Control a las gasolineras tras escalada del combustible, que supera los dos euros en muchas gasolineras
El Gobierno ha confirmado que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) mantiene bajo estrecha vigilancia las subidas de precios en las más de 12.000 gasolineras de España. Así lo ha asegurado la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, tras el Consejo de Ministros de este martes, en pleno repunte del petróleo provocado por la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos.
Aagesen explicó que el pasado viernes remitió una carta a la presidenta de la CNMC, Cani Fernández, para solicitar que se maximice la supervisión del comportamiento del mercado “ante un contexto tan complejo”. La ministra subrayó que el organismo “ya realiza esta labor de forma constante”, pero que ahora “refuerza el control para evitar prácticas anómalas tanto en los mercados mayoristas como minoristas energéticos”.
La tensión internacional ha elevado el precio del barril de Brent más de un 3%, hasta los 80 dólares, y el impacto se ha trasladado de inmediato a los surtidores gallegos. En gasolineras de A Coruña o Lugo, el diésel ha subido hasta 43 céntimos por litro en solo una semana, alcanzando 1,68 euros, mientras la gasolina supera los 1,58 euros. La demanda aumentó por el temor a nuevos repuntes, con colas en estaciones de servicio y depósitos llenos “por precaución”.
El sector del transporte gallego denuncia una situación “insostenible”. Transportistas, taxistas y repartidores reconocen que sus márgenes se han evaporado y reclaman la reactivación de ayudas y bonificaciones similares a las implantadas durante la crisis energética de 2022. También los agricultores y ganaderos, grandes consumidores de gasóleo, alertan de un incremento de costes que podría trasladarse a los precios de los alimentos.
Reacciones políticas y posibles medidas
Desde el BNG, la viceportavoz Olalla Rodil ha pedido una reunión urgente con la Xunta y el Gobierno central para articular un plan de apoyo a familias y pymes gallegas. Por su parte, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha reconocido subidas promedio de 15 céntimos en gasolina y 28 en gasoil, y ha avanzado la creación de “amortiguadores” para proteger a los sectores más expuestos.
Bruselas, mientras tanto, advierte del riesgo de una nueva ola inflacionaria si la tensión en Oriente Medio provoca el bloqueo del estrecho de Ormuz, paso clave del comercio mundial de crudo. Galicia, con una economía fuertemente dependiente del transporte por carretera, sería una de las comunidades más afectadas.
La guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto patas arriba el mercado mundial de la energía en tiempo récord. El barril de petróleo Brent ha pasado casi de golpe de costar setenta dólares a rozar los ciento dieciocho, creando un caos total en los mercados internacionales. Lo que a principios de año prometía ser una época de combustible barato, se ha convertido de la noche a la mañana en una crisis global que los ciudadanos ya pagan directamente de su bolsillo. Queda claro que, en un mundo tan conectado, las bombas que caen lejos detonan la inflación en nuestra propia casa.
Esta sacudida internacional ha tardado muy poco en llegar a las gasolineras gallegas, donde los marcadores cambian de precio a un ritmo frenético. El precio medio del gasóleo en Galicia ha subido un preocupante veinte por ciento, lo que significa que a los conductores les cuesta unos treinta céntimos más cada litro respecto a la semana pasada. La gasolina sin plomo tampoco se queda atrás y se ha encarecido una media de quince céntimos, situándose cómodamente por encima del euro con sesenta. Semejante escalada destroza cualquier previsión económica de quienes necesitan el coche para ir a trabajar.
n zonas concretas como A Mariña lucense, el diésel ha llegado a tocar los insólitos dos euros con quince céntimos, mientras que en las grandes ciudades de A Coruña y Ourense ya se acerca peligrosamente al euro con noventa. Ni siquiera las gasolineras de bajo coste, que suelen ser el alivio de muchos hogares de clase trabajadora, se escapan de esta tendencia, rozando el euro con setenta en su versión más económica. Repostar se ha transformado en un verdadero esfuerzo financiero.
Quienes viven de conducir son, sin duda, los que se llevan la peor parte de este súbito y violento encarecimiento. Los taxistas denuncian que una subida repentina de veinte céntimos fulmina por completo sus ganancias diarias, generando una situación que califican abiertamente de disparate. El problema de fondo es que sus tarifas dependen de los ayuntamientos y no pueden modificarlas para compensar lo que pagan de más en la estación de servicio. Esta realidad afecta también a transportistas autónomos y repartidores, que ven cómo su rentabilidad se evapora por completo con cada kilómetro recorrido.
Pese a la enorme preocupación que se vive en la calle, los grandes nombres del sector energético prefieren mantenerse completamente al margen. Las corporaciones petroleras no han emitido comunicados ni han explicado cómo piensan gestionar el impacto de esta crisis en sus clientes gallegos, limitándose a subir los precios de manera automática según dicta el mercado. De momento, firmas históricas como Repsol o la recién renombrada Moeve no han dado ninguna señal pública de querer absorber parte de esta subida reduciendo su amplio margen de beneficio, lo que deja a los conductores solos y asfixiados ante el surtidor.
