo destruiría si Irán ataca "a un país inocente". 

 

 Irán, por su parte, no se ha pronunciado sobre estas advertencias de la Casa Blanca, si bien previamente había alertado de que consideraba "legítimo atacar la infraestructura de combustible, energía y gas" de sus adversarios y que el conflicto "afectará los cálculos económicos de la Casa Blanca y el Pentágono". 

 

EL ESTRECHO DE ORMUZ, LA LLAVE DEL MUNDO

Más allá de los ataques directos a instalaciones, el verdadero cuello de botella energético global es el estrecho de Ormuz, por cuya angosta vía marítima transita habitualmente alrededor de una quinta parte del comercio mundial de petróleo, además de importantes volúmenes de gas natural licuado y fertilizantes. El cierre casi total del estrecho implica que, cada día, alrededor de 20 millones de barriles de crudo quedan bloqueados y sin acceso al mercado global. Este jueves se conocieron nuevos ataques contra buques petroleros en la zona: las autoridades marítimas británicas confirmaron que un barco fue alcanzado por un proyectil a apenas cuatro millas de Ras Lafan, y otro sufrió un incendio a bordo cerca de la costa de Emiratos Árabes Unidos.

 

La casi paralización del tráfico marítimo en Ormuz ha obligado a los productores del Golfo a reducir su producción, lo que contribuye a la escalada del precio del crudo y del gas natural. Analistas consultados por medios económicos señalan que los oleoductos alternativos existentes, como el Petroline saudí, no tienen capacidad para absorber el volumen bloqueado. A esto se suma el efecto de China, el mayor comprador de petróleo iraní, que se ve forzada a buscar suministro en otros mercados, compitiendo con el resto del mundo y elevando así los precios globales.

 

LAS BOLSAS EUROPEAS, EN CAÍDA

Las repercusiones en los mercados financieros fueron inmediatas. El Dow Jones y el Nasdaq estadounidenses cerraron el miércoles en negativo, con descensos del 1,6% y del 1,4% respectivamente. En Asia, el Nikkei japonés perdió casi un 3,6% y el Kospi surcoreano cedió un 2,7%. Las bolsas europeas apuntaban este jueves a aperturas con caídas superiores al 1%, a la espera de la reunión del Banco Central Europeo (BCE), que en principio mantendrá los tipos de interés sin cambios.

 

El Gobierno central ya activó la semana pasada un plan de respuesta. El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, detalló que la gasolina ha subido un 16%, el diésel un 28% y los fertilizantes entre un 40% y un 50% desde el inicio del conflicto, y anunció que el Ejecutivo reforzará la vigilancia de los precios en las estaciones de servicio en colaboración con la CNMC para evitar prácticas especulativas. La Xunta de Galicia no se había pronunciado públicamente sobre medidas específicas para el territorio gallego al cierre de esta información.

 

En el plano internacional, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) decidió la semana pasada liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas —la mayor liberación de su historia—, con España contribuyendo con 11,5 millones de barriles. Los analistas coinciden, sin embargo, en que estas medidas ofrecen un alivio temporal mientras el conflicto siga sin resolución a la vista y el estrecho de Ormuz permanezca bajo amenaza.



 

POWERED BY BIGPRESS