A Coruña dice adiós al Mundial 2030: Riazor se queda sin su gran transformación
La ciudad herculina renunciará mañana a ser sede de la Copa del Mundo que celebrarán conjuntamente España, Marruecos y Portugal, tras ser incapaz de satisfacer las exigencias económicas y de infraestructura impuestas por la FIFA para reformar Riazor y convertirlo en un estadio de más de 40.000 espectadores. Inés Rey, la alcaldesa, y el presidente del Deportivo y dueño de Abanca, comparecen mañana.
El sueño mundialista de A Coruña tiene los días contados. La alcaldesa Inés Rey y el presidente del Deportivo, Juan Carlos Escotet, se reunirán este lunes a las diez de la mañana en el Palacio de María Pita para anunciar formalmente la retirada de la candidatura de la ciudad como sede del Mundial 2030. La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ya daba por muerta la candidatura desde el fin de semana, después de que los contactos entre ambas instituciones aceleraran hacia un único destino: la renuncia. La filtración llega, además, justo antes de que la delegación de la FIFA tenía previsto visitar la ciudad este miércoles 18 de marzo, una cita que ya no tendrá razón de ser.
La noticia no supone una sorpresa para casi nadie. Desde hacía semanas, en la federación sabían de manera extraoficial que la candidatura coruñesa había dejado de trabajar en la preparación de esa visita técnica. Sin embargo, nadie comunicó oficialmente la situación, algo que generó un malestar evidente en los emisarios de la FIFA y de la propia RFEF, que se quedaron sin interlocución en A Coruña para conocer sus intenciones reales.
Las cifras que imposibilitaron el proyecto
Riazor era el eje central de un proyecto mundialista que, como ya sucedió con La Rosaleda de Málaga en julio de 2025, no ha logrado superar el obstáculo de las exigencias de la FIFA. La normativa del máximo organismo del fútbol mundial obligaba a que el estadio coruñés alcanzase una capacidad superior a los 40.000 espectadores para poder albergar partidos de la fase de grupos. Una ampliación cuyo coste se estimaba en torno a los 100 millones de euros.
Pero el estadio no era el único frente. La FIFA exigía que el 8% de los asientos, es decir, unas 4.000 localidades, fuesen destinadas a hospitalidad. El recinto debía disponer también de al menos 2.000 asientos VIP, una sala de hospitalidad de afiliados a menos de 300 metros del perímetro exterior y zonas de aparcamiento con capacidad para 5.000 plazas. Los estadios, además, debían estar totalmente terminados en 2029, un año antes del torneo. El modelo de financiación nunca quedó claro, y desde el Deportivo se criticó públicamente que no se pusiera sobre la mesa un plan económico viable.
Hay que tener en cuenta que Riazor es municipal y, por lo tanto, debiera ser el Ayuntamiento quien pagase la reforma. Salvo, claro está, que la pagase el dueño del club, Juan Carlos Escotet, dueño de Abanca, uno de los hombres más ricos de España, a cambio de quedarse con el estadio.
Más allá del estadio: los requisitos de ciudad
La FIFA no solo evaluaba el estado del campo. A Coruña cumplía en teoría esos otros requisitos figuraban la existencia de tres hoteles de cinco estrellas, centros médicos y hospitales situados a menos de 40 kilómetros, una red de transporte eficiente y un aeropuerto de pasajeros en ese mismo radio de distancia. En el caso de Alvedro, la distancia es de apenas 13 kilómetros, un punto a favor de la candidatura.
El proyecto también contemplaba dos zonas de celebración para aficionados, las denominadas FIFA Fan Festival, que se ubicarían en la Marina, Dársena y O Parrote, y en el muelle de Calvo Sotelo. Ambas superarían los 40.000 metros cuadrados y podrían albergar entre 16.000 y 17.000 personas, situadas a entre tres y cuatro kilómetros del estadio. En materia de comunicaciones, se ponía en valor la posible llegada de la Alta Velocidad a la ciudad como elemento diferenciador de la candidatura.
El golpe para la RFEF y el nuevo mapa de sedes
La renuncia de A Coruña es un contratiempo importante para la federación española, que ya había evaluado positivamente el trabajo de cuatro años realizado por el equipo liderado por el concejal Gonzalo Castro.
España presentó en julio de 2024 once estadios de nueve ciudades. Con la caída de Málaga primero y ahora A Coruña, el mapa de sedes queda debilitado. La federación trabaja para incorporar nuevas ciudades, y Valencia emerge como la favorita para ocupar el hueco. El club levantino avanza en la construcción de su nuevo estadio, con capacidad para más de 70.000 espectadores, y ya ha remitido un completo dossier a la FIFA. El presidente de la RFEF, Pedro Louzán, no ocultó su optimismo con la candidatura valenciana.
Vigo mira, pero tiene el camino cuesta arriba
Mientras tanto, en Galicia surge la pregunta inevitable: ¿podría Vigo tomar el relevo? El alcalde Abel Caballero no ha perdido ocasión de reivindicar Balaídos como sede mundialista, aunque el estadio vigués está en obras desde 2015 y su aforo actual no alcanzaría los mínimos exigidos. El estadio vigués no llega a 25.000 plazas. La ampliación, por lo tanto, debería ser muy ambiciosa.
Caballero asegura que el consistorio asumiría los 60 millones de euros necesarios para levantar una nueva tribuna, incluso sin el apoyo de la Xunta ni de la Diputación. Sin embargo, la capacidad financiera real de un ayuntamiento para asumir un gasto de esa magnitud genera dudas entre los expertos.
En A Coruña, el proceso de renuncia se redacta ahora con cuidado, buscando las palabras que minimicen el daño ante la opinión pública. El modelo a seguir es el de Málaga, donde el alcalde Francisco de la Torre presentó la retirada como un acto de prudencia, no de fracaso. En cualquier caso, Riazor sí acogerá el amistoso de la selección española ante Irak el próximo 4 de junio, previo a la concentración mundialista del equipo de Luis de la Fuente en Tennessee, lo que supone un pequeño consuelo para una ciudad que soñó con repetir la historia del 82.
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