En 1983, tras el desastre de la UCD, quedó huérfano el espacio de centro moderado, alejado de extremismos, quedando como única alternativa no de izquierdas la ultraderecha de los siete ministros de Franco. Aprovechando la coyuntura, se decidió crear un partido de centro en Galicia que, además, también fuera galleguista, para recuperar el espíritu del Partido Galeguista. Así nace Coalición Galega.
Llevamos una trayectoria larga, con altibajos, pero siempre firmes, porque no existe ninguna otra alternativa para mantener un arco completo de partidos en el que, forzosamente, ha de existir un partido central que permita la conexión entre los próximos, prescindiendo de los extremos.
Tuvimos momentos en los que participamos en coaliciones donde, quizás, pudo dar la sensación de no existir. La última coalición en la que participamos, y que obtuvo una importante relevancia, fue la denominada Terra Galega, que llegó a ubicarse como la cuarta fuerza de Galicia.
La política gallega precisa de una fuerza moderada y moderadora. Mucho más hoy en día, donde están tomando excesivo protagonismo los extremismos.
Nuestras metas son construir una Galicia que progrese, una sociedad solidaria interclasista, donde los ciudadanos tengan garantizados unos derechos básicos mínimos: vivienda, estudios, salud, un trabajo digno, no tener que trabajar hasta el final de la vida y con derecho a ayudas de supervivencia. Donde los motores económicos reciban el respaldo de las instituciones políticas, para que se genere la riqueza suficiente para poder sostener este sistema. Donde las personas sean tratadas como seres humanos, independientemente de su estatus social, de su género, de su ideología, de su credo o de su color de piel. Donde somos conscientes de que la conservación del medio ambiente es fundamental para nuestra salud y supervivencia como especie.
Protección y respeto para nuestra cultura milenaria, de las más antiguas de la península. Donde el debate político sea más transparente, sin manipulación, sin falacias; más coherente, sin ocultaciones y menos ofensivo, con más debate de fondo y menos circo.
Donde se pueda garantizar que el ciudadano no sea ignorado entre períodos electorales. Donde defendemos que se ha de caminar hacia un modelo más federal, con más competencias para Galicia y garantizando un presupuesto que cubra las necesidades económicas para un buen funcionamiento.
Esto marca unas líneas rojas, por la derecha y por la izquierda, que no vamos a traspasar, bajo ningún concepto. No estamos para combatir a otros partidos políticos ni para ser lacayos de ellos, pero sí para defender aquello en lo que creemos y criticar las malas praxis en las instituciones políticas.
El bipartidismo inventó una fórmula política sibilina y nefasta para perpetuarse en el poder: dividir el espectro político en bloques antagónicos, separados por un muro insalvable. O estás conmigo o contra mí.
Nosotros no pertenecemos a ningún bloque. Nosotros somos partidarios del diálogo, de derribar muros. Nosotros podemos dialogar con todo aquel que no esté más allá de nuestras líneas rojas.
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