Cambio de hora este domingo: a las 2 de la madrugada serán las 3
Esta madrugada los relojes se han adelantado una hora en toda España: lo que para muchos es un simple incordio es, para los expertos, el síntoma de una discusión europea que lleva años enquistada y que Bruselas no termina de zanjar
En la madrugada del sábado al domingo 29 de marzo, los relojes se adelantaron una hora cuando las 2:00 marcaron las 3:00, dando inicio al horario de verano que se mantendrá hasta el último domingo de octubre. El cambio llega, una vez más, con la controversia bajo el brazo: científicos, asociaciones y el propio Gobierno de España discrepan sobre si esta práctica debería continuar o eliminarse de una vez por todas. Entre las voces que reclaman mantenerla figura la de un investigador gallego.
El físico Jorge Mira, de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), lidera junto al sevillano José María Martín Olalla un estudio que defiende el cambio de hora como un mecanismo de adaptación al entorno natural. Para Mira, la razón de fondo no es el ahorro energético sino lograr que la actividad humana se ajuste lo mejor posible al ciclo solar a lo largo del año. El catedrático compostelano subraya que el debate europeo debería preservar una legislación y un ritmo comunes para todos los países miembros, sin romper la coherencia del espacio compartido.
Mira Pérez reconoce que la medida tiene distinto impacto según la latitud: en Finlandia, donde parte del territorio pasa de la oscuridad total en Navidad a la luz permanente en verano, el ajuste de una hora arriba y abajo apenas resulta compensatorio. En España, sin embargo, la diferencia en la hora de salida del sol entre junio y diciembre ronda las tres horas, lo que hace que el cambio estacional tenga una utilidad práctica mucho más tangible.
La ciencia, dividida
El físico sevillano José María Martín Olalla comparte el diagnóstico de su colega gallego. Martín Olalla sostiene que el cambio horario permite regular cómo la actividad humana se adapta a las distintas estaciones, y señala que el resultado práctico es disfrutar de tardes más largas en verano, algo que lleva funcionando más de un siglo en Europa. También apunta a que siempre ha visto con buenos ojos que exista cierta flexibilidad en el enfoque europeo: que lo que funcione para unos no tenga que imponerse a otros.
A este coro científico se suma Martín Perea, director del Máster en Energías Renovables de la Universidad Europea, quien apoya la continuidad del sistema por razones ligadas al modo de vida que se ha consolidado en España durante las últimas décadas. Perea advierte de que en los últimos cincuenta años se ha construido todo un modelo de ocio que podría verse afectado si se elimina el cambio horario, un sector de especial peso económico en nuestro país. Este experto también considera que el Gobierno de Pedro Sánchez debería concretar qué horario propone para España, algo que hasta ahora no ha hecho de manera explícita.
Sin embargo, no todos los científicos comparten esta posición. Mira Pérez advierte de que imponer un horario fijo sin tener en cuenta el ciclo solar tendría consecuencias prácticas relevantes, y llega a comparar la situación con lo que ocurría en los años 60, cuando comercios y empresas establecían por su cuenta distintos horarios según la época del año.
ARHOE apuesta por el horario de invierno
Frente a quienes defienden mantener el cambio bianual, la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE) tiene una postura clara y diferente. Su presidente, César Martín, lleva años reclamando que España adopte de forma permanente el horario de invierno. Desde ARHOE consideran que ese es el mejor horario posible, especialmente desde el punto de vista de la salud, y que habría que seguir presionando en el Consejo Europeo para que la decisión avance, dado que ningún Estado miembro puede actuar por su cuenta en este asunto.
El Parlamento Europeo retomó esta semana las conversaciones sobre el futuro del cambio de hora a través de una conferencia que recupera un debate interrumpido en 2020 por la pandemia de la COVID-19. Según la subdirectora de la organización internacional Time Use Initiative, Ariadna Güell, el paso más complicado sigue siendo el Consejo de la UE, donde no basta con decidir si se mantiene o elimina el cambio: también hay que consensuar en qué horario queda cada país. Güell advierte de que una cosa es aprobar y otra, implementar, y que el calendario final depende de la voluntad política.
El debate en la UE lleva años estancado. En 2018, el Parlamento Europeo votó por amplia mayoría suprimir el cambio de hora, pero el Consejo Europeo pospuso la decisión a la espera de un consenso entre los Estados miembros. Países como Finlandia, Alemania y Francia se han mostrado favorables a eliminar el sistema, mientras que otros mantienen reservas por razones geográficas y de sincronización económica.
España presiona, Bruselas no avanza
El Gobierno de Pedro Sánchez intentó reactivar el debate el pasado octubre llevando al Consejo de ministros de Transporte, Telecomunicaciones y Energía de la UE la propuesta de acabar con los cambios estacionales. La iniciativa española pretendía aprovechar la ventana de oportunidad que se abría de cara a 2026, cuando vence el calendario europeo de cambios de hora aprobado cada cinco años. El argumento del Ejecutivo se apoyaba en tres pilares: el respaldo mayoritario de la ciudadanía española y europea, la falta de evidencia científica que acredite un ahorro energético significativo y los efectos negativos documentados sobre la salud.
El comisario europeo de Transportes, Apostolos Tzitzikostas, y el de Energía, Dan Jorgensen, respaldaron estudiar la cuestión en profundidad, y los servicios comunitarios iniciaron un análisis sobre las implicaciones legales y prácticas de una eventual reforma. No obstante, desde entonces no se han producido avances concretos. El parlamentario irlandés Seán Kelly es el principal impulsor en el Parlamento Europeo de la eliminación del cambio horario, aunque las fuentes consultadas advierten de que los plazos dependen de una voluntad política que, por ahora, no acaba de cristalizar.
Así las cosas, si el Consejo no aprueba la supresión a tiempo, el calendario actual se prorrogará automáticamente y España seguirá adelantando en marzo y atrasando en octubre. El debate sobre el huso horario —España lleva décadas usando el mismo que Alemania, heredado de la época franquista, cuando geográficamente le correspondería el de Portugal o el Reino Unido— tampoco ha avanzado. Una comisión de expertos convocada en 2018 no llegó a ninguna conclusión vinculante al respecto. La decisión, como tantas otras en Bruselas, sigue a la espera.
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