Un único técnico para atender una infraestructura crítica como la presa de Vilasouto en el invierno más lluvioso
La Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) lleva años reclamando que se cubran las vacantes que existen en este embalse de O Incio, Lugo, que tras las continuas lluvias se encuentra por encima del 90% de su capacidad. Estos días las labores se multiplican en la presa, la única de categoría A perteneciente a la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil en Galicia. Desde CSIF explican a Galiciapress las dificultades que enfrenta el único técnico de este dique del que depende todo el Val de Lemos.
El agua que ha caído en lo que va de 2026 podría abastecer a los gallegos durante 113 años. Esas son las cuentas que hizo públicas la Xunta hace unos días y que hablan de la cantidad de lluvia que ha regado la comunidad gallega en los poco más de 50 días que llevamos de año, donde las borrascas no han dado un solo respiro. El agua puede ser una bendición, pero también un auténtico desafío cuando cae en cantidades tan abundantes. Lo saben bien en la presa de Vilasouto, la única de categoría A en Galicia en la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, donde los trabajos son especialmente intensos estos días y donde hay un solo técnico de instalaciones hidráulicas en esta infraestructura capital para el regadío de buena parte de Lugo.
UN 2026 PASADO POR AGUA
Fue la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) la que dio la voz de alarma, advirtiendo de las dificultades que estaban experimentando desde hace años en este enclave donde falta personal y donde sobran asuntos que requieren de atención especializada, especialmente estos días donde el agua embalsada supera el 92% de la capacidad, dejando una imagen de abundancia frente a otras postales, como la del verano de 2022, cuando el nivel llegó a establecerse en el 30%.
Esta presa de tipo A “es de máximo riesgo”, según la clasificación del ministerio para la Transición Ecológica (que tiene la titularidad del enclave), la única en Galicia de su tipo en la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil. Eso hace que su único técnico mire con preocupación al cielo cada vez que los nubarrones se ciernen sobre O Incio, pues en esta localidad se encuentra esta infraestructura que da de beber a un basto territorio que cubre zonas del Val de Lemos y la Serra do Courel.
Su importancia es máxima, pues su categorización va aparejada a los riesgos potenciales que entraña un problema como puede ser “un fallo grave” en la presa, pues puede tener consecuencias sobre núcleos urbanos o servicios esenciales, lo que obliga a tener planes de emergencia estudiados al milímetro. “Si hubiese un fallo en O Incio afectaría directamente a Monforte de Lemos”, ejemplifican desde el sindicato sobre esta presa cuyo aprovechamiento se destina al regadío del Val de Lemos o al aprovechamiento municipal de municipios como Bóveda.
Esto hace que la de Vilasouto sea “una presa un poco especial”, pues de sus canales surgen tensiones como la de la comunidad de regantes del Val de Lemos con motivo del pago de tasas, ya que recuerdan que el abaratamiento de las mismas “tiene un costo” que pasa por no cubrir los puestos que quedan vacantes por jubilaciones. No obstante, y aunque esta infraestructura construida a finales de los años 60 parece ir superando todos los exámenes a los que es sometida de manera periódica por la Confederación Hidrográfica en sus auditorías de seguridad, desde CSIF puntualizan que no conocen el contenido de los informes sobre el estado actual del embalse.
Pese a los intentos de este medio por intentar contactar con la Confederación Hidrográfica, de momento no han dado respuesta a las cuestiones trasladadas por este diario sobre el estado de una presa que desde CSIF reconocen que “por fuera puede verse algo vieja” y de la que creen que podría ser sometida a un mantenimiento más constante.
SOLO UN TÉCNICO PARA ATENDER LA INFRAESTRUCTURA
“El problema que tiene esta presa es que cualquier cosa que se haga en ella repercutiría en el usuario final y en las tasas”, indican desde el sindicato, donde estiman que el principal problema es la falta de medio humanos en una presa que arrastra desde hace años un preocupante déficit de personal, con una vacante de técnico que lleva mucho tiempo sin cubrirse y que resulta todavía más acuciante si tenemos en cuenta el interés que suscita por su categoría.
“El personal de la presa son los ojos y la mano del ingeniero, quienes trasladan los datos, la vigilancia, la inspección, la auscultación, las maniobras como los desembalses, el mantenimiento de las vías para el servicio y para emergencias…”, enumeran sobre Vilasouto, que sostiene por el trabajo de un técnico y dos personas con funciones de carácter administrativo y que se encargan también de “labores de vigilancia nocturna”. Así, prácticamente todas las funciones para la operatividad de la presa recaen sobre los hombros del técnico, cuando hace apenas un lustro “había una plantilla de seis personas”.
“El deterioro no es ni medio normal”, censura el sindicato. Con un único técnico, que tiene también derecho a su descanso y vacaciones, hasta ahora se ha ido parcheando el servicio con algún técnico procedente de la berciana presa de Bárcena en el mejor de los casos, cuando no se ha tenido que tirar de “la vocación de servicio público que hay en la plantilla” como último recurso o de un trabajador del regadío para, al menos, acompañar al técnico, pues la normativa dicta que no puede estar solo, algo que no siempre se cumple: “De hecho, está solo muchas veces. En la presa no hay ni cobertura. Si pasa algo…”
“Pero son soluciones muy puntuales, porque cada presa es un mundo. Que un trabajador sea llevado a una presa no quiere decir ni que sepa hacer la auscultación, ni cómo se maniobra, ni los problemas que tiene… No deja de ser un parche que no tiene sentido, porque hay una vacante y desde CSIF hemos insistido un montón de veces que ese puesto tiene que salir a provisión de puestos de trabajo”, reiteran.
