Muere el golpista Antonio Tejero justo después de la publicación de los archivos del 23-F
La muerte del exmilitar, que se encontraba en un delicado estado de salud desde hacía meses, tiene lugar solo dos días después del 45 aniversario del intento de golpe de Estado.
Antonio Tejero Molina, el exteniente coronel de la Guardia Civil que lideró el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, ha fallecido a los 93 años. Su muerte cierra uno de los capítulos más oscuros de la Transición democrática española, grabado por el asalto al Congreso de los Diputados armado y posteriormente televisado.
DOS DÍAS DESPUÉS DEL 45 ANIVERSARIO
Tejero saltó a la historia el 23F de 1981 y su muerte tiene lugar tan solo dos días después del 45 aniversario del intento de golpe de Estado, fechan en la que encabezó un grupo de guardias civiles que irrumpió en el Congreso durante la votación de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo, disparando al techo y manteniendo secuestrados a los diputados durante más de 17 horas.
Aquella jornada, inmortalizada por las imágenes de televisión y una larga noche de transistores, puso en marcha el proceso democrático apenas cinco años después de la aprobación de la Constitución de 1978.
Nacido en Málaga en 1932, Tejero desarrolló su carrera en la Guardia Civil, especialmente en unidades del País Vasco y Canarias. Tras el intento de golpe, fue condenado en 1982 a 30 años de prisión por rebelión militar , aunque cumplió poco más de 15 antes de obtener la libertad condicional en 1996.
Tras su salida de prisión, Tejero llevó una vida discreta en su domicilio de Torremolinos (Málaga), evitando apariciones públicas y rechazando entrevistas en los últimos años. Su figura seguida siendo objeto de debate cada 23 de febrero, fecha en la que los medios evocan el atentado contra la joven democracia y el papel del rey Juan Carlos I en su desactivación.
El Gobierno central no ha emitido por el momento una nota oficial, aunque fuentes del Ministerio de Defensa han confirmado el fallecimiento. El recuerdo de Tejero permanece como advertencia histórica sobre la fragilidad democrática en tiempos de incertidumbre política.
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