La memoria en bronce: tributo a los gallegos olvidados en los campos nazis

Tras la caída del bando republicano en la Guerra Civil, miles de gallegos cruzaron los Pirineos buscando refugio. Capturados tras la ocupación de Francia, estos hombres fueron marcados como apátridas y condenados al exterminio a través del trabajo en lugares como Mauthausen.
 


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Liberación del campo de Mauthausen Wikipedia


 


La recuperación histórica de muchos exiliados después de la Guerra Civil es un paso fundamental para la restauración de la memoria histórica que, para muchos y muchas, se quiso borrar después del conflicto fratricida. Así, dentro del paisaje urbano de algunas ciudades gallegas se está empezando a integrar las 'stolpersteine' (piedras que te hacen tropezar, en alemán), adoquines de bronce de 10 por 10 centímetros que se instalan en las puertas de los domicilios donde vivieron las víctimas antes de su exilio y posterior deportación.

Recientemente, la ciudad de A Coruña se convirtió en la primera de la comunidad en realizar un tributo de este tipo, instalando las primeras seis piezas de un total de 17 previstas para homenajear a los herculinos deportados a campos nazis. La alcaldesa Inés Rey subrayó que estas piedras permiten que las figuras de las víctimas "permanezcan para siempre con nosotros". Este esfuerzo de memoria también se ha extendido a la provincia de Lugo, donde en localidades como O Corgo se han colocado placas en honor a vecinos como Rafael Pardo Vales, en actos que los familiares describen, por su carga emocional, como un "entierro" necesario.
 

 

 

 


Este proyecto está impulsado por la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que lleva 25 años trabajando en la investigación de los represaliados. El diseño de las piezas, una creación del artista alemán Gunter Demnig, tiene una filosofía profunda: se fabrican y graban a mano, percutiendo el metal, como una contraposición directa a la "industria de matar" del nazismo, que mecanizó el exterminio.

¿Quiénes eran?
La reconstrucción de estas vidas truncadas no ha sido fruto del azar, sino de una investigación rigurosa que comenzó a tomar fuerza en 2017. Según explica Carmen García Rodeja, representante de la ARMH, el punto de partida fue el memorial elaborado por los investigadores Benito Bermejo y Sandra Checa, quienes ficharon y listaron a los españoles que pasaron por campos como Mauthausen.

La identificación de estos gallegos fue posible gracias a que la documentación del campo de Mauthausen quedó prácticamente intacta. A diferencia de otros centros donde los mandos nazis quemaron los registros antes de la llegada de los aliados, en Mauthausen los archivos que detallaban quién entraba, su origen y su nombre se conservaron, permitiendo a los investigadores actuales rastrear el origen de los deportados.
 

 

 

 

 


No se hizo nada
La trayectoria de estos prisioneros hacia los campos nazis comenzó con la derrota de la República. Muchos gallegos huyeron por mar o tierra para incorporarse al Frente Republicano y, tras la caída de Barcelona en 1939, cruzaron la frontera francesa. Allí fueron hacinados en campos de refugiados en condiciones infrahumanas, a menudo en playas sin ningún tipo de refugio.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno francés utilizó a estos exiliados como mano de obra barata, integrándolos en las Compañías de Trabajadores Extranjeros para construir infraestructuras como la Línea Maginot. Al caer Francia bajo el dominio alemán, fueron hechos prisioneros.

 

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Colocación de una de las piedras de la memoria / CRMH



En este punto, el destino de estos hombres quedó sellado por la diplomacia del régimen franquista. Aunque existen documentos y cartas que prueban que el gobierno alemán consultó a la Embajada de España en Madrid sobre qué hacer con estos prisioneros, el gobierno de Franco optó por el silencio o la negativa. La respuesta oficial fue que "no eran españoles los que estaban fuera de España". Al ser despojados de su nacionalidad, fueron deportados a los campos con la condición de apátridas, portando en su uniforme un triángulo azul con una "S" de Spanier (español).
 

 

 

 


Es importante precisar que destinos como Mauthausen no eran técnicamente campos de exterminio rápido (como las cámaras de gas masivas de otros centros), sino campos de trabajo. Sin embargo, se practicaba el "exterminio a través del trabajo": los presos eran obligados a realizar labores brutales en canteras de granito sin alimentación adecuada, muriendo de agotamiento, frío o enfermedades.

El exilio dentro del exilio
Para los pocos gallegos que lograron sobrevivir hasta la liberación de los campos en 1945, el final de la guerra no significó el regreso a casa. Mientras sus compañeros de otras nacionalidades volvían como héroes a sus países, los españoles se encontraron con que en España, Franco seguía ostentando el poder.
 

 

 

 


El retorno era imposible, ya que corrían el riesgo de ser encarcelados o ejecutados por su pasado "rojo". Muchos tuvieron que rehacer sus vidas en Francia o en otros países europeos, a menudo sintiéndose desplazados y arrastrando las secuelas físicas y psicológicas de la tortura. Solo tras mucho tiempo, algunos pudieron realizar visitas temporales a Galicia, pero siempre marcados por el dolor de décadas de silencio y olvido institucional.

A día de hoy la ARMH y la Comisión de Recuperación de la Memoria Histórica, se están editando guías turísticas y rutas que señalizan los lugares vinculados a estos deportados, devolviéndoles su lugar en la historia de la que fueron borrados. La colocación de las 'stolpersteine' es, en palabras de David Lozano, una forma de romper el estigma de que solo un grupo específico fue víctima del nazismo.

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