Vídeo | Así tumbó el Celta al Mallorca para ponerse a tiro de Champions (2 - 0)
Los vigueses ascienden a la sexta posición de la Liga y están a cinco puntos de la quinta, que ocupa el Betis y da acceso a la Champions League. El partido en Balaídos contra el Mallorca fue fácil aunque solo Aspas, otra vez, consiguió ver puera en la recta final.
El sol volvió a Vigo después de cuarenta días de lluvia… y con él, el Celta recuperó también la luz futbolística. Claudio Giráldez había dicho en la víspera que quería ver al equipo “luchando por objetivos ilusionantes cuando saliera el sol”. Dicho y hecho. El conjunto celeste asaltó la sexta plaza de la Liga tras imponerse 2-0 al Mallorca en un partido que se resolvió en los últimos minutos gracias a un doblete de Iago Aspas, el hombre que no entiende de resignaciones.
Balaídos, lleno de optimismo tras semanas de nubarrones deportivos y meteorológicos, acompañó a un Celta paciente que necesitó hasta el minuto 85 para derribar la muralla balear. Los casi veinte mil aficionados vibraron con la imagen de un equipo dominante, insistente, que casi nunca bajó el pulso pese a la espesura inicial. El ambiente volvió a ser de comunión, con el público empujando en los tramos finales como en las grandes tardes europeas.
Giráldez agitó su once con la mirada puesta en el duelo del jueves frente al PAOK. Reservó a hombres clave como Mingueza, Borja Iglesias o el propio Aspas, apostando de inicio por juventud y piernas frescas. La apuesta le dio control, pero poco filo. Hugo Álvarez intentó romper el cerrojo mallorquinista con diagonales y atrevimiento, mientras Fer López y Pablo Durán se ofrecían sin encontrar espacios ante una defensa de cuatro que se replegaba como una línea de cinco.
El Mallorca apenas existió. Replegado desde el pitido inicial, cedió el balón sin complejos, confiando en resistir y arañar un punto. Ni Darder ni Muriqi consiguieron generar peligro, y Radu fue un mero espectador. En el primer tiempo, los de Arrasate no pisaron el área rival ni una sola vez, reflejando con crudeza la falta de ambición que los mantiene hundidos en la tabla.
La segunda parte siguió el mismo guion hasta la entrada en escena del tridente salvador: Aspas, Borja Iglesias e Ilaix Moriba. Bastó su presencia para que el ritmo del partido cambiase por completo. El Celta adelantó líneas, los extremos comenzaron a abrir espacios, y el Mallorca empezó a tambalearse cada vez que el balón se aproximaba al área de Leo Román.
Entonces llegó el error fatal de Antonio Raíllo. En un lance sin aparente peligro, sujetó de la camiseta a Borja Iglesias y el colegiado Guzmán no dudó. Penalti claro. Iago Aspas, siempre infalible en los momentos grandes, ajustó al palo y levantó los brazos hacia la grada. Era el minuto 85 y el golpe fue definitivo. El Mallorca, que había apostado todo al empate, se desplomó.
Con los visitantes a la deriva, el Celta disfrutó de sus mejores minutos. Una conducción perfecta de Swedberg en la prolongación terminó en los pies de Aspas, que cruzó el balón con sutileza para poner el 2-0 y cerrar la tarde con la sonrisa de quien sabe que sigue siendo indispensable. Doblete y baño de aplausos para el capitán, que encendió de nuevo la llama en Balaídos.
El triunfo deja al equipo vigués en posiciones continentales, cuatro puntos por encima del noveno -el primero fuera de competiciones europeas- y con la sensación de haber reencontrado una identidad clara: balón, intensidad y corazón. Los olívicos miran hacia arriba. El Betis, quinto y en plazas de Champions League, está a cinco puntos. El Mallorca, en cambio, se marcha hundido y sin señales de mejora, atrapado en una dinámica desoladora que amenaza con condenarlo a una larga lucha por la permanencia.
Bajo el sol de febrero, el Celta sonrió otra vez. Y Aspas, eterno, volvió a escribir uno de esos finales que solo él sabe firmar, un testimonio de fe en un club que, cuando parece atascarse, siempre encuentra en su capitán la chispa para volver a creer.
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