Profesores de religión en la escuela pública: ¿quienes son?

La figura del profesor de religión sigue cubierta por viejos clichés. Lejos de la imagen del catequista o la designación directa por el obispado, estos profesionales cuentan con una formación universitaria dual —civil y eclesiástica— y una situación laboral que, en el caso de Galicia, busca la equiparación con el resto del cuerpo docente bajo la figura de personal laboral indefinido.
 


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CLASES DE RELIGIÓN




La asignatura de Religión ha sido considerada una “maría” desde hace muchos años, eso y que existe un desconocimiento profundo sobre la figura de los docentes que imparten esta materia. Ni son todos sacerdotes ni basta con "tener fe" para impartir la materia. La realidad es que existe un colectivo reclamando su lugar en el sistema de enseñanza, aunque se debe tener en cuenta que no acceden a su posición mediante OPE. Detrás de estos profesores hay complejos procesos de acreditación que, de una forma u otra, han amortiguado el impacto que las leyes educativas han tenido en su estatus académico.

 

ALGO SOBRE LAS CIFRAS DE ALUMNOS
La situación del alumnado que opta por la asignatura de Religión en Galicia presenta matices importantes según la zona geográfica y la etapa educativa. Mientras que en las ciudades la oferta de estímulos y la configuración social tienden a reducir las cifras, en el ámbito rural esta opción educativa sigue siendo, en muchos casos, mayoritaria. En términos generales, según datos de la Conferencia Episcopal para el curso 2024/2025, el porcentaje de inscripción en centros públicos a nivel nacional se sitúa en torno al 40%, aunque en etapas como Secundaria en algunas diócesis puede alcanzar el 55%.

La reducción paulatina de alumnos en esta materia no se explica únicamente por una corriente laicista. Los profesionales del sector, como Dolores Fernández Saborido, apuntan a un problema "endémico" en Galicia: la falta de natalidad y el cierre de escuelas rurales. Además, el hecho de que la asignatura sea "totalmente optativa" y que la ley haya mermado su valor académico influye en que muchos estudiantes, al llegar a cursos superiores, cambien de opción para probar otras materias.
 

 

 

 


FORMACIÓN DEL PROFESORADO
Para ser profesor de religión no basta con una licenciatura convencional. Se requiere una doble titulación: una civil y otra eclesiástica. Así, en Infantil y Primaria, los docentes deben tener el título de Maestro y, además, la DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica), un título que acredita la formación específica para impartir la asignatura según la confesión (católica o evangélica).

En Secundaria se exige una licenciatura civil (como Filosofía o Periodismo) y una titulación superior eclesiástica, que puede ser el Bachillerato en Teología, la Licenciatura en Teología o, lo más común hoy en día, la Licenciatura en Ciencias Religiosas.
 

 

 

 


La formación en Ciencias Religiosas se distingue de la Teología pura en que es un compendio más variado y orientado a seglares. Incluye materias de pedagogía, psicología del alumnado, historia y filosofía, adaptándose mejor al entorno escolar que la formación específica para el sacerdocio (Teología). Estos estudios se imparten en centros adscritos a universidades como la de Salamanca o San Pablo CEU, y requieren una convalidación posterior ante el Ministerio de Educación.
 

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; el arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto; y el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi; el arzobispo de Santiago, Francisco José Prieto; y el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda


ACCESO A LA DOCENCIA
A diferencia del resto de docentes, los profesores de religión no acceden a su plaza mediante una oposición tradicional, el Estado no permite la creación de ese cuerpo específico. El sistema de selección se basa en un concurso de méritos (cursos, titulaciones) y un requisito: la Misión Canónica. Este documento, otorgado por la Iglesia, certifica la idoneidad moral y doctrinal del candidato para dar clase.
 

 


En cuanto a su estatus laboral, en Galicia estos profesores son personal laboral indefinido, no funcionarios. Aunque sus condiciones se asemejan a las del resto de docentes en cuanto a jornada y funciones (coordinaciones, tutorías), su plaza depende de la existencia de horas lectivas suficientes, las cuales pueden variar según la demanda anual.

LOMLOE: EVALUABLE PERO NO COMPUTABLE
Uno de los puntos de mayor fricción para el colectivo es el valor académico de la asignatura bajo la actual ley educativa (LOMLOE). Actualmente, la Religión es una materia evaluable pero no computable. Esto significa que, aunque el alumno recibe una nota y el profesor participa en las sesiones de evaluación, esa calificación no cuenta para la nota media de la etapa, ni para la solicitud de becas, ni para el acceso a la universidad (Selectividad/ABAU).

Dolores Fernández Saborido critica esta situación, calificándola como una falta de "dignificación" de la materia. Los docentes consideran que si un alumno pasa siete u ocho horas en un centro educativo, todas sus horas de esfuerzo deberían contar por igual, y que la actual normativa "merma el valor" de lo que se trabaja en el aula.

¿ES NECESARIA HOY EN DÍA?
Frente a quienes defienden una enseñanza puramente laica, los profesores de religión sostienen que su materia ofrece herramientas que la filosofía o los valores cívicos no cubren de la misma forma. Argumentan que Europa nace de los valores del cristianismo y que eliminar este conocimiento es "cortar un árbol por la raíz".

La formación en religión, según los profesores, aporta a los adolescentes, sentido crítico y discernimiento, ayudando incluso a entender el mundo digital y las redes sociales desde una perspectiva ética.
 

 


Además de esto, aporta valores para asignaturas relacionadas con cultura y humanidades, como una llave para entender la literatura, la historia y el arte. Por último, añade valores como el esfuerzo, el valor de las cosas y la paternidad/maternidad responsable, que a menudo quedan fuera de otras materias.

Para estos docentes, la clase de religión no es catequesis, es un espacio que, según ellos, servirá a las futuras generaciones para construir una sociedad más comprometida y con unos valores sólidos que les permitan afrontar los cambios del mañana.

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