Maite Flores: "No podemos estar con la espada de Damocles de UDC y UVigo por Medicina"

La decisión de María Teresa Flores Arias de postularse a ser la futura rectora de la USC no se tomó "de un día para otro", sino que en los últimos años ha ido madurando esta idea ante la perspectiva de corregir la dirección que ha tomado la universidad compostelana. Maite Flores, catedrática de Óptica, recibe a Galiciapress en su despacho para responder a cuestiones como el acuerdo para descentralizar el grado de Medicina, los mecanismos que puede emplear la USC ante el problema de la vivienda en Santiago y Lugo o la polémica por su cese al frente de la Comisión Interuniversitaria de Galicia, donde valoró el trabajo hecho durante su presidencia, especialmente por los resultados obtenidos por los estudiantes en las últimas pruebas de acceso a la enseñanza universitaria. 


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Maite Flores
Maite Flores | Foto: Galiciapress

 

En primer lugar, es obligatorio preguntarle por la polémica de las últimas horas después de la decisión de la Universidad de cesarla de su cargo en la Comisión Interuniversitaria de Galicia. Desde el rectorado argumentan que la decisión se debe a la instrumentalización de esta entidad para hacer campaña y que es una cuestión de, dicen, “higiene democrática”. Usted ha recalcado que siempre ha cumplido con sus obligaciones y parece apuntar a otros motivos. ¿Cómo explica esta decisión? ¿Lo interpreta como una campaña contra su candidatura?

Cuando se habló de higiene democrática por parte del rector, no sé si por olvido o de manera intencionada se olvidó de decir que hace dos años, cuando decidí presentarme a rectora, puse mi cargo a su disposición. En ese momento él me explicó que yo no participaba en las decisiones de gobierno porque era delegada en la CiUG, pues una institución fuera de la universidad, por lo cual no consideraba que fuesen incompatibles los puestos. Más tarde, en mayo, cuando supe que había alguien del equipo de gobierno que se iba a presentar a la candidatura, volví a poner mi cargo a disposición porque se iban a iniciar las pruebas. El rector no aceptó tampoco porque, como dijo, no había incompatibilidad y me pidió que siguiese adelante con mis encomiendas. 

 

Lo hice así porque tengo mucho sentimiento institucional. Entonces, decidió cesarme. El algo que acato, aunque no me gustaron las formas, porque parecía un señalamiento como si hubiese hecho algo malo, cuando yo estoy muy tranquila de mis acciones. No era un cargo incompatible y había demostrado por dos veces que no quería aferrarme al cargo para después hacer uso en la campaña electoral. Precisamente, lo que yo le proponía, era lo contrario. De alguna forma tendría menos tiempo para dedicarme a la campaña en todo este proceso porque entre las pruebas de acceso a la universidad, más todo el proceso posterior de hacer los llamamientos para las titulaciones, resulta una carga de trabajo muy fuerte.

 

¿Jugaría en su contra, en todo caso, mantenerte en esa posición?

Exactamente. Jugaba en mi contra y por eso mismo lo puse a disposición. Aun así, cuando él me dijo que no, que me pedía que siguiese en el puesto, también entendí que había asumido un compromiso con la institución y, aunque jugaba en mi contra, decidí seguir adelante porque él así me lo pidió. Pienso que, como miembro de la sociedad universitaria, debía seguir adelante con ese compromiso.

 

 

Ya en lo que a la candidatura se refiere, usted es una persona con una amplia experiencia tanto en la docencia como en cargos de responsabilidad, como la presidencia en la CIUG. ¿Qué la motivan a dar este paso y postularse al rectorado en la candidatura ‘Un Sentir Común’? 

Esta no fue una decisión tomada de un día para otro. Llevábamos dos años trabajando, con un grupo de gente amplio, que es el grupo que está detrás de mi candidatura. De alguna forma veíamos que la universidad no estaba yendo en la dirección hacia donde tenía que ir. Me pidieron que me postulase a rectora porque conocen mis compromisos con la institución, saben que tengo un carácter muy conciliador, que tomo decisiones, que tengo un claro perfil de liderazgo… Fue, realmente, una decisión bastante inducida, no porque yo me quiera poner ninguna medalla.

 

De salir elegida, sería la primera mujer rectora. En cualquier caso, de las próximas elecciones se romperá una barrera de género en la USC. ¿Llegaría tarde un nombramiento así? ¿Es precisa una perspectiva femenina en la enseñanza universitaria actual?