Como viene siendo habitual, esta crisis hace aún más evidentes las fuertes diferencias entre los distintos modelos de gasolineras. Los surtidores de las marcas más tradicionales mantienen precios bastante más altos que las empresas independientes.
La guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán ha puesto patas arriba el mercado mundial de la energía en tiempo récord. El barril de petróleo Brent ha pasado casi de golpe de costar setenta dólares a rozar los ciento dieciocho, creando un caos total en los mercados internacionales. Lo que a principios de año prometía ser una época de combustible barato, se ha convertido de la noche a la mañana en una crisis global que los ciudadanos ya pagan directamente de su bolsillo. Queda claro que, en un mundo tan conectado, las bombas que caen lejos detonan la inflación en nuestra propia casa.
Repostajes a más de 2 euros por litro de gasóleo
Esta sacudida internacional ha tardado muy poco en llegar a las gasolineras gallegas, donde los marcadores cambian de precio a un ritmo frenético. El precio medio del gasóleo en Galicia ha subido un asombroso veinte por ciento, lo que significa que a los conductores les cuesta unos treinta céntimos más cada litro respecto a la semana pasada. La gasolina sin plomo tampoco se queda atrás y se ha encarecido una media de quince céntimos, situándose cómodamente por encima del euro con sesenta. Semejante escalada destroza cualquier previsión económica de quienes necesitan el coche para ir a trabajar.
Las diferencias de precio a lo largo del mapa gallego muestran contrastes verdaderamente preocupantes según donde se decida repostar. En zonas concretas como A Mariña lucense, el diésel ha llegado a tocar los insólitos dos euros con quince céntimos, mientras que en las grandes ciudades de A Coruña y Ourense ya se acerca peligrosamente al euro con noventa. Ni siquiera las gasolineras de bajo coste, que suelen ser el alivio de muchos hogares de clase trabajadora, se escapan de esta tendencia, rozando el euro con setenta en su versión más económica. Repostar se ha transformado en un verdadero esfuerzo financiero.
Quienes viven de conducir son, sin duda, los que se llevan la peor parte de este súbito y violento encarecimiento. Los taxistas denuncian que una subida repentina de veinte céntimos fulmina por completo sus ganancias diarias, generando una situación que califican abiertamente de disparate. El problema de fondo es que sus tarifas dependen de los ayuntamientos y no pueden modificarlas para compensar lo que pagan de más en la estación de servicio. Esta realidad afecta también a transportistas autónomos y repartidores, que ven cómo su rentabilidad se evapora por completo con cada kilómetro recorrido.
Pese a la enorme preocupación que se vive en la calle, los grandes nombres del sector energético prefieren mantenerse completamente al margen. Las corporaciones petroleras no han emitido comunicados ni han explicado cómo piensan gestionar el impacto de esta crisis en sus clientes gallegos, limitándose a subir los precios de manera automática según dicta el mercado. De momento, firmas históricas como Repsol o la recién renombrada Moeve no han dado ninguna señal pública de querer absorber parte de esta subida reduciendo su amplio margen de beneficio, lo que deja a los conductores solos y asfixiados ante el surtidor.
Como viene siendo habitual, esta crisis hace aún más evidentes las fuertes diferencias entre los distintos modelos de gasolineras. Los surtidores de las marcas más tradicionales mantienen precios bastante más altos que las empresas independientes, como es el caso de operadores como Petroprix, creando una brecha que empuja a los conductores a buscar desesperadamente la opción menos dañina para su cartera. A pesar de estas notables diferencias, nadie está a salvo de la quema: el punto de partida ha subido drásticamente para todos y repostar barato es hoy una misión casi imposible en cualquier rincón de Galicia.
Aunque los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica confirman esta brutal subida día tras día, los responsables políticos optan por una extrema cautela. Ni el Gobierno central ni la Xunta han anunciado medidas de ayuda ni han valorado públicamente este varapalo económico, dejando a la ciudadanía en vilo y a la espera de alguna reacción oficial. Ante este incómodo silencio, las familias y los profesionales del transporte se preguntan si se aprobará algún tipo de bonificación futura, similar a la de crisis anteriores, o si tendrán que asumir todo el peso de este shock en solitario.
Los expertos en la materia advierten que lo peor podría estar por llegar si esta implacable subida de costes se traslada de forma inmediata a otros sectores productivos. El aumento de los precios en el transporte de mercancías amenaza con encarecer de forma inminente la cesta de la compra, un golpe bajo que afectará especialmente a la clase trabajadora gallega y a las rentas más humildes. Este temido efecto dominó inflacionista puede echar por tierra los recientes intentos de estabilizar la economía doméstica, castigando con dureza a quienes ya hacían auténticos malabares para llegar a fin de mes con solvencia.
El desarrollo futuro de esta grave crisis energética depende casi exclusivamente de lo que ocurra en puntos críticos internacionales como el estrecho de Ormuz. Si el paso de los barcos petroleros se complica y el conflicto bélico se enquista en el tiempo, el barril de crudo podría instalarse fijamente sobre los ciento veinte dólares, garantizando una dura primavera de precios altísimos en nuestros surtidores.
Margallo y Miguel Sebastián alertan del impacto de la guerra en Irán: "La subida del petróleo acaba en el supermercado"
Escribe tu comentario