Su insistencia podría tener pronto sus frutos, pues el sindicato ha conseguido arrancar al Gobierno de España un compromiso para la publicación de una oferta extraordinaria de empleo del MITECO, lo que permitirá, entre otras cosas, “avanzar ahora hacia la aprobación del complemento del agua”. La duda que queda todavía es saber, de esa oposición, “cuántos puestos tocarán al Miño-Sil”, por lo que desde CSIF invitan a tomar el anuncio con cierta cautela.
“CSIF propuso una dotación mínima de personal considerando que la ley es un poco ambigua. No se habla de un número exacto y cada presa de tipo A tiene sus propias normas y planes de emergencia. La ley dice que lo que tiene que haber es un equipo suficiente que garantice su operatividad, inspección y vigilancia permanente. Pero una presa no es igual en agosto que en febrero, porque no se requiere lo mismo según las situaciones ordinarias que se planteen o las extraordinarias que puedan tener lugar, como estos episodios de lluvias importantes que hemos vivido”, detallan desde la central sindical.
"HAY QUE BUSCAR QUE LA PRESA SEA RENTABLE"
En ese orden, consideran que, atendiendo a cada escenario, la cantidad de personal que se necesita varía irremediablemente. “Con una persona no puedes asegurar ni resulta suficiente para todas esas circunstancias”, aseveran desde CSIF, que acusan a la Confederación Hidrográfica de actuar a base de parches e ignorando la capacitación de la plantilla, pues lo que establece es un mínimo de cuatro trabajadores, pero dos de los cuales, reiteran, son administrativos. “No es un cálculo real y así lo hemos trasladado. Son personas que ni siquiera aparecen en las normas de explotación de la presa y cuentan el puesto vacante como si estuviera cubierto. El puesto vacante es un puesto vacante, no es un puesto cubierto”, reprochan.
Así las cosas, las cuentas son claras: un solo trabajador para atender esta presa que, además de infradotada, está infrautilizada, pues desde el sindicato estiman que podrían dársele otros usos con el aprovechamiento hidroeléctrico, rescatando del cajón una propuesta antigua para la instalación de una turbina que podría resultar rentable.
“Hay que buscar maneras de que la presa sea rentable, y con ese aprovechamiento no habría que repercutir todo sobre los regantes. Sería un cambio importante”, sopesan, sin que ello signifique necesariamente que se privatice el servicio con la concesión de este aprovechamiento a una energética, ya que “podría gestionarlo la propia Confederación Hidrográfica”, aunque la otra vía sea la más habitual
“La solución en Viladesouto tiene que ir ligada al canal de regadío del Val de Lemos. Todo esto es un conjunto al final y tendrá que sentarse todas las instituciones y buscar una solución integral que abarque a todos los actores. O se soluciona el problema en su conjunto o seguiremos tirando de parches y todo el mundo disconforme como hasta ahora”, advierten.
A LA ESPERA DEL DESHIELO
En Vilasouto no hay tiempo que perder y aunque el invierno está siendo especialmente duro, la primavera puede traer consigo más dificultades con el deshielo cuando en este 2026 ya se han multiplicado las auscultaciones, las vigilancias y los controles habituales por la subida repentina del nivel de las presas. “Cuando esto sucede las juntas sufren, hay más filtraciones, hay que extremar las precauciones, realizar tareas del mantenimiento de obra civil, del sistema de regadío que abarca muchos kilómetros y donde hay que hacer desbroces, mantenimiento, limpiar las rejillas…Pero la dotación de personal sigue siendo la misma”, lamentan sobre una presa que es “bastante estresante, porque no hay descanso en todo el año”, como podría ocurrir en otras confederaciones hidrográficas, donde en algunas estaciones baja sensiblemente el volumen de trabajo.
En CSIF demandan a la ministra Sara Aagesen que, sobre los criterios económicos, prevalezcan “los criterios de seguridad y técnicos” y que se busque la financiación necesaria para que estos últimos se cumplan. “Los trabajadores, solo con su esfuerzo y vocación, no pueden suplir una planificación nefasta ni los problemas de tasas, de pagos o demás. Tenemos que trabajar en condiciones dignas y a ellos corresponde encontrar soluciones, que no pueden pasar por precarizar el servicio o externalizarlo”, acusan, recordando que cada año se firman contratos con TRAGSA para labores de mantenimiento que antes asumían empleados públicos. “Con esa partida del contrato podrías tener a dos trabajadores todo el año como personal laboral fijo, y sobraría dinero”, enfatizan.
En Vilasouto no descartan ninguna medida de presión para reclamar más personal, pero consideran que ya se han “agotado todas las vías de negociación posibles”. “Pedimos una negociación real. No es un tema local y exclusivo de Vilasouto, es a nivel general. Haremos movilizaciones en presas y en las infraestructuras hidráulicas si el MITECO no atiende a nuestras demandas”, avanzan.
“No podemos seguir con una plantilla claramente insuficientes, en condiciones muy mejorables… El complemento del agua es una reivindicación fundamental porque no podemos seguir siendo el patito feo de la administración con nuestros salarios. Basta con compararnos con un trabajador de la Xunta en condiciones similares. Es un agravio comparativo y que desmotiva al personal, encontrándonos siempre con problemas y gente cabreada. Pero con la plantilla que tenemos, simplemente, es que no podemos dar a más”, zanjan.
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