Vídeo | Marcos Alonso dispara la ilusión europea del Celta y manda al Sevilla al purgatorio (0-1)

El Celta de Vigo ha demostrado una vez más que sabe sufrir y golpear en el momento justo, llevándose un botín de oro de tierras andaluzas en una noche de lunes gélida y desangelada. Los de Claudio Giráldez continúan con su marcha triunfal lejos de Balaídos y, tras conquistar el Sánchez-Pizjuán gracias a un tanto desde los once metros en el ocaso del encuentro, presentan sus credenciales definitivas para pelear por los puestos continentales igualando a puntos con el Real Betis.


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Marcos Alonso celebra su gol de penalti ante el Celta
Marcos Alonso celebra su gol de penalti ante el Celta

 

El encuentro no pasará a la historia por su brillantez estética, pero sí por la confirmación de la madurez competitiva de un equipo que sabe esperar su momento. El cuadro celeste supo resistir el empuje inicial, más emocional que futbolístico, de un rival herido, para terminar imponiendo su ley en los instantes finales. La victoria coloca a los vigueses en una posición privilegiada, confirmando que la ambición europea es una realidad tangible y no una quimera para este grupo de jugadores que ha encontrado la fórmula de la regularidad.

 

La balanza se decantó cuando el cronómetro agonizaba y el empate parecía el destino inevitable del choque. Una internada de Ilaix Moriba provocó una falta ingenua de Oso dentro del área, brindando la oportunidad perfecta desde el punto fatídico. Marcos Alonso, tirando de jerarquía y experiencia, no perdonó ante el guardameta rival, ejecutando el lanzamiento con una frialdad pasmosa para firmar el gol de la victoria que silenció un estadio ya de por sí caldeado por la situación de su equipo.

 

 

 

Este resultado no es una casualidad, sino la consecuencia lógica de una tendencia que ha convertido al Celta en uno de los visitantes más incómodos de la competición. Los datos son demoledores y hablan de un bloque solidario que ha sumado trece de los últimos quince puntos en juego, acumulando seis desplazamientos sin conocer la derrota. Esta solidez a domicilio es el cimiento sobre el que Giráldez está construyendo un proyecto que mira hacia arriba sin vértigo, habiendo mantenido además su portería a cero en cuatro salidas consecutivas.

 

El guion del partido en la primera mitad estuvo marcado por la necesidad angustiosa del Sevilla, que intentó ahogar la salida de balón viguesa con una presión suicida hombre a hombre. Fue una apuesta arriesgada de Matías Almeyda que obligó al Celta a replegarse y achicar agua ante el derroche físico local. Sin embargo, ese dominio territorial de los andaluces resultó estéril, carente de veneno en los metros finales, demostrando una ineficacia ofensiva que contrastaba con la sensación de peligro que generaban los gallegos cada vez que lograban saltar la línea de presión.

 

Paradójicamente, las opciones más claras de gol durante el primer acto tuvieron color celeste, a pesar de tener menos posesión. Bryan Zaragoza obligó al portero griego Vlachodimos a realizar una intervención de mérito al cuarto de hora, pero la ocasión que verdaderamente lamentó el banquillo visitante fue la de Javi Rodríguez. Tras una asistencia medida de Moriba, el jugador no acertó a definir en lo que parecía un gol cantado, evidenciando que el Celta, incluso sometido, tenía mayor claridad en el área rival que su oponente.

 

El paso por los vestuarios y el transcurrir de los minutos jugaron a favor de los intereses gallegos. Mientras el Sevilla se desfondaba físicamente, incapaz de mantener el ritmo infernal de la primera parte, Claudio Giráldez movió sus fichas con inteligencia para revitalizar el ataque. La entrada de hombres de refresco como Hugo Álvarez y Swedberg aportó el oxígeno y la velocidad necesarios para descoser a una defensa local ya agotada. Esta lectura del partido desde la banda fue clave para inclinar el campo hacia la portería sur en el tramo decisivo.

 

Mientras el Celta vive días de vino y rosas, la derrota deja al Sevilla en una situación crítica, asomado al abismo del descenso y con una fractura social evidente en la grada. La incapacidad de los hispalenses para ver puerta es alarmante, sumando cuatro jornadas consecutivas sin anotar, una losa demasiado pesada para un club de su envergadura. El equipo local se derritió como un azucarillo tras el gol de Alonso, entregándose a la fatalidad en medio de un ambiente de crispación generalizada que benefició la gestión de los últimos minutos por parte de los gallegos.

 

 Con este triunfo, el Celta de Vigo no solo suma tres puntos, sino que envía un mensaje directo a sus competidores directos. Al alcanzar al Betis en la tabla, los olívicos se postulan como candidatos serios a viajar por el viejo continente la próxima temporada. Ahora, el reto será mantener esta velocidad de crucero y hacer bueno este triunfo en Balaídos, pero la sensación que deja el equipo es la de un colectivo granítico, solidario y con la calidad suficiente para soñar con todo tras asaltar un escenario históricamente complicado con oficio y pegada.

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