Cataluña-España-Europa, Putin advierte


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Luis Moreno

Putin


Al día siguiente de la celebración del referéndum inconstitucional del pasado 1 de octubre, el Washington Post publicaba un editorial titulado: 'Catalonia held a referendum. Russia won' (Cataluña convocó un referéndum. Ganó Rusia). Conviene precisar que el artículo estaba firmado por el Consejo Editorial (Editorial Board) del diario capitalino, uno de los medios más influyentes no sólo a nivel estadounidense sino internacionalmente (valga recordar su ejemplar actuación en el caso Watergate que forzó, en última instancia, la dimisión del embustero presidente Richard Nixon).


¿Qué podría haber llevado al Post a involucrar a Rusia, y su presidente Putin, en un asunto por muchos considerado como 'interno' de España? A buen seguro la atención del cotidiano apuntaba a las implicaciones que el asunto tenía --y sigue teniendo-- más allá de las fronteras de la 'piel de toro'.


Apreciaba el diario que el asunto de la secesión de Cataluña del resto de España ofrecía una oportunidad a Moscú para dividir y debilitar al 'Occidente democrático', en expresión utilizada a menudo por la superpotencia rusa para denominar al conjunto de los países bajo la égida de EEUU. En realidad, el gran capital político de Putin en su propio país es resultado de haber articulado un discurso eficaz de orgullo nacional como superpotencia. Su gran logro como estadista habría sido neutralizar el sentimiento de depresión imperial tras la desaparición de la Unión Soviética y el subsiguiente monopolio hegemonista estadounidense. ¿Quién negaría a la Rusia del presente un rol tan relevante como podía haber tenido la URSS antes de 1989?


Exponía el Post que los tres únicos apoyos de que disponían los secesionistas catalanes para la organización del referéndum del 1-O eran el ejecutivo de Escocia (nación no independiente integrante del Reino Unido y gobernada por los nacionalistas del SNP, Scottish National Party), el gobierno de ‘parias’ (sic) de Venezuela y los aparatos rusos de inteligencia y propaganda. De los dos primeros apoyos poco más se puede decir, pero sí es oportuno ahondar en las implicaciones del tercer sostén alegado por el Post.


Vaya por delante la salvedad de que, pese a su reputada independencia de criterio y calidad informativa, el Washington Post está radicado en el federal District of Columbia, en el zona nordeste de la ciudad no lejos de donde tienen sus sedes las instituciones más representativas de los tres poderes ejecutivo, legislativo y judicial de EEUU. Es decir, en el centro geográfico de la política estadounidense (y quizá global). Se quiere significar con ello que es un medio de comunicación que se propaga desde lo que Putin denomina el 'Occidente democrático'. No debe causar extrañeza que el dirigente ruso, y lo que representan sus políticas y actuaciones internacionales, no gocen precisamente de sus simpatías.


Pero Putin ha manifestado con calculada sagacidad sus propias ideas respecto al conflicto de Cataluña y España, añadiendo un tercer ámbito de atención como es el de Europa, y más concretamente el relativo a la Unión Europa. Téngase presente que, en su momento, la UE suscribió con EEUU las sanciones auspiciadas contra Rusia tras los eventos en Ucrania y Crimea.


Según el dirigente ruso el asunto del secesionismo catalán se juzga con un doble rasero. Cuando Estados Unidos perseveró en su intento de que se propiciase la independencia de Kosovo en 2008, hasta entonces parte de la rusófila Serbia, buena parte de los países europeos pasaron a reconocer al país balcánico como nuevo estado independiente. ¿Por qué ahora no debería suceder lo mismo con Cataluña? Recuérdese que países de la UE como España, Eslovaquia, Rumania, Grecia o Chipre no reconocen a Kosovo, además de otros tan representativos como la propia Rusia, China, Brasil o la India.


No le faltan fundamentos discursivos a Putin, quien advierte que la UE ahora alineada con España en su negativa a permitir la constitución de la República catalana, "... debería haberlo pensado antes de apoyar la independencia kosovar hace ahora diez años". En la misma línea de argumento, Putin ha sugerido que si Cataluña se separa del resto de España nadie debería sorprenderse de que se multiplicasen los intentos de secesión en diferentes partes de Europa y el mundo.


Las implicaciones de la geopolítica internacional ante la posible Declaración Unilateral de Independencia de la Generalitat serían, de acuerdo a las premoniciones de Putin, perturbadoras y temibles. Según sus propias expresiones, la UE quizá haría bien en no seguir las iniciativas del Big Brother estadounidense, algo que subjetivamente interesa a la propia capacidad de influencia de Rusia en el concierto internacional de las naciones. Naciones, como la catalana, que no deben por fuerza convertirse inexorablemente en Estados como interesadamente proclaman los partidos secesionistas en el Principado.


España, como nación de naciones según escribía hace un par de años en estas páginas, debería ser capaz de articular 'internamente' la independencia (interdependencia, para decirlo con mayor precisión) de Cataluña en el seno de un legítimo y constitucional estado federal.


Algo similar a lo que pretendemos construir políticamente con nuestra necesaria Europa, más allá de los consejos provenientes del Potomac o el Moscova.



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