El trabajo familiar continúa siendo el núcleo del empleo femenino en el medio rural, aunque en las dos últimas décadas se aprecia una progresiva diversificación. En 2023, el IGE registró 26.564 mujeres y 37.450 hombres vinculados al trabajo agrario. De ellas, 22.659 realizaban tareas familiares, mientras que 3.905 tenían contratos asalariados, frente a los 10.659 hombres en esa categoría.
En 2003, el trabajo familiar representaba prácticamente la totalidad del empleo femenino agrícola, pero su peso ha bajado en favor de la titularidad directa y los contratos fijos. Este cambio, aunque gradual, refleja una mayor profesionalización de las mujeres en el campo.
Paralelamente, en la Administración gallega la presencia femenina creció un 30% entre 2009 y 2024, alcanzando tres cuartas partes del personal público, con especial aumento en sanidad, docencia y justicia.