Los beneficios de Escotet en Abanca equivalen ya al presupuesto anual del SERGAS
Solo en dividendos, el banquero y su familia han ingresado personalmente casi 1.000 millones desde que adquirió Novagalicabanco, la entidad que el Estado rescató gastando unos 9.000. Además, el banquero se ha gastado en estos años otros 1.000 millones más en comprar otras entidades bancarias españolas y portuguesas.
Los resultados de ABANCA en 2025 no han sido tan espectaculares como en 2024. Con todo, siguen refrendando la magnífica jugada que se marcó Juan Carlos Escotet cuando compró Novagalicia Banco, la entidad resultante de la fusión de las caixas.
El hispano-venezolano compró Novagalicia Banco (la entidad resultado de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova que estaba bajo gestión pública tras la crisis del ladrillo) en diciembre de 2013 por aproximadamente 1.003 millones de euros en una subasta organizada por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) del Estado.
Desde entonces, Abanca ha declarado unos beneficios anuales que, con los 902 del año pasado presentados ayer, suman 5.962 millones de euros, una cantidad que supera, por ejemplo, el presupuesto del SERGAS para este año.
Si le restamos lo que invirtió en la subasta para comprar Novagaliciabanco, la operación refleja un beneficio de unos 4.979 millones de euros en trece años, casi cinco veces más que lo que se pagó por la entidad rescatada.
Apuesta por la constante compra de otros bancos
Al mismo tiempo, ha dedicado una parte de los beneficios sacados de ABANCA a la compra de otras entidades. A menudo entidades de tamaño medio o pequeño en dificultades, que fue la misma táctica que usó para hacer crecer su emporio de Banesco durante el chavismo en Venezuela.
En 2017, completó la adquisición de Popular Servicios Financieros, la rama de crédito al consumo del Banco Pastor, por cerca de 39 millones de euros, marcando su entrada en el negocio del crédito al consumo.
El grupo dio un salto internacional en 2018 con la compra de la unidad minorista de Deutsche Bank en Portugal —una red de oficinas y negocio de banca privada— reforzando su presencia en el mercado luso, aunque el importe de la operación no fue publicado. Ese mismo año, Abanca se impuso como mejor postor para adquirir el negocio en España de Banco Caixa Geral de Depósitos, cerrando la operación en octubre de 2019 por aproximadamente 384 millones de euros, lo que le aportó miles de clientes, sucursales y una mayor huella transfronteriza.
La expansión continuó en abril de 2021 con la compra de la red de oficinas en España de Novo Banco, el banco portugués, en un acuerdo notable porque Abanca pagó simbólicamente un euro por este negocio, aunque asumió los activos y pasivos, reforzando su presencia en Madrid, Castilla y León y otras regiones. Poco después, Bankoa, una entidad del País Vasco, por unos 122 millones.
En 2023, Abanca culminó la compra de TARGOBANK España —filial del grupo francés Crédit Mutuel— en una operación que supuso un incremento de cerca de 6.000 millones de euros en volumen de negocio. En la operación invirtió unos 120 millones de euros.
El movimiento más reciente y relevante se produjo a finales de 2023 / mediados de 2024 con la adquisición del banco portugués EuroBic, cerrada oficialmente en julio de 2024 y valorada por diversos medios en torno a 300 millones de euros. Esta operación convierte a Abanca en una de las principales entidades en el mercado bancario luso y multiplicó por cuatro su base de clientes en Portugal.
Así que en total, Escotet se ha gastado unos 965 millones de euros en la compra de entidades al mismo tiempo que hacía pingües beneficios con Abanca. De hecho, al menos una parte de esos 965 millones de euros proceden de los beneficios del banco gallego según se deduce de lo comunicado ayer por la entidad, cuando señaló que la caída de beneficios en un 25% de un año a otro se debió a la integración del banco luso.
Además de comprar otras sociedades, los beneficios que está consiguiendo Escotet van en parte a su patrimonio personal y familiar. No en vano él tiene aproximadamente el 85% de Abanca, un 43% a través de su participación directa y el resto a través de una sociedad familiar.
Por lo tanto, dado que la empresa indicó ayer que abonará 92,8 millones en dividendos este viernes por beneficios de 2025, se puede estimar que el banquero se embolsará, aproximadamente, unos 78 millones de euros en breve. En total, desde que Abanca empezó ha repartir dividendos -no lo hizo en los primeros años y tampoco durante la crisis del COVID- la entidad ha repartido casi 1.100 millones en dividendos (más de lo que pago por Novagalicia Banco) de los que a Escotet le corresponderían, aproximadamente, unos 970.
¿Cuánto dinero ha perdido el Estado con la venta de los restos de las caixas?
La cifra es realmente mareante y supone uno de los capítulos más costosos de toda la crisis financiera española. El Estado inyectó un total de 9.052 millones de euros de dinero público para tratar de salvar la entidad resultante de la fusión entre Caixa Galicia y Caixanova (lo que fue Novacaixagalicia y luego NCG Banco).
Lo más doloroso de esta historia no es solo el dinero que se puso, sino lo que nunca volvió. Cuando el Fondo de Reestructuración (el FROB) saneó el banco y lo dejó listo para la venta, se lo adjudicó al grupo venezolano Banesco (lo que hoy conocemos como Abanca) por 1.003 millones de euros.
Si haces la resta simple, el "agujero" o pérdida definitiva para los contribuyentes ronda los 8.000 millones de euros. Básicamente, el Estado puso una montaña de dinero para tapar las deudas y la mala gestión, y recuperó apenas una novena parte al venderlo. Fue el tercer rescate más caro de la historia de España, solo superado por el de CatalunyaCaixa y el gigante Bankia.
¿Qué pasaría si el Estado se hubiera quedado con la entidad y la hubiese gestionado tan bien como Escotet?
Esta es una pregunta que entra ya en el campo de la especulación financiera pero, teniendo en cuenta que el banquero ha declarado unos 6.000 millones de beneficios y ha invertido casi 1.000 millones de euros en adquisiciones, se puede intuir que el Estado habría sido capaz de tapar el agujero de la crisis del ladrillo en los próximos años. Eso sí, si asumimos el improbable escenario de que una banca pública fuese capaz de aplicar la agresiva política de Escotet de estos años, marcada por el cierre de entidades en el rural y la reducción de costes.
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