El expresidente José María Aznar, que al inicio de la guerra declarada por EE. UU. e Israel contra Irán estaba calladito, ha roto su silencio para apoyar la intervención de los dos países en Irán, diciendo: “el ataque de EE. UU. e Israel a Irán está más que justificado, que se intente cambiar a un régimen (el iraní) que altera completamente las reglas internacionales”. Para continuar afirmando que “España debería estar al lado de sus aliados y no al lado de nuestros enemigos o de nuestros adversarios”. Lo ha dicho con esa actitud prepotente que le caracteriza. Cuando habla de esta manera, nos viene a la memoria su papel en la gran mentira de la guerra de Irak, donde el presidente norteamericano, George Bush, acompañado del primer ministro británico Tony Blair y el presidente José María Aznar, protagonizaron la famosa Cumbre de las Azores, en la que se justificaba la invasión para terminar con el régimen de Sadam Hussein porque, según ellos, sostuvieron reiteradamente que Irak tenía armas de destrucción masiva (incluidas armas químicas y biológicas). Aznar se dejó llevar como comparsa porque había tenido un protagonismo “especial”, sin darse cuenta de que había sido utilizado, y dos que habían mentido descaradamente, como se pudo comprobar después.
Aznar se puso a España por montera y defendió en todo momento la participación del país en la guerra, donde su gobierno envió a unos 1.300 militares. La decisión de Bush, Blair y Aznar de invadir Irak se realizó en contra de las Naciones Unidas y dio lugar a una gran división entre los países que apoyaban la coalición y aquellos que no estaban a favor, como Francia o Alemania. Mientras, en España, la decisión del presidente Aznar generó una fuerte discusión y rechazo en la sociedad española, que realizó grandes manifestaciones en las ciudades españolas, con el histórico lema “No a la guerra”, en las que se pedía la retirada de las tropas españolas. Según los datos de aquella época, el 90 % rechazó la participación española. El motivo de este apoyo fue una estrategia de seguidismo al gobierno norteamericano llevada a cabo por el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, causando un cambio en la tradicional política exterior española.
El argumento de la invasión, el de las armas de destrucción masiva, no se cumplió: nunca encontraron esas armas. En cambio, la guerra dejó a más de 200.000 civiles muertos, un país devastado y una zona sumida en una inestabilidad de la que aún no se ha recuperado, y un régimen aún peor que el del dictador Sadam Hussein. Dice un proverbio árabe que “los oídos no sirven de nada a un cerebro sordo”.
José María Aznar, junto al expresidente Bush, nunca llegó a pedir perdón o disculpas por la participación de España en esa guerra, pese a la gran mentira que supuso la guerra de Irak. Mientras que sí lo hizo, en 2015, el exprimer ministro Tony Blair, quien pedía perdón por los “errores de las guerras de Irak” y el reconocimiento implícito de que la intervención militar propició el ascenso del Estado Islámico. ¿Tuvo algo que ver con los atentados del “11-M” de Madrid? Algunos dicen que sí.
Que Aznar siga hablando de apoyar una guerra resulta macabro. Creo que calladito estaría mejor, y pedir disculpas por la gran mentira de la guerra de Irak sería bueno que lo hiciera. No sé quién dijo que “solo quienes actúan cometen errores, y que reconocerlos es signo de sabiduría, mientras que la perseverancia en el error es estupidez”.
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