La CEOE avisa: España crecerá por debajo del 2% con la guerra de Irán de fondo
La patronal española CEOE alerta de que el conflicto bélico en Oriente Próximo puede obligar a revisar a la baja las previsiones económicas para 2026, mientras la Xunta prepara un paquete de ayudas de más de 150 millones para paliar el golpe en Galicia
El conflicto armado en Oriente Próximo, desencadenado por los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán a finales de febrero, está pasando una factura económica cada vez más visible a las familias y empresas gallegas. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) ha advertido en su panorama económico de marzo de que la previsión de crecimiento del PIB español para este año, que fijaba en el 2,3%, podría tener que ser corregida a la baja hasta situarse en torno al 2% o incluso por debajo de esa cota, dependiendo de cómo evolucione el conflicto.
Uno de los canales que más preocupa a la patronal es el deterioro de la confianza de consumidores e inversores, que tiende a paralizar decisiones de gasto y de inversión empresarial. Ese enfriamiento afecta también al turismo, un sector de peso en la economía gallega, aunque algunos analistas apuntan que España podría beneficiarse parcialmente como destino alternativo frente a otros más cercanos a la zona de conflicto. En cualquier caso, la CEOE subraya que a corto plazo el impacto más inmediato se concentrará en los precios de la energía y el transporte, y no tanto todavía en el consumo o la inversión.
La inflación es el otro gran frente de preocupación. El IPC en España subió hasta el 3,3% en marzo según datos adelantados por el INE, el nivel más elevado desde junio de 2024, impulsado principalmente por el encarecimiento de los combustibles. La CEOE estima que, si la guerra se prolonga, la inflación podría moverse en una banda de entre el 3% y el 4% en los próximos meses, muy por encima de su previsión inicial del 2,6% de media anual para todo el ejercicio.
El petróleo, detonante de la crisis
La lógica detrás de estas proyecciones es directa: cada subida del 10% en el precio del petróleo añade alrededor de dos o tres décimas a la inflación y resta una décima al PIB, según los cálculos de la propia patronal. El cierre casi total del estrecho de Ormuz ya provocó una subida del combustible de 10 céntimos por litro en apenas una semana y un encarecimiento de la electricidad del 13% respecto al mes anterior. Para Galicia, donde el transporte por carretera y el sector pesquero tienen un peso notable en la economía, ese encarecimiento energético se traduce en costes más altos de manera casi inmediata.
El precio de los fertilizantes también se ha disparado un 24% en apenas una semana, debido al peso de los países del Golfo en la producción mundial de estos insumos agrícolas. Eso presiona directamente sobre el campo gallego, que ya venía afrontando márgenes ajustados. La cadena de efectos, en definitiva, alcanza desde el surtidor de gasolina hasta el precio del pan en el supermercado.
La incertidumbre ha llevado a distintos organismos a trabajar con varios escenarios. La OCDE ha recortado al 2,1% su previsión de crecimiento para España en 2026, una décima menos que su estimación de diciembre, y anticipa una inflación del 3% este año. Por su parte, el Banco de España revisó una décima al alza su previsión de PIB para 2026, hasta el 2,3%, aunque la hubiera mejorado hasta el 2,4% de no mediar la guerra, y empeoró sus perspectivas de inflación hasta el 3%.
Galicia activa su escudo anticrisis
Frente a este panorama, la Xunta de Galicia no ha esperado. El presidente Alfonso Rueda ha aprobado un plan de ayudas de 150 millones de euros que incluye medidas de liquidez para empresas con actividad en la zona de conflicto, compensaciones para el sector del transporte y apoyos específicos para el sector primario, tanto agrícola como marítimo. Esa cifra se suma a los 120,6 millones que, según los cálculos de la propia Xunta, dejarán de ingresar las arcas autonómicas como consecuencia de las medidas anticrisis aprobadas por el Gobierno central.
El plan estatal, que moviliza 5.000 millones de euros en 80 medidas, incluye, entre otras cosas, un descuento de 20 céntimos por litro de combustible para transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores hasta finales de junio. Para el sector pesquero gallego, uno de los más expuestos al coste del gasóleo, esa medida llega en un momento crítico. La Xunta no se ha pronunciado sobre si considera suficiente ese respaldo estatal, aunque los cálculos de la merma en sus ingresos sugieren que la situación genera tensión en las cuentas autonómicas.
A nivel nacional, el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento hasta el 2%, desde el 2,4% inicial, en un escenario de subida energética seguido de una normalización en pocos meses. Gortázar ha advertido además de que el plan de medidas del Gobierno podría no ser el instrumento más adecuado para apuntalar el crecimiento económico.
Presupuestos bajo revisión
El propio Ejecutivo central, por boca del ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha reconocido que está revisando el cuadro macroeconómico sobre el que se construirán los nuevos Presupuestos Generales del Estado. Cuerpo indicó que el Gobierno trabaja en una actualización de todas las variables económicas, tanto por el cambio de escenario provocado por la guerra como por el efecto de las medidas anticrisis sobre ingresos y gastos públicos. El Ejecutivo no ha concretado aún las nuevas cifras ni la fecha de presentación de los presupuestos.
Desde BBVA Research señalan que España llega a este episodio en una posición relativamente favorable gracias al dinamismo del mercado laboral, la recuperación de la renta real y el vigor de las exportaciones de servicios. La entidad también apunta que la mayor diversificación energética de España respecto a sus socios europeos, la capacidad de regasificación y el creciente peso de las renovables actúan como amortiguadores frente a las actuales perturbaciones. Con todo, BBVA Research ha mantenido su previsión de crecimiento para 2026 en el 2,4%, sin cambios respecto a estimaciones anteriores, precisamente porque el freno derivado del conflicto neutraliza la mejora que hubiera podido reflejar de otra forma.
Los analistas coinciden en que el arranque de 2026 no supone un frenazo en seco, pero sí marca el inicio de una fase de crecimiento más modesto, con una industria débil, un sector servicios que pierde parte del impulso de los últimos años y un mercado laboral que crea empleo a menor ritmo. La guerra en Irán, en ese contexto, agrava una desaceleración que ya estaba en marcha antes de que sonaran los primeros disparos.
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