Cuando el señor Pedro Sánchez, en nombre de su gobierno (PSOE/Sumar) y atendiendo a lo que era el sentir mayoritario de sus ciudadanos, se negó a sumarse a la ofensiva militar de los Estados Unidos e Israel contra Irán, las derechas españolas (PP/Vox) lo acusaron de no estar en el lado correcto de la historia por no sumarse a esa ofensiva. El escaso tiempo transcurrido ya ha sido suficiente para ver cómo la verdad se impone y cómo el Gobierno español sí situó a su país en el lado correcto de la historia.
Vale la pena que hagamos memoria de cómo empezó todo esto y de cómo los distintos gobiernos europeos, así como los partidos políticos españoles, se manifestaron al principio de una guerra que —parece necesario recordarlo— no está justificada y es un atentado contra el derecho internacional. Vale la pena hacer memoria para también imaginar dónde estaríamos los pueblos de España si el gobierno de turno (PSOE/Sumar) hubiese hecho caso a las demandas de la oposición (PP/Vox), que eran las mismas que, desde el inicio de los ataques, vienen haciendo Donald Trump y Benjamin Netanyahu a sus antiguos aliados.
El gobierno de turno (PSOE/Sumar), por boca de su presidente, Pedro Sánchez, puso como guía la legalidad internacional, defendiendo desde el primer momento la no intervención en un conflicto que no está justificado. “Entre países aliados es bueno ayudar cuando se tiene razón y también señalar cuando se está equivocado o se está cometiendo un error. En el caso de Irán es un extraordinario error que vamos a pagar y que, de hecho, se está pagando con el alza del precio del petróleo, del gas y del número de víctimas... la disyuntiva no es si estamos a favor del régimen de Irán, es de si estamos al lado del derecho internacional y de los derechos humanos. No estamos al lado del régimen iraní, pero esto no significa que se tenga que violentar el orden internacional”.
Una posición firme y valiente que, si inicialmente parecía no coincidir con la posición, por ejemplo, de los aliados europeos, finalmente logró que estos mayoritariamente la hicieran suya. Y así, desde la primera ministra italiana Giorgia Meloni, que reconocería que “los ataques de Estados Unidos e Israel están fuera del derecho internacional” y que por tal cosa Italia “no sería cómplice de la ofensiva encabezada por Estados Unidos e Israel al margen del derecho internacional”, hasta la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien daría un giro de 180 grados sobre su posición inicial para finalmente subrayar que “el compromiso de la Unión Europea con el derecho internacional es inquebrantable... la guerra en Irán no es una guerra de Europa”, rechazando el envío de tropas europeas al estrecho de Ormuz. Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, declararía en el Parlamento de su país que “el Reino Unido no participará en los bombardeos contra Irán... Gran Bretaña no se verá envuelta en una guerra a gran escala con Irán”. Finalmente, el presidente francés, Emmanuel Macron, aseguraría que “Francia no forma parte de esta guerra. No estamos en combate y no vamos a involucrarnos en ella”.
Posiciones estas de los principales mandatarios europeos que devolvieron a la Unión Europea a sus orígenes, los de una institución política que defiende la paz y la convivencia pacífica entre los pueblos. Posiciones que revalorizan el papel de Europa en el mundo y que también supusieron un gran respaldo a Pedro Sánchez como estadista de talla internacional. Un estadista que colocaba a España en el lado correcto de la historia.
En frente, una vez más, las derechas españolas que, en su obsesión por derribar al actual gobierno de turno (PSOE/Sumar), volvieron a situarse en el lado contrario para hacer el ridículo y quedar en evidencia. Por parte del Partido Popular (PP), además de acusar a Pedro Sánchez de “ser un líder sin escrúpulos y un mentiroso” (Dolores Montserrat, eurodiputada del PP), por boca de su portavoz Alberto Núñez Feijóo, justificaría los bombardeos de Estados Unidos e Israel a Irán en nombre “de la defensa de los derechos humanos” (sic) y criticaría la negativa del Gobierno porque “España debe estar junto a las democracias liberales”. Por su parte, VOX, y por medio de su eurodiputado Jorge Buxadé, criticaría a las instituciones europeas por “una política exterior que debilitó a Europa frente a las amenazas internacionales”, mientras por su parte Santiago Abascal veía “con gran esperanza la ofensiva de los Estados Unidos e Israel en Irán”.
Tras estas posiciones ha quedado muy claro qué habría pasado si en España gobernasen las derechas extremas (PP/Vox). Tendríamos una nueva edición de la foto de las Azores —ahora con Trump, Feijóo y Abascal— y España estaría embarcada en una guerra injustificada que ataca el derecho internacional. Entonces España no estaría en el lado correcto de la historia como sí lo está por la valiente posición de un presidente, Pedro Sánchez, que en este asunto cuenta con el apoyo tanto de todo el gobierno de turno (PSOE/Sumar) como de la mayoría de los ciudadanos de los pueblos de España: según el último barómetro del CIS, siete de cada diez españoles rechazan los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán.