La salud mental también es un tema de país

Carmen P. Flores



Este viernes el Parlament de Catalunya ha celebrado un pleno monográfico de salud mental. Esto, en principio, es una buena noticia. La enfermedad mental es una de las grandes olvidadas de todas las administraciones. La pandemia y el confinamiento ha hecho saltar las alarmas, porque el porcentaje de depresiones y otras alteraciones han crecido en número preocupante, sumado al gran déficit de medios para atender a los enfermos que se viene arrastrando desde hace años.


Esta situación no es cualquier cosa, porque una persona puede romperse un brazo o una pierna, se le escayola y al cabo de unas semanas puede andar o utilizar el brazo dañado. Una persona con una enfermedad mental, grave o leve, dependiendo de la misma, necesita de unos cuidados especiales y la sanidad pública no está respondiendo como debería. Las personas que cuenten con recursos económicos, se pagan los servicios y tienen la atención adecuada. La pregunta es: ¿qué sucede con los que carecen de recursos? Pues que están discriminados, dejados, y solo los que tienen familia, son ellas las que se tiene que preocupar, o mejor dicho, se han de hacer cargo de estos enfermos que necesitan la atención de profesionales, terapias que les ayuden y las medicaciones necesarias.


Decíamos que el pleno monográfico es una buena noticia si no se queda solo en una declaración de intenciones para quedar bien y que la ciudadanía piense en esta situación que viven miles de personas en carne propia y sus familias que se ven desbordadas, sino que las propuestas se vayan a poner en práctica. Y es que se lleva años hablando de la salud mental, sus tratamientos, los nuevos proyectos, las comisiones de expertos, pero la cruda realidad la viven los afectados y sus familias que se siente demasiado abandonados por todos ante la falta de recursos. Ya se pueden aprobar miles de propuestas que, si no se dotan de partidas presupuestaria, se quedan en papel mojado. La salud mental es un tema de país y como tal debería colocarse en las prioridades de la agenda de los gobiernos y con la complicidad de los partidos de la oposición. Sin que se utilice como un debate ideológico, ni arma arrojadiza que produzca discrepancias, sino que debería producir todo lo contrario: consensos. Decía el cantante Adam Ant que “la salud mental necesita una gran cantidad de atención. Es un gran tabú y tiene que ser encarado y resuelto”.


Las familias de los enfermos mentales siempre se han sentido solas y con la sensación de que nadie pone remedio. Son demasiados años luchando sin que nadie haga algo. Las personas afectadas en demasiadas ocasiones tiran la toalla y solo cuando sale alguna nota de suicidios, o incidentes protagonizados por un enfermo mental, que se hacen eco los medios de comunicación, aparecen las lamentaciones y los estigmas contra ellos.


Buena parte de las familias tienen la sensación de que solo cuando algún político tiene algún familiar con enfermedad mental se involucra y, si no es así, mira para otro lado .


No hay que olvidarse que, en España, un 19% de la población sufre algún tipo de enfermedad mental, en Catalunya la cifra se eleva al 23,68%. Las enfermedades mentales suponen la segunda causa de baja laboral en España . Son unas cifras que no deberían dejar a nadie indiferente.  


Pacientes pendientes de la primera cita de salud mental en el SERGAS según un informe del MGSM


Pacientes pendientes de la primera cita de salud mental en el SERGAS según un informe del MGSM 


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