Galicia roza los 158.000 residentes extranjeros y crece al doble de ritmo que el resto de España

Los últimos datos del Observatorio Permanente de la Inmigración revelan que la comunidad sumó más de 12.600 nuevos vecinos de origen foráneo en un solo año, consolidando una transformación demográfica que ya resulta imprescindible para que Galicia no pierda población.

 


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Archivo - Trabajador extranjero
Archivo - Trabajador extranjero

 

La tierra que durante décadas exportó emigrantes hacia América y Europa está escribiendo un capítulo inédito en su historia. Al cierre de 2025, Galicia contaba con 157.743 personas extranjeras con residencia legal, lo que supone 12.627 más que un año antes, un crecimiento del 8,7% en doce meses. Ese porcentaje casi duplica la media nacional, que se situó en el 4,5% durante el mismo periodo, según los datos publicados por el Observatorio Permanente de la Inmigración (OPI), dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. La cifra no es solo un récord histórico: es el espejo de una tendencia que lleva más de una década fraguándose en silencio y que en los últimos cinco años ha tomado una velocidad sin precedentes.

 

El patrón es claro: Galicia sigue creciendo gracias a la llegada de personas procedentes del extranjero, que compensan la pérdida continuada de habitantes con nacionalidad española. Los datos del INE sitúan la población total de la comunidad en 2.726.314 habitantes a 1 de octubre de 2025, con 14.652 personas más que un año antes, un incremento que se explica casi en exclusiva por el aumento de residentes extranjeros, que ya suman 187.767, mientras la población de nacionalidad española se ha reducido en unos 6.000 efectivos. Sin inmigración, Galicia seguiría en la senda del declive demográfico que arrastra desde hace décadas.

 

La perspectiva histórica hace aún más elocuentes los números. Entre 2013 y 2025, la población extranjera con residencia legal pasó de 86.573 a 157.743 personas, un incremento de más de 71.000 residentes, equivalente a un 82% más en doce años. Lejos de frenarse con la pandemia, el crecimiento se disparó precisamente a partir de 2020, cuando las prórrogas automáticas de permisos y el posterior tirón de la demanda laboral aceleraron las llegadas.

 

El interior gallego, el que más crece

El aumento no se distribuye de forma homogénea por el territorio. Lugo y Ourense registran crecimientos superiores al 10%, mientras Pontevedra y A Coruña se mueven en torno al 8%. Las provincias del interior, más envejecidas y con mayor necesidad de mano de obra en el campo y los servicios, encabezan los incrementos relativos. En términos municipales, los mayores porcentajes de población extranjera sobre el total del padrón se concentran en la provincia de Ourense, con municipios como Oímbra, donde uno de cada cinco habitantes es de origen foráneo.

 

Desde el punto de vista de las autorizaciones de extranjería, el avance también es notable. El número de permisos en vigor pasó de 65.588 a 78.052 en el último año. Entre los tipos más frecuentes destacan las autorizaciones de residencia de larga duración, que permiten vivir y trabajar en las mismas condiciones que los ciudadanos españoles, seguidas de las temporales por arraigo, que requieren acreditar al menos dos años de estancia y vínculos familiares o integración social, y las vinculadas al trabajo por cuenta ajena o propia.

 

El peso de la inmigración en la economía gallega es igualmente destacado. Los trabajadores extranjeros representan el motor del 56% de los nuevos empleos creados en Galicia, según datos recientes, y cada permiso de residencia lleva aparejado el trabajo, las cotizaciones y el consumo de una persona que, en muchos casos, se asienta de forma permanente en la comunidad.

 

Colombia, Cuba y Venezuela lideran el giro latinoamericano

El cambio más profundo en el perfil de la inmigración gallega es el protagonismo creciente de América Latina. Colombia más que duplicó su presencia entre 2013 y 2025, pasando de 5.182 a 11.264 residentes, con el impulso concentrado sobre todo desde 2020. Cuba siguió una trayectoria similar, multiplicando por más de dos veces y media su comunidad en Galicia, hasta alcanzar los 5.046 residentes. El colectivo venezolano, que había acusado cierta desaceleración a partir de 2023, registró un crecimiento anual del 24,4% en 2025, con casi 2.800 nuevos permisos en un solo año.

 

Este fenómeno se explica en parte por la mayor facilidad para obtener documentación que tienen los ciudadanos latinoamericanos, así como por los vínculos históricos con la diáspora gallega. La memoria de aquellos gallegos que emigraron a Argentina, Cuba o Venezuela hace décadas genera hoy lazos familiares y culturales que facilitan el camino de vuelta. También es relevante el caso de Mali, cuyos residentes en Galicia casi se triplicaron entre 2013 y 2025, pasando de 158 a 453 personas, en consonancia con los flujos de refugiados hacia España.

 

En el bloque europeo, los portugueses continúan siendo la comunidad extranjera más numerosa en Galicia, con 26.514 afincados, seguidos de rumanos, búlgaros y polacos, que muestran un crecimiento más gradual y estable. La comunidad china aumentó de 2.474 a 3.594 residentes en el mismo periodo, consolidando junto a India y Filipinas un núcleo asiático en expansión, aunque todavía minoritario frente al bloque latinoamericano.

 

La Xunta ve la inmigración como una necesidad

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, calificó como "absolutamente necesario" un flujo migratorio ordenado para hacer frente al desafío demográfico, adoptando un tono pragmático en un momento en que el debate sobre inmigración ha cobrado fuerza dentro del propio Partido Popular, con algunos líderes autonómicos adoptando posiciones más restrictivas. La Secretaría Xeral da Emigración también ha valorado positivamente la evolución, destacando que 2024 fue "un ano excepcional" por el saldo migratorio positivo, al que se suman los retornos de gallegos desde el exterior. 

 

Ni el Gobierno central ni las organizaciones de defensa de los derechos de los migrantes presentes en la comunidad se han pronunciado de forma específica sobre los últimos datos del OPI. Lo que los números no dejan en duda es que la transformación demográfica de Galicia es ya una realidad estructural, no coyuntural. Detrás de cada permiso de residencia hay una persona que trabaja, cotiza y contribuye a sostener una comunidad que, sin esa aportación, seguiría perdiendo habitantes año tras año.

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