Cambiar las cosas cuesta mucho. No es nada fácil y más cuando se intenta hacerlo de la mentalidad de los hombres y también de las mujeres a las que, durante años, milenios, se las ha tratado como objetos cuyos dueños son los hombres (hay pocas excepciones): primero los padres, los hermanos y después los maridos. El universo masculino, los reyes del mundo y, en tantos casos, los propietarios de las mujeres, sin derechos, sin libertades y con el continuo agradecimiento a que las dejaran hacer cosas. La situación ha ido cambiando tras la llegada de la democracia y la lucha durante tantos años de mujeres pioneras. Esas que en tiempos complicados se jugaban la vida para reclamar justicia y libertad. Pero no siempre llegaba ese anhelo a todas, por desgracia.
En estos tiempos siguen habiendo hombres que cpersiste pensando que las mujeres son de su propiedad. Como mujeres que han sufrido el maltrato continuo no pueden marcharse , dejar plantado a su maltratador. No lo puede hacer por :primero por los hijos, después porque, como han sido toda su vida “amas de casa”, no cuentan con recursos económicos parahacerlo. Es una situación de chantaje permanente. En muchos casos , las nuevas generaciones lo tienen claro : si las cosas no funcionan con las parejas, abandonan las casas. Acto que para sus parejas es inadmisible: por ello, lo mejor que se les ocurre es la famosa y desgraciada frase “si no eres para mí, no serás para otro” y lo que viene a continuación es matarla. En más de un caso, para hacerlas sufrir, la muerte le llega al hijo o hija. Es la manera más cruel de hacer daño a esa mujer que se ha atrevido a dejarlo. Por desgracia, en pleno siglo XXI se siguen dando demasiados casos.
Es que la genética que durante tantos años se ha ido transmitiendo de generación en generación no se puede borrar de un plumazo. Hay hombres que han evolucionado; otros siguen anclados en el pasado. Conseguir cambiar la mentalidad es un trabajo de siglos y desde la escuela, pero también desde las familias. En el mundo actual sigue habiendo discriminación, machismo puro y duro y retroceso, en muchos casos, de los derechos de las mujeres. Hay tantos casos que parece imposible que siga sucediendo: los talibanes han hecho retroceder bastantes siglos los derechos; es más, las mujeres siguen siendo propiedad de los hombres: padres, hermanos y marido (con matrimonios concertados), y su vida está sujeta a ellos. Esto ocurre en pleno siglo XXI, el de los avances tecnológicos. Decía la política alemana comunista y luchadora por los derechos de la mujer Clara Zetkin que “La lucha por los derechos de las mujeres no es solo una cuestión de igualdad, sino una cuestión de justicia y libertad”.
En la actualidad, la mayor parte de las personas que viven en situación de pobreza son mujeres. Si lo comparamos con los hombres, estas tienen un menor acceso a recursos, poder e influencia. La desigualdad de género es un factor clave de la pobreza y eso influye gravemente en los derechos de las mujeres.
Las mujeres tan solo ocupan el 24% de los escaños parlamentarios a nivel mundial. En el ámbito municipal se agravan aún más las cifras, ya que tan solo el 5% de las alcaldías las ocupan mujeres. Los salarios de las mujeres son un 24% inferiores a los de los hombres por el mismo trabajo realizado. Casi dos terceras partes de los 781 millones de personas adultas analfabetas son mujeres. Unos 153 países disponen de leyes que discriminan económicamente a las mujeres. En 18 de estos países, los maridos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen. Unas situaciones que parecen imposibles, pero es la realidad.
Este domingo, las mujeres, también un buen número de hombres, saldrán a la calle para seguir reivindicando que todavía a las mujeres les queda mucho camino por recorrer. Que la defensa de los derechos no quiere decir ir contra los hombres, que no hace falta ser antihombres para ser promujer y que las nuevas generaciones han de seguir en esa lucha constante. ¿Hasta cuándo? Pues sencillamente hasta lo que haga falta. Esto es una carrera de fondo en la que hay que ir pasando el testigo a las generaciones venideras. El problema surge cuando las encuestas nos dicen que los chicos jóvenes ven normal que sus “chicas” hagan lo que ellos digan. Una encuesta del CIS decía que el 44,1% de los hombres creían que se había llegado muy lejos en la promoción de las mujeres y que ahora se les discrimina a ellos. Eran los más jóvenes quienes se mostraban de acuerdo con esta afirmación, el 52%.
El giro a la derecha de los jóvenes tiene un partido de preferencia: Vox. Los jóvenes entre 18-24 años, con un porcentaje del 23%, dicen votar al partido de Abascal. En su mayoría, estos votantes jóvenes apoyan a Vox por su antifeminismo. Una situación realmente preocupante... Pero hay que seguir peleando. Decía Malala Yousafzai que “Debemos decirles a nuestras jóvenes que son importantes. Que hay que seguir caminando juntas, con los hombres al lado, con igualdad de derechos y de obligaciones”. Por cierto, según las encuestas, las mujeres son de izquierdas y los hombres de derechas…
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