A la sanidad pública no le pedimos la inmortalidad, le pedimos atención de calidad -hay una manifestación de SOS Sanidade Pública para reclamar esto el domingo- y, llegado el caso, una muerte digna.


 

Pacientes con ingreso en planta firmado esperando en camillas en los pasillos de Urgencias el 29 de diciembre en una imagen del Facebook de la Asociación de Pacientes y Usuarios del Chus en uno de los numerosos episodios de "colpaso" que todos los inviernos sufren las urgencias hospitalarias del SERGAS

 

Una de las primeras lecciones que aprendes en una redacción es que no todos los muertos son iguales.  

 

Importan más 40 muertos en un accidente de tren en Andalucía   que 50 ahogados entre Libia y Malta o que 19.000 niños muertos en Gaza. 

 

Pregunta narcisista, ¿hablarán de nosotros los periódicos cuando muramos?

 

Uno de los factores clave para la relevancia informativa de nuestra muerte será el dónde. Si morimos en cama, tenemos muchas menos posibilidades de protagonizar un titular que si morimos en un paso de cebra.
 

Estadísticamente, existen muchas posibilidades de que usted y yo muramos en un hospital del SERGAS. Lo cual no nos debiera conceder muchos puntos extra porque es así como mueren la mayoría de los gallegos. En una habitación de un hospital público, sedados por los médicos y rodeados de familiares y amigos.

 

En teoría, lugares y circunstancias más excepcionales deberían conceder a nuestra muerte un plus informativo. Por ejemplo, si morimos en un pasillo de urgencias después de agonizar durante horas esperando atención médica. 

 

Así murió este mes una anciana en un hospital del SERGAS en Ferrol. Tres horas en urgencias sin que la viese un médico


Cuando, tras mucho suplicar, su hijo logró que un galeno saliese al pasillo para echarle un ojo, la metieron en box de observación e inmediatamente certificaron el deceso.


Es probable que usted se esté enterando ahora, pues el caso no tuvo mucho recorrido informativo. Por lo que sea, no llegó a la portada de ningún periódico en papel y no salió en ningún Telexornal.

 

Eso sí, el hijo logró que su queja tuviera eco en la edición comarcal de un periódico y al día siguiente la gerencia del SERGAS se disculpó por la tardanza. De paso, la gerente apuntó que, dada las circunstancias clínicas de la señora, su muerte era "probablemente inevitable".

 

La señora gerente del SERGAS en Ferrol parece que anda floja en Metafísica, que no en Medicina, pues es doctora. Las muertes no son probablemente inevitables, son inevitables, a secas.  


A la sanidad pública no le pedimos la inmortalidad, le pedimos atención de calidad -hay una manifestación de SOS Sanidade Pública para reclamar esto este domingo- y, llegado el caso, una muerte digna. Que son dos de las cosas que la sanidad pública le negó a Josefa Martínez Yañez.

 

¿De quién es la culpa?  De los urgenciólogos no, se puede argumentar, pues ellos no tienen la culpa de lo que el SERGAS tildó de "situación puntual de elevada sobrecarga asistencial". Es decir, que no hubiese médicos suficientes para tantos enfermos. Por cierto, tan puntual no es, pues en 2018 murió otra persona en urgencias en Ferrol. 


La culpa tampoco sería de la gerente de la EOXI, pues, también se puede argumentar, ella no puede sacarse de la manga los médicos que tanto necesitamos los gallegos.

 

Tampoco sería del actual presidente de la Xunta, pues por mucho que le suba el presupuesto al SERGAS tampoco puede hacer brotar de la nada médicos de hoy para mañana. 

 

Aunque el problema no viene de ahora, puede que la culpa tampoco sea de los antiguos gobernantes de la Xunta y España porque cuando ejecutaron aquellos recortes - que impidieron que se contratasen suficientes sanitarios, envejeciendo la plantilla de médicos del SERGAS hasta tal punto que ahora es muy difícil rejuvenecerla-  no tenían alternativa, dado que el dinero público había que dedicarlo a rescartar a los bancos o todo el sistema colapsaría.


Uno de aquellos rescates bancarios fue para salvar a las caixas. Nos gastamos 9.000 millones en reflotar lo que hoy es Abanca. Desde su privatización, Abanca ha generado 5.000 millones de beneficios. Esta cantidad es, aproximadamente, justo todo el presupuesto anual de ese SERGAS que le falló a Josefa. 

 

Ah, por cierto, de aquellos rescates y de estos beneficios tampoco se habla en la prensa.  Por lo que sea también. 
 

Y es que al final, si nos dejamos convencer,  todo nos acabará pareciendo “probablemente inevitable”. No tendrá sentido quejarse o escribir sobre ello. Ni siquiera sobre morir en Urgencias del SERGAS sin que te vea el médico.

POWERED BY BIGPRESS