Los socorristas gallegos se preparan para el verano con déficit de profesionales como telón de fondo
Con las pruebas de selección a punto de arrancar en varios municipios, la comunidad con más kilómetros de costa de España afronta una nueva temporada estival en la que la cobertura de plazas mejora levemente, aunque sigue sin resolverse del todo. La formación, la dispersión normativa y la gestión privada en algunos ayuntamientos marcan el escenario previo al verano.
Quienes aspiran a trabajar como socorristas este verano en Galicia ya están entrenando para afrontar las pruebas de selección que algunos ayuntamientos tienen previsto convocar en las próximas semanas. El proceso no es uniforme en toda la comunidad: mientras ciertos municipios gestionan directamente sus contrataciones, otros han cedido ese papel a empresas privadas. Este mosaico de modelos convive con una realidad que se repite año tras año: hay más demanda de profesionales que candidatos disponibles, aunque la tendencia apunta a una cierta mejoría.
Así lo ha explicado a Europa Press Nuria Rodríguez, presidenta de la Federación de Salvamento y Socorrismo de Galicia, quien describe la situación de cara a este verano como de "ligera mejoría" respecto a temporadas anteriores. Un avance que, sin embargo, no oculta que el déficit de socorristas sigue siendo una realidad en algunas zonas. El perfil de estos profesionales es mayoritariamente masculino y joven, con una edad media de entre 20 y 25 años, y su situación laboral ha dado un paso adelante: ahora tienen la consideración de fijos discontinuos, en cumplimiento de la legislación vigente.
La presidenta de la Federación señala que la normativa actual es "mejorable" y defiende que quienes ya han trabajado en temporadas anteriores demuestren las mismas condiciones físicas que los nuevos aspirantes. El objetivo sería evitar que algún profesional relaje su preparación entre temporadas, algo que en una actividad con tanta exigencia física puede tener consecuencias.
Cómo se cubren las plazas
El sistema de cobertura habitual consiste en contactar primero con los socorristas que ya trabajaron en años anteriores para que confirmen su disponibilidad. Solo entonces se sacan a concurso las plazas que quedan vacantes. En A Coruña, por ejemplo, las pruebas de acceso a las playas suelen celebrarse a finales de mayo o principios de junio. Municipios del área metropolitana coruñesa como Oleiros tienen convocatorias a punto de publicarse. Otros, en cambio, han optado por dejar una bolsa de candidatos preseleccionados para cubrir necesidades puntuales, al margen del proceso selectivo ordinario.
Donde la gestión se ha externalizado, es la empresa contratada la que organiza y ejecuta todo el proceso de selección, sin intervención directa del ayuntamiento. Este modelo, cada vez más extendido, también lo ensayan municipios como Vigo o Sada, y puede facilitar la cobertura pero genera disparidades en condiciones laborales. Los socorristas no cobran igual en todos los ayuntamientos, lo que lleva a muchos a presentarse a varias convocatorias simultáneamente para decantarse después por la que más les convenga.
La Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp) lleva tiempo canalizando las demandas de los ayuntamientos, entre ellas una mayor homogeneización de las condiciones laborales y la publicación más anticipada de las ayudas de la Xunta para contratar socorristas. En la última temporada, esa partida fue de 1,5 millones de euros, una cifra que los municipios consideran insuficiente.
El reto de la formación
Uno de los nudos del problema ha sido históricamente el modelo formativo. En España, cada comunidad autónoma regula el acceso a esta profesión de forma distinta. El único denominador común a nivel estatal —y europeo— es el certificado de profesionalidad, que implica 420 horas de formación y habilita para trabajar en cualquier país de la Unión Europea. Una exigencia que durante años frenó el interés de muchos jóvenes por la profesión.
Galicia tomó cartas en el asunto y aprobó su propio decreto autonómico, que permite acceder al ejercicio profesional en la comunidad con un curso de 120 horas que cubre tanto playas como piscinas. Este itinerario incluye ser mayor de edad, tener la ESO y superar una prueba práctica de natación. Los contenidos abarcan natación, prevención de accidentes, técnicas de rescate y primeros auxilios. La Federación imparte estos cursos a lo largo de todo el año, y algunos ayuntamientos completan la oferta con formación específica propia.
En febrero de este año, el Diario Oficial de Galicia publicó la resolución de la Academia Galega de Seguridade Pública (Agasp) para convocar seis ediciones de cursos de socorrismo acuático. Podrán participar personas mayores de edad con título de Educación Secundaria Obligatoria que no estén ya inscritas en el Registro Profesional de Socorrismo de Galicia. La convocatoria también incluía cursos de reciclaje para quienes quieran renovar su inscripción en dicho registro . Además, se reserva el 30% de las plazas para voluntarios de protección civil y el 50% para mujeres en los cursos donde estén infrarrepresentadas, en aplicación de la ley de igualdad gallega.
Un problema estructural con mejora gradual
Los resultados de los cambios normativos empiezan a notarse. Galicia cerró la pasada temporada con 4.559 socorristas inscritos en el registro oficial de la Consellería de Presidencia, la cifra más alta de la historia y un 13% por encima del año anterior. Ese crecimiento se atribuye en parte a la apertura de la formación a entidades privadas, que en el último año habilitaron a unas 300 personas, mientras que la Agasp reforzó su oferta con doce cursos frente a los nueve del año anterior .
Sin embargo, el número de inscritos no siempre se traduce en plazas cubiertas. El encarecimiento del alquiler en las zonas de costa durante el verano dificulta que socorristas de otras comarcas puedan desplazarse y alojarse en los municipios que más los necesitan. El 80% de los ahogamientos en Galicia se producen en zonas sin socorristas , lo que da una dimensión real del riesgo que supone dejar arenales sin cobertura.
La Xunta no se ha pronunciado sobre si prevé ampliar la dotación económica para los ayuntamientos de cara a esta temporada. Tampoco lo han hecho los grupos de la oposición en el Parlamento gallego. Lo que sí está claro es que Galicia, la comunidad con más kilómetros de costa de España y la tercera con más banderas azules, no puede permitirse otro verano sin respuestas estructurales a un problema que, temporada tras temporada, vuelve a ponerse sobre la mesa.
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