Este no es un problema solamente de la universidad. La perspectiva femenina lo que hace es realzar la valía de las mujeres en estos momentos. Pienso que, como yo, muchas otras mujeres, cuando estamos en cargos de responsabilidad, ya sea aquí o como en mi caso en la presidencia de la Sociedad Europea de Óptica, parece que, de algún modo, no se sabe si estás ahí porque realmente lo vales o porque eres mujer.

 

 

¿Por la sensación de que hay que cubrir alguna clase de cupo?

Eso es. Tenemos casi un doble trabajo para demostrar que realmente estamos ahí por nuestra valía. No sé si llega tarde, aunque seguramente en 530 años de historia que llevamos pudo haber alguna otra mujer. Lo que tengo claro es que ahora las que nos estamos candidatando es porque realmente tenemos la capacidad suficiente para hacerlo.

 

Mencionó que la candidatura se vertebró ante la idea de que la universidad no iba en la dirección indicada. ¿Qué valoración hace de los últimos años de la USC con Antonio López como rector? 

Para hacer una valoración hay que comparar cómo estábamos antes y cómo estamos después. Son ocho años de mandato en los que se suponía que teníamos que avanzar y avanzar al ritmo de la sociedad, porque eso es lo que tiene que hacer la universidad, ser el motor de la sociedad, no ir al rebufo. Recientemente salieron los indicadores de cómo nos estábamos posicionando en los rankings, que es un indicador más, pero parece que desafortunadamente la USC bajó dos puestos mientras que otras universidades del sistema gallego subieron. Pienso que los hechos hablan por sí solos. Solamente hay que ir a preguntarle, y de ahí el lema de la candidatura ‘Un sentir común’, al personal de la institución, porque al final la institución no es un ente abstracto, sino que es la suma de todas y cada una de las personas que trabajamos en ella, ya sean estudiantes, ya sea PTGAS o ya sea PDI, cuál es el sentir que tiene. Y el sentir que tiene en este momento es de desilusión total.

 

¿Y esa caída de dos puestos a qué puede responder? ¿Puede ser producto de una caída de la calidad de la enseñanza?

Responde, de algún modo, a que en estos momentos sentimos que trabajamos realmente porque estamos comprometidos con la institución, pero que el gobierno no nos respalda. Es decir, por ejemplo, en el tema de investigación. Es una de las cosas que se valoran: está desestructurada, no hay un modelo claro, no hay una estructura y una apuesta por el avance de la investigación que se hacía dentro de la universidad… Sí que hay una apuesta por parte de la Xunta de los centros CIBUS, que son los centros de referencia, pero hay mucha más investigación dentro de la universidad, y ahí es la universidad la que tiene que poner los medios para acompañar y para que podamos hacer nuestro trabajo. Lo mismo con la docencia. Ahora mismo tenemos una carga burocrática muy elevada, no se hizo nada en el tema de transformación digital para incorporar las nuevas tecnologías, que no le tengo que descubrir a nadie que existe la Inteligencia Artificial, que nos está ayudando, pero nosotros, en la universidad, parece que estamos ajenos a este campo.

 

En los últimos años, al menos en lo tocante a las administraciones públicas, parece que se está haciendo una mayor apuesta por las FP que por los grados universitarios, con la imagen de que una carrera no garantiza la entrada en el mundo laboral. Desde la CiUG vivió con cierta preocupación la caída de las notas en Selectividad, lo que puede hablar de un cierto desinterés de los estudiantes. La media fue un 6,87 de nota, la quinta más baja del Estado. ¿Vive un mal momento la titulación universitaria?

En nuestra sociedad tiene que haber cabida para todo. La FP es muy necesaria. En otros países europeos también está más que implementada y la universidad también tiene su cabida. Pueden trabajar a la par. Hay mucha gente que hace una FP para después pasar a la universidad, gente que hace una titulación universitaria y luego va a alguna FP, porque son realmente titulaciones complementarias. Las dos tienen que convivir, pero la universidad tiene que hacer bien los deberes para ser una apuesta fuerte y atraer al estudiantado, por supuesto. 

