Pablo Insua, de poder pelear el regreso a Primera del Dépor a intentar no descender con el Real Zaragoza
El de Arzúa, insistente rumor en el verano del club blanquiazul, vive una situación dramática en la capital de Aragón.
Qué diferente sería hoy la vida de Pablo Insua si en verano, donde tanto se especuló con su regreso a casa, hubiese cristalizado su fichaje por el Deportivo de La Coruña. Por entonces Antonio Hidalgo reclamaba un central para completar la zaga y el experimentado canterano se antojaba como una realidad para los blanquiazules, pues no tenía sitio en un Granada que le enseñó la puerta de salida. En vez de volver a Galicia, volvió a Aragón, donde había hecho carrera en un Huesca que ascendió dos veces, pero esta vez en el eterno rival, el Real Zaragoza, equipo que pena en última posición y que hoy parece condenado a un descenso traumático.
LA PESADILLA DEL DESCENSO
No era la historia que esperaba Insua cuando eligió Zaragoza y no A Coruña. El central llegaba a la capital maña con el propósito de apuntalar la retaguardia de un equipo histórico y que, sin embargo, lleva años sumido en una depresión de resultados y de proyectos. Con Gabi parecía que iban a construir algo más que interesante, pero pronto se vio que a los blanquillos les hace falta una reestructuración total para remontar el vuelo.
Hoy, después de 28 jornadas, solo han conseguido sumar 24 puntos y son últimos de la tabla, a ocho puntos de una salvación que hoy ocupan Real Valladolid y Granada, otros históricos en horas bajas. Pero nada tan bajo como la escuadra zaragocista, nómadas lejos de La Romareda esta temporada y con un pie en Primera RFEF.
Supondría una caída a los infiernos similar a la que vivió el Deportivo en 2020, pero más grave todavía si tenemos en cuenta que la última vez que el Zaragoza estuvo por debajo de Segunda fue en la temporada 1948/49, cuando todavía existía Tercera en lugar de la también extinta Segunda B.
INDISCUTIBLE
Insua ha sido hasta ahora insustituible en el Zaragoza, donde, salvo una suplencia ante el Ceuta al poco de llegar a la ciudad, solo ha estado ausente por acumulación de tarjetas o por la expulsión ante el Andorra por la que se perdió el choque contra el Burgos de la pasada jornada.
Los mañicos estrenan entrenador tras la destitución de Sellés y el gallego podría volver al eje de la zaga este viernes contra el Cádiz en otro duelo decisivo: si no acompañan los resultados esta jornada, la salvación puede irse por encima de las tres victorias de distancia, un margen demasiado grande para el farolillo rojo, que este año solo consiguió en una ocasión encadenar cuatro jornadas sin perder. Su última victoria en estos momentos data del 10 de enero, casi dos meses sin celebrar un solo triunfo.
El de Arzúa, al igual que Dani Tasende, de Coristanco, pelea por evitar que los leones caigan al pozo, una situación inédita para el central desde su debut con el Dépor hace ya más de una década en una carrera llena de ascensos a Primera División, pero también sufriendo la cara amarga del fútbol con las lesiones y alguna que otra vez que se vio relegado a una categoría inferior en sus años en el Alto Aragón. Ahora se enfrenta al reto más grande de su carrera, justo cuando el Deportivo pugna por llegar a Primera. El cielo y el infierno chocan en la trayectoria de Insua.
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