A Limia, el santuario gallego de la cigüeña blanca con casi 200 parejas reproductoras
La asociación Amigas das Cegoñas y los vecinos de Maceda han creado la primera ruta de observación de esta especie en Galicia, en un momento en que el norte peninsular registra cifras históricas mientras el conjunto de España sufre un preocupante retroceso
La primavera vuelve a traer a Ourense una de las estampas más reconocibles de la fauna ibérica. Casi doscientas parejas de cigüeña blanca llegan cada año a la provincia para reproducirse y criar, concentrándose sobre todo en la llanura de A Limia, que históricamente ha sido el territorio gallego con mayor presencia de esta especie. Municipios como Maceda, Baños de Molgas, Xunqueira de Espadanedo o Xinzo de Limia son testigos de este fenómeno, que involucra cada vez más a los propios vecinos en su seguimiento y protección.
La Sociedade Galega de Historia Natural, cuyo presidente es Serafín González, lleva décadas documentando la evolución de esta especie en Galicia. González recuerda que en los años setenta del pasado siglo la cigüeña blanca atravesó una crisis severa: la sequía en el Sahel africano, su tradicional zona de invernada, provocó una alta mortalidad. En la provincia de Ourense, además, la situación se agravó por el saqueo de nidos y una intensa deforestación asociada a la concentración parcelaria, que dejó a las aves sin árboles donde instalarse. A principios de los noventa, la Sociedade y el entonces Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) comenzaron a instalar los primeros soportes artificiales para frenar el expolio y favorecer la nidificación.
La recuperación fue progresiva pero notable. Según González, el número de ejemplares se estabilizó en niveles similares a los anteriores a la crisis, gracias también a que una parte creciente de la población dejó de migrar a África para invernar en Andalucía o Extremadura, aprovechando la expansión de las zonas de regadío del sur peninsular. Hoy, la provincia de Ourense alberga entre 400 y 500 parejas en total, de las cuales alrededor de 250 se localizan en la comarca de A Limia.
Una ruta pionera en Galicia
En este contexto, la asociación Amigas das Cegoñas ha dado un paso más allá del simple seguimiento científico. En colaboración con los habitantes de Maceda, han diseñado la 'Senda das Cegoñas', la primera ruta de observación de cigüeñas en toda Galicia. El recorrido, de tres kilómetros entre caminos y carretera, permite contemplar cerca de once nidos activos. Nancy Blanco, integrante de la asociación, explica que la idea surgió de manera espontánea durante sus salidas de censo: al comprobar que no existía ninguna iniciativa parecida en Galicia, decidió impulsar algo que combinase conservación, divulgación y atractivo turístico.
La senda cuenta con unas doce plataformas de hierro forjado instaladas sobre columnas y postes, adaptadas a medida para cada soporte. Sobre estas estructuras se colocan ramas de retama —'xestas' en gallego— para que las aves no rechacen el hierro y acepten anidar con mayor facilidad. El vecino Manuel Cid, uno de los colaboradores más activos de la asociación en Maceda, detalla que siempre mantienen entre dos y tres plataformas de reserva listas para instalar. Entre los nidos más emblemáticos del recorrido figura el llamado 'Nido Real', levantado en 1990 y considerado el primero en aparecer en el municipio.
La participación vecinal es, según los impulsores del proyecto, uno de sus mayores logros. Manuel Cid subraya que muchos habitantes de la zona se han implicado directamente en la vigilancia y el cuidado de las aves, una transformación que Nancy Blanco valora especialmente: conseguir que la población local no vea a las cigüeñas como una molestia, sino como un recurso y un motivo de orgullo, es, en su opinión, tan importante como cualquier medida técnica de conservación.
El ciclo de vida en Ourense
Las cigüeñas blancas llegan a Galicia en dos oleadas. Las primeras parejas pueden aparecer ya en diciembre para ocupar sus nidos, mientras que la incubación de los huevos se produce entre febrero y marzo, con un período de unos 30 o 32 días. Las crías nacen a continuación y tardan aproximadamente dos meses en desarrollarse lo suficiente para volar y abandonar el nido por sus propios medios. La familia entera abandona la provincia hacia junio o julio, aunque en primaveras especialmente favorables, con abundante alimento, la partida puede retrasarse algunas semanas.
Serafín González apunta que el cambio climático ha alterado estos patrones de manera perceptible: los inviernos menos rigurosos permiten que las cigüeñas lleguen antes que antaño, y una fracción creciente de la población ni siquiera cruza el estrecho de Gibraltar, prefiriendo pasar los meses fríos en el sur de la Península. Esta tendencia se refleja en los datos más recientes: el censo nacional realizado por SEO/BirdLife en 2025 constata que, mientras en regiones como Extremadura la población se ha desplomado —con la pérdida de más de 2.500 nidos vinculada en parte al cierre de vertederos—, las comunidades del norte peninsular, incluida Galicia, alcanzan cifras de nidificación nunca registradas anteriormente.
La especie se alimenta siguiendo a los tractores de arado, que remueven la tierra y dejan al descubierto invertebrados y pequeños vertebrados. Esta dependencia de la actividad agrícola extensiva la hace especialmente sensible a los cambios en los usos del suelo. Serafín González señala que la misma actividad humana que en su día amenazó a las cigüeñas a través de la deforestación les reporta ahora un beneficio indirecto a través de la agricultura. Con todo, las perspectivas apuntan a una estabilización de la población en la provincia, tras el fuerte crecimiento registrado entre los años noventa y 2020. La Xunta de Galicia no se ha pronunciado sobre posibles medidas específicas de apoyo a la conservación de esta especie en la provincia de Ourense.
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