 

 

Con relación a la bajada de notas en las pruebas de acceso, pienso que el año pasado, precisamente, fruto de un trabajo muy intenso que se hizo desde la Comisión Interuniversitaria para tener los modelos a tiempo -fuimos la única comunidad que estuvo a tiempo y dotamos de esas herramientas a todos los centros de enseñanza secundaria que tenemos en Galicia-, fue el profesorado, y no me cansaré de agradecerlo, el que hizo la labor, se puso las pilas y consiguió que nuestro estudiantado sacase muy buenos resultados. Yo tenía temor de que bajasen las notas, pero lo que se demostró es que tenemos una materia prima muy buena, que dando las herramientas y anticipándonos a los problemas somos capaces de alcanzar muy buenos resultados. Y los resultados nuestros fueron muy buenos, muy buenos en muchas disciplinas. Brillaron los estudiantes buenos, hubo más dieces que nunca y, después, lo que se hizo fue recuperar un poco la distribución gaussiana que perdiéramos cuando pasamos al modelo tipo COVID. Esto es un mensaje claro: si nos anticipamos, como hicimos en el caso de la CiUG donde estaba al mando en ese momento como presidenta, somos capaces de mover la sociedad. No tenemos que ir al revés.

 

"PODRÍAMOS EVALUAR SI FUE BUENO TENER TRES AEROPUERTOS..."

De un tiempo a esta parte la actualidad de las universidades gira en torno a la descentralización del grado de Medicina. Con el nuevo año parece que las aguas bajan menos revueltas, pero el acuerdo tampoco parece ser satisfactorio para todos. Usted tachó el plan de descentralización de “fracaso diferido”. ¿Qué valoración hace del resultado final?

No es un resultado final realmente, porque ahora acabamos de firmar un convenio para comenzar lo que será el trabajo de ver cómo se hace esa descentralización. La Facultad de Medicina se pronunció justo antes de Navidad de que íbamos adelante con ese acuerdo y ahora hay que materializarlo. Por mi parte, lo que tengo claro es que tenemos que trabajar de firme para no hacer tres facultades, porque tres facultades no nos llevan a ningún sitio. 

 

Hablaba de que teníamos un fracaso diferido porque hay algunas de cláusulas del convenio que son muy difíciles de cumplir. Primero, nos habíamos olvidado totalmente del estudiantado, de incorporarlo; ahora ya se reclamó desde la universidad que se tenía que incorporar a la comisión, y así se hizo. Lo siguiente que habrá que trabajar será ver los tiempos, porque en dos años no podemos obligar a nuestro estudiantado a irse a estudiar a otros sitios, con lo cual, no podemos estar todo el tiempo con la amenaza de esa ‘espada de Damocles’ que nos tienen la UDC y la UVigo de que, si no se cumplen cualquiera de los términos del convenio, van a pedir otra facultad. Tenemos que trabajar y tenemos que hacerlo bien, no lo podemos perder. La universidad fue la que puso el título a disposición en este nuevo escenario, tenemos que hacerlo bien para que no surjan tres facultades nuevas.

 

 

Esa ‘espada de Damocles’ parece que llega casi más desde los Concellos. Al final, la sensación es que el debate se volvió no tanto una cuestión académica sino política, y lo que parece permear un poquito con el acuerdo es que es resulta una barrera de contención, considerando que nadie entierra su voluntad de que, en el futuro haya una facultad en Vigo y otra en A Coruña.

Efectivamente. Pienso que es una cuestión política que se escapa a los que es nuestra gestión. Nosotros estamos en el plano académico y tenemos que trabajar por lo que pensamos que es mejor académicamente. Creo que no hay que hablar de esas tres facultades y de si van a ser mejor o peor que esto. Podríamos evaluar ahora, echando la vista atrás, si fue bueno hacer tres aeropuertos, ahora que para ir a cualquier sitio tenemos que ir a Madrid o a Barcelona para viajar. No pienso que hacer tres facultades redunde en el beneficio de nadie y lo que hay es mucha demagogia. Cada municipio decía: “Vamos a tener 100 plazas para que los chicos de A Coruña y Vigo puedan estudiar aquí". Yo, que estuve en la Comisión Interuniversitaria muchos años, sé que, como tenemos un distrito único, puede resultar que, de esas 100 plazas, 80 estén ocupadas por gente que no es de A Coruña o Vigo, y posiblemente sea lo que suceda. Esa venta de "una vez que tengamos aquí la facultad los hijos de nuestros ciudadanos van a poder estudiar aquí" es realmente incierta. Hay que ser un poco responsable con los fondos públicos y ver que tres facultades son una inversión muy grande y que, además, no va a ir hacia ningún sitio bueno.

