Destapando el algoritmo: La IA generativa se delata sola, pero requiere un ojo entrenado para distinguirla
La Asociación Galega de Profesionais da Ilustración (AGPI) lanza una ofensiva ética y física con la campaña "Castelao non o farIA" para denunciar un modelo tecnológico que tildan de "extractivista" y "fascista". Reclaman una regulación urgente ante lo que consideran la mayor vulneración de derechos de autor de la historia
En un mundo cada vez más volcado hacia lo intangible, la ilustración gallega ha decidido dar un paso atrás hacia lo físico para poder avanzar. La Asociación Galega de Profesionais da Ilustración (AGPI) ha agitado el tablero cultural con el lanzamiento de su campaña "Castelao non o farIA" a través de la plataforma Verkami. No es solo una cuestión de "merchandising" reivindicativo; es un grito de resistencia que busca sacar el debate de las burbujas de las redes sociales y llevarlo a las calles, a la ropa y al contacto mano a mano.
"No sabemos si va a cambiar algo a corto plazo, pero no por ello vamos a dejar de hablar de este tema", explican desde la asociación Chus Rojo y Augusto Metztli. Para el colectivo, esta campaña funciona como un "golpe en la mesa" necesario para abrir foros y espacios donde compartir una preocupación que ya no es solo profesional, sino profundamente social y ética.
Una postura radical: "La única IA ética es la que no se usa"
Mientras algunos sectores ven en la Inteligencia Artificial (IA) generativa una herramienta de asistencia o un complemento para la productividad, la AGPI mantiene una postura que ellos mismos definen como "radical y sin matices". Para la asociación, no existe un escenario en el que un ilustrador profesional pueda usar estas herramientas de forma legítima bajo el panorama actual.
El argumento central es demoledor: "A día de hoy, no hay ninguna IA generativa que no se haya hecho a partir de una base de datos de obras robadas". La AGPI denuncia que los modelos comerciales siguen prácticas abusivas de extracción de datos sin consentimiento, además de basarse en la explotación de trabajadores de datos y en un consumo desmedido de recursos naturales. "Cualquier uso de esta tecnología extractivista —a la que evitan llamar herramienta— perpetúa este abuso de poder y aumenta la precarización de nuestra profesión", sentencian.
Incluso van más allá del ámbito creativo, vinculando el desarrollo de estas tecnologías con usos bélicos en conflictos y genocidios actuales, lo que refuerza su rechazo absoluto a cualquier tipo de implementación en el proceso artístico.
El ojo entrenado frente a la imitación
Uno de los mayores desafíos que enfrenta el sector es la identificación de las obras generadas por algoritmos. ¿Es posible distinguir una ilustración humana de una artificial? Según la AGPI, aunque no existen métodos infalibles ni software de detección totalmente fiable, la IA generativa suele "delatarse sola" ante un ojo entrenado.
"Es a base de observar. Al final, son todas muy parecidas", señalan. Sin embargo, reconocen que el problema se vuelve "esencialmente insoluble" o cada vez más complejo cuando el uso de la IA es parcial o se utiliza solo para asistir ciertas partes de la obra, lo que dificulta enormemente la demostración de qué es humano y qué es sintético.
A pesar de este vacío técnico, la asociación no impone mecanismos de control interno o auditorías a sus socios. El funcionamiento de la AGPI se basa en la confianza y en una sensibilidad compartida. Sus estatutos se centran en la defensa de los derechos profesionales y la mejora de las condiciones laborales, y entienden que el uso de la IA iría directamente en contra de esos principios. "Sería fomentar el robo masivo y la infracción de derechos de autoría", afirman, apostando por la pedagogía en lugar de la fiscalización.
El mercado empieza a reaccionar
Aunque la transparencia sobre el uso de la IA sigue siendo mayoritariamente voluntaria, el sector editorial y publicitario está empezando a mover ficha. Según traslada la asociación, ya existen editoriales, empresas e instituciones que rechazan trabajos realizados con IA generativa por una cuestión de "convicción y ética profesional".
De hecho, se está produciendo un cambio contractual significativo. Algunos ilustradores ya se encuentran con cláusulas que exigen una "declaración responsable" de que la obra es original del autor y no ha sido generada por inteligencia artificial. Es un primer paso para blindar la autoría humana, aunque todavía convive con un vacío legal preocupante.
Un vacío legal: "Papel mojado" en Europa
A pesar de que el sector lleva años denunciando el entrenamiento de modelos con obras sin consentimiento, los avances legales en España y Europa son, a ojos de la AGPI, insuficientes. "Algo concreto de momento no hay; incluso a nivel europeo es casi 'papel mojado'. Son solo recomendaciones o sugerencias", lamentan.
La asociación urge a los gobiernos a implementar una regulación que proteja no solo los derechos de propiedad intelectual, sino también la imagen, los datos personales y los datos biométricos. Consideran que la IA es una amenaza directa a la Ley de Protección de Datos y denuncian que las empresas tecnológicas están haciendo acopio de la privacidad de los ciudadanos de forma "engañosa e ilegal".
Más allá de la IA: el reconocimiento de la ilustración
En medio de esta lucha tecnológica, la AGPI también mantiene el foco en la puesta en valor de la profesión dentro del ecosistema cultural gallego. Aunque el Día da Ilustración —organizado junto a la Xunta— ya rinde homenaje a figuras como Siro, Xosé Vizoso o Chichi Campos, la asociación ve con buenos ojos la posibilidad de proponer a la Real Academia Galega que el Día das Letras Galegas reconozca también la labor de ilustradores más allá de la figura polifacética de Castelao. Es una "buena sugerencia" que planean considerar para el futuro.
Al proyectar el oficio a diez años vista, la AGPI se muestra tajante: normalizar la IA generativa sería "normalizar el robo y la violencia". Para la asociación, es vital distinguir entre la IA como concepto general y la IA generativa en particular, a la que califican de "tecnología fascista, misógina y racista" que perpetúa estereotipos sociales y explota a comunidades vulnerables.
Frente a la frialdad del algoritmo, reivindican la esencia del ilustrador como un oficio que apenas ha cambiado en un siglo, más allá del uso de "herramientas de verdad". Su visión del futuro es, a pesar de todo, esperanzadora: creen que la IA generativa terminará por quedarse en el camino porque carece de lo que define al arte.
"La gente seguirá apreciando nuestro trabajo porque el arte es algo inherente al ser humano, es experiencia personal, es conexión humana, es empatía... y eso nunca podrá salir de una máquina, solo podrá intentar imitarlo", concluyen desde la directiva de la AGPI. La batalla entre el pincel humano y el código informático no ha hecho más que empezar, pero en Galicia, los ilustradores tienen claro que su mejor arma es la ética y la firma propia.
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