El nuevo año ha empezado cuesta arriba para el sector pesquero gallego. Las lonjas de la comunidad vendieron en enero poco más de 22 millones de euros en mariscos y pescados, un 16% menos que hace un año, con una caída del 12% en las capturas. El mal tiempo, la inestabilidad del mar y las lluvias continuadas están dejando huella en un sector que venía de cerrar 2025 en positivo, con un aumento global del 6% y más de 400 millones de facturación anual.
El temporal de enero no solo afectó a la actividad en puerto, sino que provocó el amarre temporal de buena parte de la flota gallega, especialmente tras las nuevas exigencias de control de la UE para embarcaciones de entre 12 y 15 metros. El parón se levantó el 19 de enero, cuando el Ministerio de Pesca acordó flexibilizar la normativa a petición del sector.
Un mar de agua dulce: el berberecho de Noia, en riesgo
A la caída de ventas se suma la preocupación por la situación del marisqueo en la ría de Noia, una de las más productivas de Galicia. Desde la entidad pesquera noiesa se asegura que entre el 70% y el 80% del berberecho ha muerto ya por la pérdida de salinidad, un fenómeno agravado por la apertura del embalse del río Tambre. La liberación constante de agua dulce, en plena época de temporales, ha reducido drásticamente las concentraciones de sal en los bancos marisqueros.
El representante del pósito reclama a Augas de Galicia y a la eléctrica Naturgy un protocolo claro para las descargas de la presa, que contemple abrir las compuertas “en pleamar y no en bajamar”, para permitir la entrada de agua salada. Calcula que si el desembalse se ajustase a ese calendario, las pérdidas de marisco podrían reducirse del 80% al 40%. Las cofradías de Noia, Muros, Porto do Son y Portosín pedirán una reunión urgente con la conselleira do Mar, Marta Villaverde, para abordar la situación.
La Xunta admite la caída de salinidad pero descarta un colapso generalizado
Desde la Consellería do Mar confirman que están “vigilando de cerca” el descenso de salinidad en los bancos marisqueros tras las intensas lluvias de enero, pero remarcan que la situación no alcanza todavía la gravedad de la vivida en el otoño de 2023, cuando las riadas provocaron una fuerte mortandad de bivalvos en toda la ría. La conselleira Villaverde se ha comprometido a mantener el seguimiento constante de las aguas y la evolución de las poblaciones afectadas.
Entretanto, los mariscadores a flote de Noia planean volver al trabajo el 2 de marzo, mientras que los de a pie decidirán en asamblea si retoman la actividad o paralizan la campaña ante las pérdidas sufridas. El colectivo teme un nuevo retroceso económico tras tres años consecutivos de caídas y advierte del riesgo para el empleo de más de 1.500 familias en la zona.