 

Mientras sucede a este debate, la Universidad Internacional de la Empresa anuncia que incorporará más grados a su facultad de Ciencia, Tecnología y Gestión de la Salud. Enfermería para el curso que viene y Biomedicina más adelante. ¿Qué le sugiere la entrada de la privada en el sistema universitario gallego cuando vemos que hay duplicidad de grados?

Es claramente la forma de echar por tierra ese argumento que desde A Coruña decían que "tenemos que tener otra facultad en la UDC porque, si no lo hacemos, se va a imponer una facultad privada”. Pues la facultad privada seguramente se imponga tanto si se abre como si no se abre, independientemente de que nosotros tengamos más facultades. Lo que tenemos que hacer es trabajar por la universidad pública, porque somos universidad pública, y es lo único que garantiza que todos y todas puedan acceder a una formación que, de otra forma, no podrían hacerlo muchos de ellos. Tenemos que garantizar los principios de equidad e igualdad para todo el mundo. Nuestra obligación es trabajar de firme para ofrecer una docencia con mucha calidad y ser un atractivo para seguir atrayendo estudiantes.

 

 

¿Y cómo conseguirlo? ¿Cómo debe ser esa relación con la universidad privada? ¿Cómo captar a los alumnos para que no se vayan a la privada o a otras ciudades o comunidades?

Hay muchas formas de hacerlo. En primer lugar, hay que adelantarnos a los tiempos, ofrecer algo, hacer una revisión de la oferta que sea flexible y con la que nos adaptemos a los retos tanto científicos como sociales que tenemos ahora mismo encima de la mesa. Para eso, quiero destacar que tenemos una gran ventaja respecto a la universidad privada, que es nuestra investigación. El hecho de que nosotros desde muchos años llevemos a cabo una carrera investigadora que repercute directamente en la formación del estudiantado. No me gusta separar docencia e investigación, pienso que las dos cosas tienen que ir de la mano. Lo que hacemos es formar talento para la sociedad futura, y en eso tenemos una gran ventaja que no podemos dejar caer. Por suerte, esa es la herramienta con la que tenemos que jugar.

 

El papel de la investigación es un asunto sobre el que hace mucho hincapié y usted ha sido galardonada por sus trabajos en este campo. En estos años se vivió la polémica por los acuerdos de las universidades gallegas con Israel. A septiembre de 2025, la UVigo era la única de las tres que realmente había roto los lazos con Israel. La USC todavía mantenía cierta vinculación. Si sale elegida rectora, ¿cambiará la postura de la universidad con respecto a Israel y otros Estados que no respeten los derechos humanos?

Habrá que estudiar los casos muy de cerca. Lo que está claro es que nosotros, como universidad, tenemos que manifestarnos de algún modo, y tenemos que manifestarnos en contra de los genocidios y en contra de cualquier tipo de opresión. En la Sociedad Europea de Óptica tuvimos un debate tras el inicio de la guerra entre Ucrania y Rusia. La situación a analizar es la siguiente: como nación, evidentemente, no podemos permitir que hagan una opresión para con otros. Entonces, de forma global, habrá que revisar cuáles son los convenios, fuera Israel o fuera cualquier otra nación, porque ahora tenemos otros casos encima de la mesa, por desgracia.

 

 

 

Lo que sucede es que no todos piensan igual. Entonces, también es cierto —y me refiero al caso de la discusión en la Sociedad Europea de Óptica— sobre si zanjar todos los acuerdos o no con Rusia. Había muchos investigadores que, a título particular, no estaban de acuerdo con lo que estaba haciendo Rusia, estaban a favor de Ucrania, y esos acuerdos que hay entre personas, uno a uno, muchas veces establecen proyectos de investigación con personas concretas y grupos concretos que no están de acuerdo con la nación. Hay que mirar con cuidado, porque no podemos generalizar algo que no es generalizable. Lo que tengo claro es que hay que, como universidad, manifestarnos en contra de cualquier opresión y corte de libertades.

 

INVESTIGACIÓN, VIVIENDA, JUBILACIONES...

La investigación seguramente sea la diferencia más marcada entre las universidades públicas y privadas. ¿Cuál debe de ser la hoja de ruta de la USC en este aspecto?

La internacionalización. Tenemos que darnos a conocer, hacer muy buena investigación, abrir nuestras puertas hacia el exterior y abrirlas para que puedan entrar. Tenemos ya en marcha a título individual muchos programas que se están haciendo de investigación, muchos proyectos y cada vez tenemos más proyectos europeos. Apostar por la investigación no solo de los mejores, de los que ya están en centros de investigación muy reconocidos, sino que, como universidad, tenemos que apoyar mucha investigación que se hace también en ciencias sociales, en humanidades... Llevamos una vicerrectoría que integre investigación, innovación y transferencia, porque pienso que todas ellas están de la mano. Hay que apostar por eso y hacer un plan propio de investigación para ayudar a aquellos que hacen buena investigación para que puedan crecer y que puedan abrirse al mundo.

 

Imagino que una de las dificultades de ese plan será atraer a esos investigadores; tienen que tener un ecosistema adecuado para poder desarrollar su trabajo. Y uno de los problemas que enfrentarán ellos, estudiantes, profesores y demás trabajadores es la vivienda. En Santiago existe una gran desigualdad entre la oferta y la demanda de una ciudad universitaria donde los precios siguen subiendo. ¿Hay algo que pueda hacer la Universidad para ayudar a resolver esta problemática? 

No es un problema exclusivo de la USC. Tenemos que trabajarlo conjuntamente, pero la universidad también puede hacer cosas. Tenemos ahora mismo un colegio mayor cerrado desde hace años, en el que se hizo una inversión, pero donde luego se cerró la puerta. No se llegó a finalizar y se dejó muerto. Para mí eso es quemar el dinero, porque ahora las estructuras volvieron a debilitarse. Hay cosas que tenemos que hacer, tenemos infraestructuras suficientes, tendremos que trabajar conjuntamente tanto con el Concello como con la Diputación para hacer ver este problema de vivienda, que son más que conscientes de ello, y trabajar conjuntamente. Podemos hacer más cosas con la universidad.

 

 

En nuestro programa llevamos acciones específicas precisamente para que la universidad pueda servir de aval para aquellos que tienen pisos, que los puedan ofertar. En estos años se nos ha acercado mucha gente que nos dice: "Yo tengo un piso que podría ofertar para el estudiantado, pero no sé quiénes van a ser, si podría ser aval...". Tenemos que acompañarlos un poco. Y tenemos también que identificar otras posibles fuentes de vivienda, como puede ser la convivencia entre gente joven y gente mayor que vive sola, algo que ya existe, que no hay que inventar y que funciona en otros sitios. Podemos implementarlo aquí. 

 

La catedrática Maite Flores junto a su equipo
La catedrática Maite Flores junto a su equipo

 

Tenemos también alrededor de la ciudad otros espacios, poblaciones que son más pequeñas en los que trabajamos con las administraciones para mejorar los servicios de comunicación... Parece que todo el mundo entiende que en Madrid puedes vivir lejos pero aquí no, tenemos que vivir en el centro. Trabajando todos juntos podemos mejorar esto. Ahora mismo claro que es cierto que hay decisiones que se tomaron, ya no en este equipo de gobierno, sino en equipos de gobierno anteriores, de los que otras de las candidatas también fueron parte, de hacer ventas de espacios en vez de dedicarlos a vivienda. Cuando se toman decisiones y no se toman planificadamente, también hay que dar cuenta de las decisiones que se tomaron y ver dónde nos pone unos años después esta situación.

 

En el caso de esos ofrecimientos que menciona, ¿qué supondría? ¿Habría que crear una entidad o un organismo para canalizar esas oportunidades que surgen?

Ni siquiera habría que crear una entidad, seguramente con un servicio pequeño que se identifique, donde se haga un inventario de alguna forma o una oferta a la sociedad... Al final en Santiago y Lugo -aunque en Lugo no exista la misma presión que en Compostela, aunque también la hay- se puede abrir la posibilidad de que la gente se acerque a nosotros y oferte pisos en los que se pueda vivir. Esa es otra: hay estudiantes que realmente viven en sitios porque no queda otra, pero que hasta tendría dudas de calificarlo como vivienda en algunos casos. Podemos garantizar al estudiantado que las ofertas que van a recibir en esas viviendas cumplen unos requisitos mínimos que satisfagan que eso es una vivienda. Creo que no es tan complicado y es algo que se podría hacer y acompañar desde la universidad.

 

Uno de los principales retos que tendrá que enfrentar el próximo rector es la jubilación de docentes. ¿Cómo encara esta problemática?

Tenemos la problemática de jubilación de docentes y tenemos también la problemática de la jubilación del personal técnico de gestión, administración y servicios. En ambos casos, lo que tenemos que hacer es una planificación. Las jubilaciones que tenemos ya se saben que van a ocurrir —habrá otras que vengan sobrevenidas— y tenemos que planificarlas bien. Lo que no nos podría suceder es lo que está sucediendo ahora mismo: que una persona se va a jubilar, ya no se dotaron los puestos base de ese servicio porque la gente se fue jubilando y queda una persona sola en el servicio. Si se jubila esa persona y no hacemos una planificación para anticipar y dotar puestos, de forma que se haga una transferencia del conocimiento, tenemos un problema, porque la mejor forma de avanzar es avanzar desde el punto donde se está y no tener que volver al inicio y tener que volver a saber cómo funciona un servicio. 

 

Esto pasa en el PTGAS, pasa en el PDI. Cuando una persona que se dedicó durante muchos años a trabajar en la universidad e hizo su investigación, su docencia, pues la experiencia la puso en una cierta posición. Una persona que entre nueva debería de ser capaz de convivir un tiempo con esa persona para incorporar sus conocimientos y después seguir trabajando; de otro modo, lo único que va a conseguir es retroceder al inicio. Tenemos que planificarlo. Si no lo hacemos bien, corremos el riesgo de perder como universidad, y la herramienta que tenemos nosotros como universidad es toda la investigación que se hace y que nos distingue de lo que es la universidad privada. Y tenemos que ser capaces de garantizar que la universidad pública tenga las mejores situaciones para que el personal pueda dedicar tiempo a la docencia, pueda dedicar tiempo a investigación… Y reduzcamos la burocracia, porque hay burocracia que no se puede reducir, pero hay otra que sí, la transformación digital que mencioné antes, pues hay muchos procedimientos que se pueden automatizar y que ahora mismo se están haciendo de forma manual. Entonces, tenemos que tomar conciencia de que tenemos que ponernos las pilas y ser nosotros quienes llevemos la delantera, quienes seamos el motor de la sociedad y no al revés.

 

Cuando hablamos de la USC solemos a quedarnos en su campus de la capital, pero tenemos que pensar también en Lugo, hacia donde ya dirigió el foco. ¿Cuál debe ser la hoja de ruta del campus lucense? ¿Cuáles son sus mayores urgencias? 

El campus de Lugo sufrió mucho en estos últimos años. Es cierto que la situación del campus de Compostela y del campus de Lugo son diferentes, también en la relación con la ciudad, porque de algún modo en Santiago siempre hubo universidad desde que recordamos, porque tiene 530 años. En Lugo no, todavía estamos vivos los que vemos las diferencias entre qué pasaba en la ciudad antes y después de tener universidad. Sin embargo, en estos últimos años hubo muchas acciones que se hicieron para que el campus de Lugo se sintiese maltratado, algunas casi simbólicas como quitar la vicerrectoría del centro de la ciudad, una decisión que se tomó en este equipo de gobierno, pero que algunos de los miembros que van con otras candidaturas también lo apoyaron y salieron en redes en su momento... ahora parece que hacemos borrón y cuenta nueva y no nos acordamos de eso. Me pregunto qué pasaría si en Compostela, de repente, decidiéramos que la rectoría no va a estar ya en el centro neurálgico de la ciudad, sino que la vamos a traer aquí, donde tenemos la facultad de Física, por ejemplo, que está en la zona más alejada del campus. Pues seguramente todos nos echaríamos las manos a la cabeza. Y allí no sucedió, se tomó esa decisión que es representativa y simbólica, y parece que no pasaba nada. 

 

 

No tenemos muchos puestos, no tenemos atención a la salud, no tenemos espacios deportivos... Pienso que es una obligación también que nosotros podamos facilitar al estudiantado que tengan una vida deportiva. Yo insisto en esto porque soy deportista desde siempre y me parece que es salud, no solamente física, sino salud mental, y aporta muchos valores y aporta una sociedad mucho más saludable. Que un estudiante que se matricula en Compostela o se matricula en Lugo, cuando son la misma universidad, tengan unos derechos o una oferta tan diferenciada, pienso que tenemos que solventarlo. Tenemos que empujar para que el campus de Lugo sea motor también y no se sientan, como decía un día, sucursal, como algunos dicen sentirse. 

 

Hay muchas cosas por mejorar en Lugo: infraestructuras, formación del profesorado... Hay cosas que no podemos permitir, en las que tenemos que planificar. No se podrá hacer todo en un día, pero tenemos que trabajar para que esos centros, que son muy buenos y son específicos además del territorio, sigan manteniéndose vivos y sean también un motor para la ciudad de Lugo y para nuestra comunidad.

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